Ing. Agr. Hermes Morales “Siempre nos enfrentamos al desafío de hacer buen uso de la vida que nos resta”

Nuestro entrevistado se caracteriza por tener un gran don: el de la humildad. Decidió radicarse en su Uruguay querido, teniendo la oportunidad de brillar como técnico en el exterior. Convencido de la importancia de su país y del lugar que este ocupa en el mundo, apuesta a él, sabiendo que lo mejor, es confiar en su gente.

1-¿Cuándo y por qué optó por seguir la carrera de Ingeniero Agrónomo?

Supongo que hay dos vertientes grandes y de similar importancia. Una, es la vertiente familiar, mi sobrenombre es “el paisano”, y me dicen así porque aparentemente me lo puso mi padre, cuando a los dos años me gustaba recorrer la chacra con él. Hay, también otras influencias familiares que veían a la actividad agropecuaria como una actividad muy noble. La otra vertiente, proviene de la época en que estaba en el liceo; hubo un Agrónomo a quien se le otorgó el AL DORSO ING. AGR. HERMES MORALESPremio Nobel de la Paz, Norman Burlang, que fue el padre de la “Revolución Verde”, que dio las bases científicas y técnicas para disminuir drásticamente el hambre en África, en base a nuevas variedades de cultivos de arroz y de trigo. Y bien, al idealismo de los jóvenes, una participación en la sociedad donde uno pueda llegar a ser merecedor del Premio Nobel de la Paz, es sin dudas, un proyecto de vida interesante. Esa fue la segunda influencia grande de por qué elegí ser Ingeniero Agrónomo.

2- ¿Cómo fue estudiar en la capital en la década del 70?
Yo me fui a Montevideo en circunstancias interesantes, porque se cerró segundo año de Agronomía en Salto. Estudiar en la segunda mitad de los años 70, con una dictadura muy instaurada, era tratar de luchar por el porvenir y por abrirse un lugar relativamente satisfactorio en la sociedad. Recuerdo que vivíamos en una forma interesante, digámoslo así, austera, para los cánones actuales, donde algunos compañeros trabajaban y compartíamos un apartamento entre varios, con quienes continuamos siendo amigos y reuniéndonos. Era bastante duro, durante un importante lapso de tiempo el gobierno impuso el examen de ingreso; aunque, siempre han existido las materias filtro. Me acuerdo que en Salto en el año 76 entramos en Salto 36 en Agronomía y al tercer semestre llegamos 2 y mal heridos. Recuerdo, también, haber dado en Montevideo un examen de 180 estudiantes, de los cuales salvaron apenas 13. Era una universidad marcada por la dictadura, pero a pesar de tener fracturas importantes, era un lugar de formación interesante, que nos colocaba en un lugar, en cuanto a conocimiento y de forma de encarar las cosas, competitivo a nivel internacional.

3- ¿Recuerda cuál fue su primer trabajo como Ingeniero Agrónomo?
Mi primer trabajo como Ingeniero, fue marcar curvas a nivel. O sea, era un trabajo que creo que hoy, se hace de forma bastante más sofisticada, pero en aquel momento, se hacía con niveles y unas miras que se manejaban a pie, donde se marcaba el sentido laboreo en chacras con pendiente, a los efectos de controlar o intentar controlar en algo la erosión. Ese fue mi primer trabajo que hice en Río Negro junto a un amigo.

4- Cuéntenos su experiencia profesional en el extranjero.
Por esas cosas de la vida, me tocó trabajar como investigador asociado en el Instituto Nacional de Investigaciones Agronómicas en Córcega, Francia, en el Laboratorio de Estudios Sobre el Desarrollo de la Ganadería y ahí estuve trabajando un año y medio. Fue una experiencia indudablemente muy interesante y eso me permitió adquirir una serie de visiones adicionales a las que portaba como profesional uruguayo, que fueron muy importantes en el desarrollo de mi carrera y en la forma en cómo se concretó la misma en el Uruguay. Cuando volví, lo hice sin trabajo y a los pocos meses se hizo un llamado público a la Dirección de la Regional Norte del Plan Agropecuario, con sede en Tacuarembó, al que me presenté, cargo que me fue adjudicado. Ahí estuve por 21 años, los que tuvieron una fuerte impronta de mi tiempo en Córcega, Francia, porque, con los años, pude reinaugurar mi relación con aquel país, desarrollando una intensa relación con distintos investigadores de la ganadería, lo que me llevó, por ejemplo, a recibir el título de “Dr. en Ciencias de la Vida y del Ambiente” del Instituto de París, lo que fue una gran satisfacción. Eso me permitió desarrollar métodos de estudio de la ganadería muy sofisticados en cuanto a la moderación en computación; tarea que llevé adelante en la evolución de explotaciones ganaderas en el norte del país, específicamente en la zona de Arapey. Esa zona fue estudiada por una de las herramientas más sofisticadas que hay en términos de estudio de sistemas complejos, que son los sistemas multiagentes, ese fue el corazón duro de mi tesis, estudiando también, distintas estrategias de ganaderos de esa zona. Ese trabajo me abrió una serie de puertas, que me permitieron participar en una serie de trabajos internacionales desde y con el Plan Agropecuario. Contribuimos de alguna forma a que las discusiones en torno a la ganadería en el país se enriquezcan.

5- Su actividad lo llevó a relacionarse estrechamente con la Universidad de la República, ¿es así?
Soy probablemente uno de los pocos investigadores de Asociación Nacional de Investigación e Innovación, que no estoy en una institución de investigación, siendo reconocido como Investigador Grado 1; dicha institución tiene un programa de reconocimiento de investigadores, en el cual estoy, si bien mi profesión fue mucho más sobre el terreno que el de la investigación. No obstante lo cual, mi desempeño como investigador no puedo decir que sea despreciable, si la medimos con publicaciones en el exterior, llegando a ser, por qué no decirlo, una actividad académica reconocida. Eso me permitió que, al día de hoy, dirija Doctorados en la Universidad, siendo integrante del Colegio de Pos Grado de la Facultad de Agronomía, y en esa calidad es que participo en tribunales de Tesis y Maestrías.

6- Según tenemos entendido, ¿hoy en día se encuentra algo alejado de la profesión?
Desde fines del año pasado tomé una cierta distancia del trajinar diario de la labor del agrónomo, me fui del Plan Agropecuario y quise tener una cierta retrospectiva con respecto al tema. Ese razonamiento fue el que me acercó a otro tipo de actividades que comencé a realizar, luego de haberme por otro lado jubilado de la Caja profesional, aunque continúo aportando al BPS como ganadero, lo que hago desde el año 1982.

7- Nuestro país, ¿está bien direccionado en comparación con otros países del mundo en lo que respecta a la ganadería?
Uruguay, en la comparación internacional, está bastante bien en la parte agropecuaria. Debería revisarse con cuidado, la idea de que Uruguay viene un paso atrás respecto a otros países; yo no la comparto.
Cuando me tocó trabajar con la ganadería en Arapey, le puedo decir que en las condiciones que se dan y le toca, es una de las ganaderías que está a la altura de las mejores del mundo, por ejemplo. Tenemos que matizar la idea de que Uruguay es un país atrasado, no lo es. Es un país que, dado su grado de apertura al mundo y su empuje y creatividad de la gente, juega bastante bien los partidos en el área agropecuaria. Por supuesto que enfrenta dificultades; la variabilidad climática y problemas ecológicos relacionados a tipo de suelo y clima, hace que, agronómicamente, no pueda ser una copia del sur de Inglaterra o del nordeste de Francia. Pero, cuando uno comienza a considerar el conjunto, el Uruguay es un país que está bastante bien.

8- Háblenos de su familia
Estoy casado en primeras y únicas nupcias desde hace 30 años con Beatriz Vignale, con quien espero que muramos juntos. Tengo dos hijos, Alejandro de 28 años, que es Ingeniero Industrial y María Clara de 26, que es Ingeniera Agrónomo Forestal. Aún no tengo nietos ni me los han anunciado.

9- ¿Qué país le gustaría dejar a sus nietos?
El Uruguay que me tocó vivir, es un buen Uruguay. Mis padres me dieron alas, como muchos padres se las dan hoy a sus hijos. Me gustaría que mis nietos puedan vivir en un país amable, que les permitiera armar un proyecto de vida correcto.

10- ¿Deudas pendientes?
Puedo decir que no. Creo que estoy de acuerdo con el poeta: “Vida, estamos en paz”. La vida me ha dado mucho, y yo le he dado mucho a ella. Pero, de todas formas, siempre nos enfrentamos al desafío de hacer buen uso de la vida que nos resta.








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