Para un hombre de mar “esté donde esté, es su hogar”

Ucrania es el segundo país más grande de Europa, ubicado en Europa Oriental limitando al este con Rusia, conformado principalmente por llanuras fértiles y mesetas, por las cuales corren varios ríos que desembocan en el Mar Negro y en el Mar de Azov.
Desde allí vino hasta Salto Vladimir Hudko, un capitán de la marina ucraniana de 60 años de edad, integrante del equipo de rescate del Buque Amambay.
AL DORSO pudo dialogar con este “hombre de mar”, de nacionalidad ucraniana, de complexión robusta y tes clara, que a primera vista generó la sensación de estar frente a una persona de espíritu rudo e impetuoso, pero a lo largo de la conversación vimos sonreir e incluso hacer algunas bromas.
Para charlar con él contamos con la colaboración de Andrés Iarigin, un joven ucraniano que desde hace varios años vive en nuestra ciudad, e hizo de intérprete y traductor.

Ucrania es el segundo país más grande de Europa, ubicado en Europa Oriental limitando al este con Rusia, conformado principalmente por llanuras fértiles y mesetas, por las cuales corren varios ríos que desembocan en el Mar Negro y en el Mar de Azov.

Desde allí vino hasta Salto Vladimir Hudko, un capitán de la marina ucraniana de 60 años de edad, integrante del equipo de rescate del Buque Amambay.

AL DORSO pudo dialogar con este “hombre de mar”, de nacionalidad ucraniana, de complexión robusta y tes clara, que a primera vista generó la sensación de estar frente a una persona de espíritu rudo e impetuoso, pero a lo largo de la conversación vimos sonreir e incluso hacer algunas bromas.

Para charlar con él contamos con la colaboración de Andrés Iarigin, un joven ucraniano que desde hace varios años vive en nuestra ciudad, e hizo de intérprete y traductor.

Las películas suelen pintar la vida de los “hombres de mar”, embarcados en un viaje lleno de aventuras y desafíos, que los llevan desde las más grandes ciudades con sus majestuosos y dinámicos puertos hasta los lugares más recónditos del planeta, permitiéndoles conocer tanta gente y tantas culturas sin igual, enfrentando los avatares del tiempo y atravesando la inmensidad del misterio del mar.

Pero el mar también forja hombres que deben soportar la lejanía de su familia, de su lugar de origen para transformar al barco en su hogar, como dijo Vladimir, “para un marinero es difícil decir que extraña, porque esté donde esté, es su hogar”.

El hecho de nacer en una ciudad portuaria como Mariupol en Ucrania, explica la pasión de Vladimir por el mar, y entrelaza lavladimir1tradición de toda su familia en el área (ya que sus hijos también son capitanes) con la dicha de que su trabajo se haya transformado en su hobby, “es lo que conozco, es lo que sé y es lo que me gusta” dijo el capitán al referirse a su trabajo.

Un trabajo que requiere de mucho sacrificio, que lo llevó a estar todo un año en alta mar sobre un buque fábrica de pescado, “fue el viaje en que estuve más tiempo lejos, doce meses en una mini fábrica de pescado en alta mar, con cerca de ochocientas personas a bordo” relata la experiencia de este hombre de mar.

Pero los viajes que le han permitido conocer muchos lugares, no lo alejan en su preferencia de aquellos que guardan alguna similitud con su lugar de origen, y al tener que nombrar los sitios que más le atraen, su selección no desvarió mucho, y se quedó con las ciudades de su tierra natal Ucrania y su vecino país Rusia, las cuales conjugan a su entender una belleza sin igual sobre todo por su gente, destacando de América el puerto de Montevideo “es una ciudad muy hermosa, me gusta mucho su puerto, su gente, es muy cálida, muy alegre, no es igual a Europa donde todos parecen estar con las caras amargadas” dijo Vladimir.

De todos los lugares que visitó, reconoció aprender algo nuevo y se mostró fiel admirador de la arquitectura del mundo, de sus edificios, sus jardines, sus paisajes, de todos los cuales saca muchas fotografías tratando de registrar sus inusuales bellezas. Entre ellas, pudo captar en una foto sacada en Sicilia, un amanecer sobre el mar, donde el sol dejaba caer un rayo de color verde sobre el agua, fotografía que compartió con orgullo para que la observáramos, ante la muestra de nuestra duda e incredulidad.

Cuando le preguntamos a Vladimir por el recuerdo de sus primeros viajes dijo entre risas, “fué hace tanto tiempo, pero son buenos recuerdos”, haciendo mención a le época de práctica sobre un buque escuela llamado Kruzenshtern, similar a lo que en Uruguay es el Capitán Miranda, y que hace aproximadamente tres años estuvo en el puerto de Montevideo.

Vladimir hizo sus estudios en Rusia, en una Academia Marítima Naval, donde obtuvo su título, es padre de tres hijos y actualmente es el encargado de una Compañía Naviera en la ciudad de Kherson, donde se dedica preferentemente a trabajar en los mares fríos, con mucho hielo, o en casos donde hay algún accidente como el planteado con el buque Amambay, que quedó varado en la zona de Pepeají hace aproximadamente un mes.

A Uruguay lo halló muy parecido a Ucrania, con gente alegre, trabajadora, y con un río como el Uruguay muy parecido a los de Ucrania, con condiciones para la navegación muy similares e incluso las mismas represas, con la diferencia que los ríos de Ucrania se congelan en invierno.

De Salto, aseguró que todo lo que miró le gusto, “está todo muy lindo, es una ciudad pequeña, acogedora, observé mucho el puerto, los accesos al río, y me dio un poco de tristeza ver un río tan lindo y que esté abandonado, que no se lo aproveche” dijo Vladimir, resaltando que el puerto necesita un inversión importante, una modernización, porque está muy atrasado comparado con el resto del mundo.

Respecto a las colectividades de ucranianos que viven en nuestro país, aseguró estar en conocimiento que en países como Uruguay, Paraguay y Argentina existen grandes colectividades ucranianas y rusas, por los más de cien años de historia de la migración de su país y la zona hacia estos lugares.

Destacó la importancia de  mantener las tradiciones de su país de origen como por ejemplo la semana de pascuas y su comida preferida, la típica sopa ucraniana llamada Borsch, así como también se mostró muy gratificado de poder conocer gente que a pesar de vivir en otro país, se reúne y trata de conservar sus tradiciones, su religión, sus cantos, “nunca tenemos que olvidar nuestras raíces, somos todos lindos cuando somos diferentes, aquel que se olvidó sus raíces no tiene futuro” dijo Vladimir.

Hoy por:

Wanda Aranguren







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