Me siento muy feliz de haber sido llamado por Dios

Padre José Verme Raffo: 50 años como sacerdote

al dorsoJosé Verme Raffo el pasado 26 de noviembre celebró 50 años como sacerdote. Es salteño, fue ordenado en la ciudad de Córdoba (Argentina) por el entonces Obispo Auxiliar Enrique Angelelli, asesinado el 4 de agosto de 1976 en Argentina, en plena dictadura. Salesiano desde sus inicios expresa claramente la felicidad que siente de ser cura.

Agradece a toda la comunidad, su “familia grande”, la especial compañía que ha tenido siempre, especialmente en estos tiempos de salud complicada.

La sección semanal Al Dorso de EL PUEBLO mantuvo un diálogo en su casa, desde donde se escuchaba el bullicio de un patio lleno de niños y adolescentes, esos mismos que lo recibieron en Paysandú con un “Bienvenido Pepe”. Recomienda a los jóvenes que no tengan miedo si Dios los llama, e intenta seguir transitando por el camino, pegadito al arenal. 

EL BICHITO DE LA VOCACIÓN

Se hizo cura a los 28 años de edad, y el bichito de la vocación sacerdotal le picó más o menos a los 12 años cuando “estando en 5º año del Colegio Salesiano en Salto vino el inspector, padre Baula, y me preguntó si no quería ser sacerdote”. Verme lo pensó y tuvo un año de preparación. Se trasladó a Montevideo, donde hizo 6º y permaneció hasta los 18 años, ocasión en la que “me pusieron la sotana y efectuó la opción salesiana con los votos de pobreza, castidad y obediencia”. Realizó luego todo el currículo para ordenarse: 3 años de Filosofía en El Manga, pasó 3 años en Mercedes, para recalar en el Instituto Internacional de Córdoba (en Argentina) donde hizo los 4 años de Teología, en donde se ordenó. La primera Misa la celebró el 8 de diciembre de 1961 en Salto, con el padre Giménez, que era el que estaba en aquel tiempo.

Apenas se ordenó como sacerdote, en el año 1961, fue enviado a Villa Colón, en donde estuvo 11 años. Se encargó de la parte pastoral del Colegio y Liceo Pío (fue profesor de Historia), y en la Parroquia. Entre el año 1972  y 1991 permaneció en Salto, para luego estar en Paysandú por 11 años. Finalmente, “medio jubilado, volví a Salto en el 2003″.

ME SIENTO DE LA FAMILIA GRANDE

En Salto estuvo como encargado de la atención pastoral del barrio Cien Manzanas (por un año), para luego transformarse en párroco de Nuestra Señora del Carmen (por 9 años). También estuvo muy especialmente dedicado en el barrio Artigas, Burton y en la fundación del barrio Uruguay (“cuando vino Aparicio Méndez”). Recuerda sus viajes a campaña: “Campo de Todos, Chapicuy, Los Blandengues, Laureles, entre otros lugares”.

“En estos momentos me siento muy feliz de haber sido llamado por Dios.  Él tiene el secreto de porqué me llamó a mi, porque yo era un chico común, no era el más inteligente. Me siento muy feliz de haber renunciado a la familia chica para tener la gran familia. Me siento muy en familia, como padre y como abuelo. Lo más lindo y lo más maravilloso es esto. Me enriquecí totalmente. Pude compartir con jóvenes, niños, adultos”. Recordó especialmente la ayuda que como sacerdote brindó en “ayudar a vivir a los que tienen que morir”.

En estos tiempos en los que pasa por un quebranto de salud, siente la compañía de toda la comunidad.

LA FAMILIA SALESIANA

“Nos queremos mucho a pesar de que podemos tener algún roce” son las palabras que tiene Verme para sus hermanos sacerdotes de la Congregación Salesiana, con los que ha compartido en todos los lugares en donde estuvo trabajando. Recuerda como gran sacerdote al padre Aschieri. Dice que cuando se ordenó en el ’61 lo fue a saludar y él le dijo: “vos sos el último que venís a saludarme de los que yo mandé al Manga. Al poco tiempo falleció”.  En la formación recuerda al padre Eduardo Pavaneti (ya fallecido) el que “nos encaminó mucho, fue un gran intelectual”. También recordó como compañero sacerdote al padre Mario Silvestre, que hace 50 años que es sacerdote, y hace unos años fue director del Colegio Salesiano en Salto.

Integró muchos años el Consejo de Presbiterio de la Diócesis de Salto y recuerda la compañía de los obispos Mendiharat, Nicolini, Gil y Galimberti. “Con mis hermanos sacerdotes siempre fuimos muy amigos” comentó, y evocó la amistad que lo acercó al padre Irureta.

BIENVENIDO PEPE

Si bien expresa que “no soy un líder, pero intenté siempre ser consejero de los jóvenes”. Recuerda que cuando llegó a Salto era el padre Verme, pero cuando llego a Paysandú se encuentra con un cartel que decía “Bienvenido Pepe”. En la capital sanducera “tenía un grupo bárbaro de jóvenes con los que hay que tener paciencia y tolerancia. Le agradezco a Don Bosco esa idea de que a los jóvenes hay que amarlos y además demostrarle que se los ama. El carisma salesiano siempre lo tuve, yendo a los barrios pobres y a otros lugares”.

NACIÓ EN URUGUAY Y MORQUIO

Nació en una casa ubicada en calle Uruguay y Morquio en el año 1933. En la misma vivía su tío Esteban y su padre. Tenían despacho de leña, de carbón y un almacén. A los tres o cuatro años sus padres compraron una quinta y se fueron para la zona de Nueva Hespérides, en donde permanece su hermano,  sobrinos y sobrinos nietos. Su madre, María Raffo, “era una santa, nos quería empila. Éramos tres varones, así que nos tenía que aguantar. Quedó encantada cuando le dije que quería ser cura”, aunque no llegó a verlo sacerdote porque falleció antes cuando tenía 51 años.

LOS AÑOS DIFÍCILES DE LA DICTADURA

Consultado el sacerdote por la época que le tocó vivir durante la dictadura cívico militar que se inició en 1973, nos indicó que “dos por tres nos hacían allanamientos ya en 1972. Fue un período muy difícil y tuve un poco que foguearme porque trabajaba con muchos jóvenes y era muy difícil reunirse en esos tiempos”. Verme confiesa que llegó un punto en que le hablaron de lucha armada y de muerte “y ahí paré, no acepté eso”. Igualmente, de una manera un poco jocosa, expresa que “quizá alguna vez me grabaron los sermones”.

Reconoce que ese tiempo “fue muy difícil aún mismo entre hermanos porque no todos pensaban igual”.

“NO SE ASUSTEN SI DIOS LOS LLAMA”

Respecto de la realidad actual en la que hay cada vez menos sacerdotes Verme tiene la impresión que “la dificultad que tienen hoy los jóvenes es tomar decisiones definitivas. Yo estoy contento y muy feliz de haber tomado algo definitivo, aunque creo que en la actualidad cuesta un poco más tomar estas decisiones”. Agrega que “los jóvenes están un poco dispersos, pero hay que decirles que no se asusten si Dios los llama porque van a ser muy felices, como lo soy yo en este momento”.

78 AÑOS BIEN CUMPLIDOS

Respecto de su salud nos comenta que estuvo bastante mal, se va recuperando de a poco, “he vuelto a caminar poco a poco”. “No se hasta dónde voy a llegar, a eso lo dejo en manos de Dios”. Tiene 78 años de edad “bien cumplidos” y no tiene palabras para decir todo lo que la Comunidad lo acompaña: “así como yo los quiero a ellos, ellos me quieren a mí. Siempre me han ayudado pero ahora ha sido de una manera muy particular”.

Hay que seguir andando nomás

Al padre Verme lo ordenó sacerdote el padre Enrique Angelelli en Córdoba (Argentina). Era un Obispo sencillo y recuerda una peregrinación que hicieron a pie desde Córdoba hasta Alta Gracia (un pueblo cerca de Córdoba), y conserva un texto que él escribió y que siempre lo acompañó en estos 50 años de sacerdocio. Emocionado lo comparte: “Señor que mi vida sea como el arroyo, anunciar el Aleluya  a los pobres y pulirse en la vida interior, canto rodado con el pueblo y silencio de encuentro contigo, solo Señor. Que mi vida sea como el sauzal, pegadito junto al río para dar sombra nomás. Que mi vida sea como el camino, pegadito al arenal para que lo transite la gente pensando hay que seguir andando nomás. Que mi vida sea como el cardón, sacudida por los vientos y agarrada a ti Señor. Que mi vida sea vigía en la noche de estrellas para susurrarle a cada hombre cuando la vida se esconde entre espinas siempre florece una flor”.

Ser tierra de encuentro

Compartió el pensamiento que junto a otros sacerdotes ordenados en aquel 1961 tuvo como lema: “Dame Señor el ser bastante generoso para abarcar a todos los que llegan a mí, lo bastante fuerte para llevarlos sobre mis hombros y lo bastante duro para abrazarlos con mucho cariño a todos sin intentar guardarlos de manera egoísta. Te pido ser tierra de encuentro, solo de paso, para llevar a tu reino a todos los hombres que llegan aquí”.

Hoy por:  Wenceslao Landarín







El tiempo

Ediciones anteriores

noviembre 2018
L M X J V S D
« oct    
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
2627282930  

  • Otras Noticias...