Philip Hanham: Un inglés radicado en Salto por amor

Philip Hanham pisó Salto por primera vez hace 17 años y se enamoró de la ciudad. Este inglés de 50 años (que nació en Bournemouth, una ciudad costera ubicada en el sur de Inglaterra), llegó a nuestra tierra para casarse con su actual esposa, que es oriunda de Salto, y no quiso irse más. Ambos volvieron a Inglaterra, porque la idea original era vivir allá, pero Philip convenció a su flamante mujer de las ventajas de vivir en Salto.
Pero no fueron todas rosas para Philip, quien arribó sin hablar una palabra de español, lo que limitó sus movimientos en la ciudad. Llegó a pensar que había sido un error radicarse aquí, hasta que alguien le aconsejó dar clases de inglés, dada la ventaja de ser un “native speaker”, término que se utiliza para referirse a quien tiene el inglés como lengua madre. Al principio, Phil se sentía “un fraude” como profesor, pero después estudió y se preparó para enseñar, y hoy tiene un instituto (llamado English Language Centre) en el que se siente “realizado”, porque siempre soñó con trabajar para sí mismo.
Esta es la historia de un ser particular, que decidió criar a sus hijos (Lucas de 16 años y Thomas de 14) en una ciudad muy alejada de sus raíces.
Philip Hanham pisó Salto por primera vez hace 17 años y se enamoró de la ciudad. Este inglés de 50 años (que nació en Bournemouth, una ciudad costera ubicada en el sur de Inglaterra), llegó a nuestra tierra para casarse con su actual esposa, que es oriunda de Salto, y no quiso irse más. Ambos volvieron a Inglaterra, porque la idea original era vivir allá, pero Philip convenció a su flamante mujer de las ventajas de vivir en Salto.
Pero no fueron todas rosas para Philip, quien arribó sin hablar una palabra de español, lo que limitó sus movimientos en la ciudad. Llegó a pensar que había sido un error radicarse aquí, hasta que alguien le aconsejó dar clases de inglés, dada la ventaja de ser un “native speaker”, término que se utiliza para referirse a quien tiene el inglés como lengua madre. Al principio, Phil se sentía “un fraude” como profesor, pero después estudió y se preparó para enseñar, y hoy tiene un instituto (llamado English Language Centre) en el que se siente “realizado”, porque siempre soñó con trabajar para sí mismo.
Esta es la historia de un ser particular, que decidió criar a sus hijos (Lucas de 16 años y Thomas de 14) en una ciudad muy alejada de sus raíces.
¿Qué hace un inglés viviendo en Salto?
Es una larga historia… Estoy aquí porque mi esposa es de Salto. Nos conocimos en Inglaterra en 1996, cuando ella fue a estudiar inglés a mi pueblo, Bournemouth. Y cuando decidimos casarnos, el plan original era vivir en Inglaterra. Pero cuando vine por primera vez a Salto, en 1997, quedé muy impresionado con algunas cosas que vi: el estado del tiempo era muy bueno comparado con el de Inglaterra, y también me gustaba el hecho de que hubiese menos gente, menos autos y por ende menos polución. La vida acá es más tranquila y se mantienen costumbres que se han perdido en mi país, como hacer una pausa (en el trabajo) para almorzar.
En Inglaterra yo trabajaba seis o incluso siete días a la semana y vi la oportunidad de poder cambiar mi estilo de vida por uno que me hiciera más feliz. Por eso le propuse a mi esposa la idea de retornar a Uruguay y probar vivir aquí. Creía incluso que era un lugar mejor para criar a nuestros hijos. Nos casamos acá en 1997, pero vivimos los dos primeros años en Inglaterra, hasta que tuvimos todo preparado para volver. En ese entonces, Uruguay era como Inglaterra 20 años antes. Y en 1999 volvimos a Salto, con la idea de quedarnos. Mi esposa quería vivir en Inglaterra, así que tuve que convencerla. Al comienzo pasamos algunas semanas con mis suegros en la ciudad, pero después nos mudamos a una chacra, un poco alejada del centro. No estaba en buenas condiciones, por lo que al principio pensé que habíamos cometido un error al mudarnos allá. No teníamos agua caliente y la casa estaba llena de ratas, ranas y pasto muy largo. Pero después que pasó el shock inicial, empezamos a limpiar y pintar, y todo cambió.
¿A qué se dedicaba en Inglaterra?
Trabajaba en el negocio de mi familia, que era de venta de autos y motos. Lo fundó mi abuelo. Al principio me gustó trabajar ahí, pero con el correr de los años empecé a sentirme atrapado en el negocio, porque fue como el destino que eligió mi familia para mí. Yo quería enfrentar otro desafío, sin el respaldo del entorno familiar.
¿Sabía a qué iba a dedicarse cuando se radicó en Salto o tenía temor de lo que pudiera ser de su vida laboral?
No estaba atemorizado, sino que estaba emocionado por el desafío. Pero todo fue más difícil de lo que pensaba, especialmente porque no hablaba nada de español. No podía ni siquiera ir al banco solo para sacar dinero. En todos los negocios la gente sólo hablaba en español y me costaba mucho entenderla. Tuve la ventaja de poder apoyarme en la familia de mi esposa, pero igual no fue fácil, al punto de que a los dos meses de haber venido a Salto pensaba que había cometido el error más grande de mi vida. Antes de enseñar inglés, pensaba en volver a Inglaterra. Pero cuando descubrí que podía usar mi idioma para enseñarle a otras personas a hablarlo, me sentí útil y contento.
¿Cómo surgió la idea de dar clases de inglés?
No era algo que estuviera planificado. Surgió porque alguien me sugirió que empezara a dar clases. Yo estaba pensado hacer algún foro de negocios o algo por el estilo. Pero para poder ganar un poco de dinero empecé a dar clases de inglés. Y el tema de la enseñanza y la metodología me fascinó. Al principio trabajaba como un loco, dando clases de conversación. Algunas personas me pidieron que diera clases de “Advanced o First Certificate”, pero al principio no me sentía calificado para dar esas clases. Pero me dijeron: “sos ‘native speaker’, puedes hacerlo”.
Imagino que la dificultad que encontró al principio fue que al no manejar bien el español, debía dar clases exclusivamente a personas que tuvieran una base de inglés.
Exacto, si el alumno no hablaba nada de inglés, no podíamos comunicarnos. Aunque eso tuvo sus ventajas, porque impulsó a mis alumnos a hablar más en inglés. Pero durante los primeros dos años no me sentía como un profesor de verdad, me sentía como un fraude. A pesar de hablar muy bien en inglés, no sabía muy bien cómo enseñar. Por eso empecé a estudiar las técnicas y metodologías de la enseñanza, al principios leyendo libros y yendo a seminarios, hasta que en 2004 hice un curso muy intensivo en el Anglo de Montevideo sobre metodología, y después de pasar el año estudiando, me sentí como un profesor preparado de verdad. ¿Cuándo abrí el instituto que tengo actualmente? Empecé a trabajar solo en 2009, cumpliendo la meta que siempre tuve. Al principio tenía la idea de tener un instituto con muchos profesores, pero sigo trabajando solo, porque me gusta dar las clases y tener el contacto directo con los alumnos.
¿Cómo es la historia de sus dos hijos?
Mi primer hijo, Lucas, nació en Inglaterra. Vinimos a Salto cuando él tenía 18 meses. Ese fue otro de los motivos importantes para mudarnos, porque creo que es mejor crecer acá que allá. En Inglaterra, generalmente, la familia no es muy fuerte. Y a pesar de que acá cada vez hay más divorcios y más separaciones, los lazos familiares son más firmes. Mi segundo hijo, Thomas, nació acá en 2000, un año después de haber llegado.
¿En qué idioma se habla en su casa?
Mis hijos hablan conmigo en inglés y con mi esposa en español, y entre ellos depende cómo se sienten, pero usan de igual forma los dos idiomas.
El problema lo tuvimos con Lucas, cuando era chico, porque pasó sus primeros cuatro años, dos en Inglaterra y dos acá, hablando en inglés con mi esposa y conmigo. Y cuando fue al jardín, el pobrecito no entendía nada. Entonces nos dimos cuenta de que nos habíamos equivocado y mi esposa empezó a hablarle en español. Con Thomas cambiamos la metodología, porque entendimos que era importante que tuviera el español como primer idioma.
¿Qué es lo que más le gusta de Salto?
Me gusta el estado del tiempo, incluso en verano. El hecho de despertarse y ver durante la mayoría del tiempo el cielo azul y despejado, es un placer para cualquier inglés. Cuando me levanto y miro el cielo, me siento reconfortado. Salto me gusta porque está lejos de todo, lejos de la locura del primer mundo. Me gusta la gente. La relación entre la gente que se conoce es más cálida. Si yo vuelvo a Inglaterra y me ve alguien después de hace 10 años, me da la mano. Acá, en cambio, no te ven por una semana y te dan un abrazo.
¿Hay algo que le disguste de vivir en Salto?
No, en realidad. Aunque debo admitir que Salto, al igual que Uruguay y mucho otros lugares en el mundo, está empezando a caer en la trampa de intentar vivir como en el primer mundo. Hablo específicamente de sacar crédito para aumentar el consumo. Cuando llegué no había tanto consumismo. He visto como ha cambiado la vida a través de esta forma de pensar, porque veo que mucha gente se endeuda para comprar un auto nuevo, y siempre está buscando tener el celular más nuevo y la televisión más grande. Es una lástima, pero es el mundo de hoy.
Hay gente que también vive pensando que todo es mejor en otro lugar. Podemos no apreciar lo que tenemos acá. Hay muchas cosas en Uruguay para apreciar, como la paz, la tranquilidad, a pesar de que hay problemas, como en todo el mundo, con la educación o la seguridad, especialmente. Pero en otros países es peor.
¿Es verdad que está escribiendo un libro?
Es como un hobby. Hace muchos años tuve la idea de intentar escribir un libro y lo empecé el año pasado. Es un libro de suspenso, basado en una conspiración y con una trama política. No sé si alguien va a leerlo, pero eso no es lo realmente importante. El objetivo es poder terminarlo algún día. Es sobre temas que están pasando en el mundo, en los que estoy muy interesado. ¿Qué otros hobbies tengo? Estoy en el grupo de mountain bike de Salto. En Inglaterra corrí en motocross desde los 8 hasta los 29 años. Fue algo natural, porque mi abuelo y mi padre habían corrido en motos, y mi hermano y yo seguimos la tradición. Pero después cambié de deporte y me dediqué al ciclismo. Cuando llegué a Salto, no había casi nadie que practicara mountain bike y no había ninguna competencia, hasta que se formó el grupo actual.