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Hoy con, Silvia Sagaría Gelós, la heredera de un legado musical que transmite con pasión a sus hijos y alumnos

Hija de Héctor Sagaría y Nelly Gelós, con tan solo cuatro años sorprendió a propios y ajenos por su desempeño con el acordeón a piano, yendo a tocar al Teatro Nacional de Buenos Aires.
Silvia Sagaría Gelós, continuó con el legado de su padre en la música y junto a sus hijos y su hermano, está al frente del Conservatorio que fundara su padre, por quien siente un gran orgullo y admiración y así se lo transmite a su familia y sus alumnos.
Se crió con la música y no concibe otra forma de vida sin ella. Hoy, se muestra agradecida con la vida por haber tenido la oportunidad de formarse en todos los instrumentos y transmitir a otras personas junto a su familia, su pasión por la música.AL DORSO - Silvia Sagaría [1]

1- ¿Cómo fue el comienzo de su formación musical?
“Comienzo mis estudios en el Colegio Inmaculada Concepción y con esa edad ya tocaba el acordeón a piano. Con cuatro años aprendí a tocar el acordeón con mi padre. Me habían comprado el piano pero de verlo a mi papá tocar el acordeón, mi pasión era el acordeón. Pasaba lo siguiente, como el acordeón de él era grande y era imposible tenerlo sobre mi pierna, entonces, mi abuela paterna y mi mamá me compran un acordeón y así empiezo con ese instrumento estudiando dentro del conservatorio. Siempre digo que si viniéramos en un navío y hubiera que alivianar carga, lo último que tiraría sería mi acordeón”.

2- ¿Su padre fue muy influyente en su decisión de decirse a la música?
“El primer DO que aprendí a tocar en la música me lo enseñó mi padre, él, fue fundamental en mi formación y en todo para mi. Mi ídolo total y mi ejemplo a seguir fue mi padre, desde chiquita. Yo lo veía tocar el acordeón y mi mundo era ese”.

3- ¿Su formación musical continuó con otros instrumentos?
“A nivel musical, hasta los ocho años hice exclusivamente acordeón, después pasé al teclado horizontal, era la época en que aparecieron los primeros órganos electrónicos y como el conservatorio siempre fue muy vanguardista, empecé a hacer órgano electrónico. Después, le incorporé batería, pasaron los años y aprendí la guitarra y así incorporé el manejo de todos los instrumentos que había en el conservatorio. Lo último que incorporé fueron clases de canto y violín”.

4-¿Recuerda sus primeras presentaciones?
“Corría el año 1966 cuando empecé a hacer música. El primer año debuto en el Teatro Larrañaga tocando un vals francés “Hi lili Hi lo”, tenía 5 años y los profesores que venían desde Buenos Aires a componer la mesa examinadora del conservatorio y componían el cuarteto de los acordeones de oro en Argentina, me vieron y me invitaron a participar en el Teatro Nacional de Buenos Aires presentando el mismo vals que toqué en el Teatro Larrañaga. Desde muy chiquita tuve la oportunidad de participar en escenarios de Uruguay, Argentina y en algunos casos de Brasil. Lo más satisfactorio de todo esto era que yo era muy chiquita y los alumnos de mi padre que eran más grandes me incorporaban al grupo. Después, hice ballet y patín. Siempre sentí la música como parte de mi vida”.

5- ¿Pero también se dedicó a enseñar música?
“Sí, me encanta enseñar. Yo empecé con 14 años. Tengo una vocación por enseñar. Recuerdo que mi primer alumna fue una chica que iba al conservatorio y quedó embarazada y no podía seguir viniendo entonces mi padre me preguntó si yo me animaba a darle clases personalizadas en su casa y dije que sí. Mi madre me llevaba hasta su casa en el fondo del Ceibal y me esperaba mientras le daba clases hasta volver. Al poco tiempo saco un permiso para manejar un ciclomotor, me colgaba el acordeón a la espalda y salía a dar clases. El primer año terminé con ocho alumnos hasta que después de mi primer embarazo dejé de dar clases a domicilio. Después, me radiqué en Argentina, estuve once años y siempre trabajé con un anexo del conservatorio, enseñando música”.

6- ¿Su pasión por la música la transmite a sus alumnos del conservatorio?
“En mi familia decimos que vivimos y amamos la música, somos formadores de músicos y en este momento en el Conservatorio Sagaría tenemos alumnos desde 3 años hasta gente de 70 años. Lo que más me gusta a mi es transmitir mi pasión por la música. Tengo el orgullo de que mi hijo mayor Ruben “Tati” Forti Sagaría es amante del canto y mi hijo menor Héctor “Toti” Forti Sagaría, lo es de las cuerdas y ambos trabajan conmigo en el conservatorio. El conservatorio está bajo mi dirección, mi hijo mayor se dedica a canto y percusión, mi hijo menor se dedica a batería y es muy buen guitarrista y mi hermano Braian es excelente baterista y tecladista e integra las mesas examinadoras de finales de cursos en diferentes conservatorios de Uruguay y Argentina”.

7- ¿Cualquier persona puede aprender música?
“Para mi todos pueden aprender música, hay gente que viene con un don especial pero es algo que todos pueden aprender. Pienso que tanto los niños como los grandes tienen su encanto a la hora de aprender música. Los chiquitos a veces están cinco minutos tocando y te dicen que están cansados y no quieren tocar más y en los grandes se da eso que tienen muchas actividades pero igualmente se dan su tiempo para aprender música y eso es muy valorable también. Pienso que el tema pasa por amar la música, a veces hay un poco de genética y predisposición pero también esta eso del amor que se transmite por la música y la pasión por lo que se hace. Yo siempre digo que todos pueden ser músicos, que el que quiere aprende aprende”.

8- ¿Cómo es su vida como mamá de dos hijos varones?
“Para mi es maravilloso. Mis hijos trabajan en el conservatorio conmigo y a su vez trabajan en la empresa “Toti sonidos” que es un anexo al conservatorio y es una de las empresas más grandes de sonido al norte del río Negro. Es una satisfacción que les guste la música tanto como a mi. Desde muy chiquitos traté de dividir mis esfuerzos para ser mamá y continuar enseñando música pero mi prioridad desde que ellos nacieron fue ser madre. Mi primer rol en el año 84, cuando nació mi primer hijo, fue ser mamá primero y después lo demás. Pero siempre pude hacer las dos cosas, ser mamá y enseñar música. Amo a mis hijos por sobre todo en la tierra, son mis ojos y creo que para ellos fui más que su mamá, fui su hermana, su amiga y compinche, siempre me sentí muy compinche de ellos, saben que siempre estoy para escuchar y aconsejar”.

9- ¿Qué hace en su tiempo libre?
“Otra de las pasiones que tengo es la cocina. Soy muy buena cocinera, me gusta cocinar, tanto lo salado como lo dulce. También se cocer muy bien y gran parte de mi vestimenta para las presentaciones me las hago yo. Después, no puedo dejar de nombrar a Rex, nuestra mascota que es parte de la familia y mi perrita Mili, que fue rescatada y adoptada por la familia”.

10- ¿Cómo recuerda a su padre?
“Siempre decimos que papá se fue el día de la música, eso que amó tanto y mi mamá siempre lo acompañó y estuvo muy presente, con él y con mi hermano y conmigo, tanto en las presentaciones como en todo en la vida. Por más que ya no esté físicamente, mi padre siempre esta presente entre nosotros ante cada presentación que hacemos y nos ayuda para que todo salga bien y no se pierda la magia de esto que se llama música. Es nuestra luz guía. Siempre digo que mientras haya un Sagaría sobre la tierra, descendiente de Héctor Sagaría, que fue mi papá, va a haber música. Todo el que vaya a nuestra casa que es nuestro conservatorio, sale amando la música porque la música más que un trabajo es un placer. Es un placer hacerla y transmitirla”.