Martha Cámpora “Pedirle más a la vida sería demasiado”

Martha Cámpora  “Pedirle más a la  vida sería demasiado”

Martha Cámpora ha ejercido por 40 años, una vasta profesión de Fonoaudióloga,  la que ha sido y es la vocación de su vida, y que le permitió cumplir su sueño de adolescente de enseñar a hablar, como ella misma nos lo cuenta. Hoy, ya abuela y a punto de jubilarse, considera que no le quedaron asignaturas pendientes en la vida, y es una agradecida a la misma por la familia, la profesión y el grupo de amigos que le tocó en suerte.

Comencemos hablando de su padre Roberto y de su pasión por la arqueología
Esa vocación de arqueología, surgió por amor a la naturaleza, a raíz de su pasión por pescar; cada vez que volvía de pescar, cosa que encontraba y que le gustaba, fuera una piedra, una raíz con forma a algo o cualquier cosa que le interesara, la traía a casa; también toda antigüedad que pudiese encontrar en cualquier lugar, también era conservado y cuidado, como las cosas que descubría en el aserradero y la fábrica de carruajes ubicados en la esquina de Errándonea y Brasil que perteneció a mi bisabuelo y a mi abuelo Aurelio, principalmente fierros, o lo que nosotros llamábamos porquerías, para él eran tesoros, como dos faroles de carruajes de bronce trabajado, que aún los conservo en el living de casa; así empezó a enamorarse de esa búsqueda incansable, yendo a Salto Grande cada fin de semana a recorrer las islas que antes había en la zona de las cascadas, obviamente antes de la construcción de la represa, y piedra que veía, piedra que analizaba, entrando cada vez más al mundo arqueológico, donde había y encontró bastante material, leyendo, consultando, concurriendo a congresos sobre el tema, hasta que se unió a la gente del Museo, o sea, un autodidacta en la materia.

Existe una colección en el Museo del Hombre y la Tecnología que fue donada por su familia, y que él reunió, ¿es así?
Si exactamente, la colección de papá la donamos en el período anterior, para el Departamento; no sé si él estaría de acuerdo o no con la donación, porque en determinado momento retiró las piedras del Museo, por determinadas asperezas que mantuvo, aunque luego las subsanó y las volvió a llevar; entonces, Mario Trindade, las inventarió y las documentó, transformándose en la única colección arqueológica que está documentada, con fechas y lugares de procedencia aproximadamente, trabajo que no fue hecho por otros coleccionistas. Nuestro criterio siempre fue que lo que es de Salto, lo que es de la tierra, debe de volver al Departamento y a su gente.

¿Alguno de sus familiares quiso seguir sus pasos?
Yo en algún momento quise unirme a él, pero según su visión no era cosa de mujeres, con un machismo muy típico de su tiempo.

¿Entonces a raíz de esa negativa, le surgió a usted su vocación por la fonoaudiología?
No. Mi vocación empieza a los 12 años, edad en la que ya sabía que quería enseñar a hablar. Pienso que fue a causa de tener una prima de mi edad quien precisó de un tratamiento fonoaudiológico, lo cual me marcó, entonces, cuando tuve la edad para irme proyectado un futuro, decidí hacerlo, lo que era raro en su momento, pero me dejaron ir a Montevideo y estudiar eso que quería desde muy joven.

¿Cuántos años de ejercicio?
Me recibí en 1974, así que 42 años de profesión, algunos añitos, en los cuales en un principio me dediqué al trabajo que había y que me dieron, pero mi idea siempre fue la atención a niños. Estuve 10 años en Montevideo, y gracias a que tuve muy buenos compañeros de trabajo, estando allí me propusieron para el cargo de Fonoaudióloga en el Hospital Pereira Rossell, el que ejercí hasta 1980, atendiendo específicamente a niños, que era lo que a mí me fascinaba.

¿Cuándo volvió a Salto?
En ese entonces ya tenía a mi hija mayor, y por razones un poco complicadas, estábamos saliendo del Proceso, yo tenía dos opciones, o pedía mi traslado para Salto y dejaba al Pereira Rossell sin el cargo, o apostaba a conseguir nuevamente el cargo aquí en Salto una vez que renunciara, lo cual no conseguí, pero la vida me dio otras posibilidades, al tener en la esfera de la otorrinolaringología, a dos muy buenos amigos, el Dr. Bonilla y el Dr. Silveira, que me propusieron una sociedad, donde compramos los aparatos para hacer los estudios auditivos, que en aquél momento los tenía solamente el Dr. Abadie, arrancando por otro camino de mi carrera, trabajando en el Centro Médico y en la parte de foniatría, y también audiometría. Obviamente, pude hacerlo al recibir una gran ayuda, de lo contrario no lo hubiese podido hacer.

¿Es especial trabajar con niños desde su experiencia?
No, porque uno da todo lo que puede dar, y sabés que no es solamente lo que puedas dar, sino que también atrás de ese niño hay una familia, aparte de la patología que padezca, y uno tiene que ser consciente de que no puede hacer milagros, porque, si la familia no te apoya y el niño tiene una patología muy severa, no podés comprometerte; siempre hay que separar, así como separamos la casa de la profesión, también hay que hacerlo a la inversa. Pero me ha tocado sí, momentos tristes, como por ejemplo hace poco tiempo un niño al que ayudé toda su vida a hablar, falleció, y eso duele; al mismo tiempo, están los que me saludan en la calle porque su madre le dice, mirá, esa señora te enseñó a hablar, y eso es invalorable.
En cuanto a su labor en Primaria, ¿qué nos puede contar?
Es otra de las suertes que tuve en mi vida. Trabajé en el Centro Médico, en el BPS, en el Instituto Evolución, entrando a trabajar en Primaria hace unos 12 años, más o menos, donde he tenido y tengo excelentes compañeros, lo cual no es poca cosa. Ahora, me encuentro formando parte de los Equipos de Escuelas Disfrutables, dentro de los que hay dos grupos: el Psicosocial, que va a las escuelas, y el Técnico, que está dentro de lo que a mí me gusta llamar la Casita de Primaria, que queda en República Argentina 24, a la vuelta de la Inspección. Ahí concurren a atenderse los niños de las escuelas que no tienen recursos, ni beneficios del BPS, ni el Centro Médico; actualmente trabajamos una Maestra, una Psicóloga y yo, en lo que creo que es una obra social importante, en la que lamentablemente perdimos a la Psicomotricista y a la Psiquiatra.
El niño problemático al principio era detectado por el docente, ahora, por los equipos psicosociales que van a los centros educativos y los derivan a nosotros; también concurrimos, no siempre, a escuelas rurales, muy alejadas, pero lo que sucede es que un tratamiento establecido, es muy difícil que esos niños lo puedan hacer, por lo complicado del traslado, lo único que podemos hacer es darles pautas e indicaciones a sus padres, lo cual es una pena, ya que somos solamente un equipo para todo el Departamento.

Háblenos de su familia
Mirá, tuve padres ejemplares, con una madre sumamente luchadora a quien le debo todo lo que soy, y un padre, que si bien tenía un perfil más bajo que el de mi madre, era un hombre muy sano y muy de la familia; una buena hermana; dos hijas divinas y cuatro nietas hermosas, qué más puedo pedirle a la vida.

¿Le queda alguna asignatura pendiente en su vida?
Creo que no; es decir, en lo profesional, para nada, fue una vasta profesión, en la que logré cosas que ni yo misma creí que podía lograrlas; y en lo familiar, ya lo mencioné.
Para mí la vida no fue nada fácil, y menos al ser disléxica, y el haber ido a la escuela en la década del 50 donde nadie sabía cuál era mi enfermedad, era complicado; si no fuera por mi madre que todos los días pacientemente me hacía hacer dictados y copias, hubiese sido peor. Entonces, creo que pedirle más a la vida sería demasiado, sumado al maravilloso grupo de amigos que tengo, por lo que estoy sumamente satisfecha por todo, más sería un abuso.







El tiempo

Ediciones anteriores

noviembre 2018
L M X J V S D
« oct    
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
2627282930  

  • Otras Noticias...