Néstor “Bomba” Echevarría.. Animador, locutor, disc jockey y pionero del cine marchante

El sobrenombre “Bomba” me lo puso un vecino. Al parecer porque era muy travieso en su infancia. En esos años todavía “flotaba en el aire”  las repercusiones de la bomba de Hiroshima, la denominada “bomba atómica”, que todo lo destruía.
Ese es el origen del apodo que lo ha acompañado toda su vida a Néstor Echevarría, que raya en los setenta años, y ha formado parte de su identidad.
Tuvo el primer contacto con el micrófono a los 10 años, de pantaloncito cortito, pasaba cinco anuncios en un tablado en la cuadra de su casa, en calle Diego Lamas casi Viera que incluso sacó primer premio en 1954.
Fue animador, locutor comercial, disc jockey y participó en la instauración en Salto de un emprendimiento vanguardista para la época que fueron los “microcines”.
El sobrenombre “Bomba” me lo puso un vecino. Al parecer porque era muy travieso en su infancia. En esos años todavía “flotaba en el aire”  las repercusiones de la bomba de Hiroshima, la denominada “bomba atómica”, que todo lo destruía.
Ese es el origen del apodo que lo ha acompañado toda su vida a Néstor Echevarría, que raya en los setenta años, y ha formado parte de su identidad.
Tuvo el primer contacto con el micrófono a los 10 años, de pantaloncito cortito, pasaba cinco anuncios en un tablado en la cuadra de su casa, en calle Diego Lamas casi Viera que incluso sacó primer premio en 1954.
Fue animador, locutor comercial, disc jockey y participó en la instauración en Salto de un emprendimiento vanguardista para la época que fueron los “microcines”.
¿Qué recuerda de sus inicios?
“Lo tengo bien presente porque en ese momento lo que estaba de moda era Rock alrededor del reloj,  grabado por Bill Haley y el tablado se llamaba Bailando rock.
Dos o tres años más tarde, quien tenía la amplificación en ese tablado, que era el señor Abel Vispo, adquiere una parte bastante grande, diría un 75 % de los equipos que pertenecían a  La Voz Gigante, empresa que se dedicaba a dar luz y música en las Kermesse bailables que se realizaban en campaña y animar con discoteca de la época algunos bailes en el centro y otros eventos sociales, como cumpleaños, casamientos y demás.
Yo pasé a formar parte de esa empresa a la cual se le cambió el nombre y se le puso Columbia” – rememora “Bomba”.
¿Y cómo se dieron esos comienzos?
-“Salimos a brindar los servicios nuestros por la campaña  y es así que conozco casi todos los pueblos del departamento de Salto, parte de Artigas y parte de Paysandú también, hasta que surge la idea de salir a ofrecer en los barrios algo que ya era muy popular acá, que eran los cines callejeros, a lo cual La Voz Gigante le había puesto un nombre que era Microcines y a la gente le llegó mucho.
Así fue que surgió Columbia, como competencia de Stentor que seguía dando cine en la calle.
Pasamos  a llevar a los barrios esa alegría sana  para toda la familia, que era el cine, pero con otra mentalidad totalmente diferente.
Es decir… dejamos un poco de lado las producciones de cine argentino  porque considerábamos que había películas que habían sido dadas en varias temporadas
Algún tipo clásico del cine argentino  lo dimos sí, como no, pero también llevamos a los barrios la primera película color que se exhibía, aproximadamente en 1960, proyectada en 35 milímetros.
Más tarde a través de los años, nos dedicamos a proyectar películas en 16 mms. Pero desde el arranque mismo en 35 milímetros, lo hicimos con proyectores profesionales.
Dimos Lo que le pasó a Reinoso, con Floren Delbene, Francisco Álvarez y Enrique Muiño… una gran novedad para los barrios.
Había gente que nos seguía de barrio en barrio, solo para ver una película color. En verdad… era toda una novedad.
¿Cómo era la sociedad salteña en esa época?
-“Muy tranquila y unida… con un respeto tremendo no solo a los seres queridos, a los padres, sino a la propia gente.
Nosotros en los años que dimos cine jamás tuvimos ningún inconveniente en ningún barrio.
Hoy no sé si ocurriría lo mismo… pero desde ya le digo que me parece que no. No existían muchas cosas que existen hoy, como la pasta base, cocaína, marihuana.
A lo sumo lo que podía acontecer en aquel entonces… era que en un espectáculo cinematográfico aparecieran dos o tres personas ebrias, nada más.
Era algo sano y la imagen que guardo es de una abuela, que con sus nietitos y con sus hijos a veces se iba de un barrio al otro, cuando le gustaba una película.
Iban por ejemplo del barrio Baltasar Brum al Palomar,  o de Salto Nuevo al Ceibal, para  ver una película porque le había gustado mucho. Era “totalmente gratis y auspiciado por firmas comerciales de nuestro medio”.
¿Por qué eligió llevar adelante este proyecto?
-“Primeramente porque en mi niñez acudía a los cines.
Nunca pensé que en el día de mañana iba a proyectar cine para otra gente., Yo era un espectador más, tanto para La Voz Gigante, como para la Organización Stentor.
Por supuesto que nosotros estrenamos Cinemascope y la película que exhibimos fue El Manto Sagrado, con Víctor Matur, que después también a pedido de la Iglesia mormona, la exhibimos también en una sala que tienen en Zelmar Michelini. Fue uno de los grandes logros. Se exhibió en un local cerrado en barrio Artigas, que se llamaba Daniel Espasandín.
Se exhibió también A la Hora Señalada,  con Grace Kelly y Gary Cooper. Y saltamos rápidamente del cine americano al mexicano.
¿Era usted muy joven cuando ya estaba embarcado en estos importantes emprendimientos?
- “Muy jovencito… estamos hablando de dieciséis, diecisiete años… tuve una gran escuela. Fue una enorme satisfacción permanecer durante muchísimos años en Radio Cultural donde nací como profesional, siendo locutor comercial del equipo deportivo de la época. Pero mi pasaje como locutor disc jockey fue en 1967 en Radio Salto donde estuve cinco años.
¿Cómo fue su relación con la gente?
-“Excelente… siempre fue muy buena… tengo setenta años y jamás tuve un inconveniente con una persona en ningún barrio de Salto… he aprendido en la vida a respetar y me han respetado”. Considero que muchos valores se fueron perdiendo porque el quiebre original se fue dando en la familia. Por otra parte, el mundo no se quedó estancado… se continuó caminando y aparecieron cosas nuevas… apareció la droga trayendo consigo todas las complicaciones que ello implica y se fue perdiendo el respeto hacia los padres.
¿Cómo vivió su niñez?
-“Hice todo lo que tiene que hacer un niño en diferentes edades… tal vez me apresuré un tanto en ser una persona adulta. Yo conocí a los doce algunas cosas que otros las conocieron con dieciséis, pero todo fue en base a mi trabajo. Me crié con mi mamá y cuatro hermanos (una hermana y tres hermanos)… mi madre Elcia González en la actualidad, tiene 87 años. Mi padre falleció cuando aún era un niño. Le daba un descanso a mi madre… como yo trabajaba me hacía cargo de mi propia vestimenta”.
Néstor (que ya es abuelo y bisabuelo) es padre de cinco hijos y los más pequeños tienen 8 y 5 años… los mayores ya tienen cincuenta.
¿Qué otras actividades marcaron su trayectoria?
-“A partir de 1968 trabajé en el Canal 8 durante cinco años e hice todo lo que se puede hacer en televisión, pasé de plaquista a operador… fui camarógrafo, locutor en off, entre tantas otras funciones…
En esos comienzos de la televisión en Salto había mucho para hacer y debíamos echar mano del ingenio; no contábamos con los mismos medios de hoy.
Por suerte en mi vida he tenido tiempo para hacer muchas cosas y aprender… fíjese lo que son los caminos de la vida… del cine en 16 milímetros pasé en 35… estuve haciendo una temporada en el Cine Plaza (ubicado en aquella época en las inmediaciones de la Plaza de Deportes)… con el correr de los años llegué a los Estados Unidos y resulta que lo que había aprendido acá me sirvió para trabajar allá durante siete meses”.
¿Proyectos para hoy?
-“Comenzar a hacer la casa propia y unir a mi familia bajo ese techo – mi señora e hijos –  que va a ser de por vida. La familia para mí es todo… luego del kilometraje recorrido en mi juventud, a esta altura de la vida, siento la necesidad del hogar, del amor de mi señora y de mis hijos. En el 2004 debí enfrentar tres infartos y cuando se viven esas experiencias es cuando más que nunca aprendemos a valorar la vida”.
¿Cómo se siente hoy luego de un camino transitado?
-“La vida es un pasaje que tenemos por este mundo y durante el mismo debemos aprovecharlo en bien propio, en bien de la familia… servir como ejemplo sobre todo cuando tenemos hijos.
A nuestras aspiraciones debemos tratar en todo momento de transformarlas en realidades y por sobre todas las cosas… buscar siempre la felicidad”.