Prof. Daniela Albarengue, futura correctora de estilo

Prof. Daniela Albarengue, futura correctora de estilo

Daniela Albarengue y Enzo Goycochea en la Redacción de EL PUEBLO.

“No hay excusas para no estudiar”

Cuando le mencionamos el tema que nos interesa conocer a través de ella, habla con pasión, con el entusiasmo propio de quien vibra con lo que hace. Daniela Albarengue (27), Profesora de Idioma Español y Literatura, estudiante de Licenciatura en Letras y Tecnicatura en corrección de estilo, una joven salteña que tiene mucho para aportar y en parte lo hace a través de este diálogo mantenido con EL PUEBLO.

Por qué te gustan tanto las letras?

Desde chica me gustaba leer, leía de todo: diarios, libros, revistas. En mi casa siempre me incentivaron a leer y más que nada en la escuela y en el liceo. Tuve el placer de tener buenos maestros y buenos docentes. Hoy en día me gusta hacerlo con mis alumnos, porque es la puerta de entrada de toda la información.

¿Cómo nació la idea de ser correctora de estilo?

Estudié profesorado de Idioma Español y Literatura en el CERP, me recibí en 2007. En 2008 me fui a Montevideo a hacer Licenciatura en Letras. Después, de la necesidad de muchas revistas, editoriales y diarios, de contar con correctores de estilo, nació esta carrera en agosto de 2008. Ahí comenzó la primera generación de técnicos correctores de estilo. A partir de allí, haciendo la licenciatura, me metí en la tecnicatura, porque podía revalidar materias. Son dos años y medio y es un título intermedio de la licenciatura -que son cuatro años pero en realidad lleva muchos más-. Empezó a tener adeptos como taquígrafos, correctores o gente que trabajaba en diferentes diarios y revistas pero no tenía título. Entonces exigieron a la Universidad que agregara la corrección de estilo. El 17 de diciembre se firmó el acta para hacer la Asociación Uruguaya de correctores de estilo. Hasta el 17 de enero se puede ir a firmar y ser fundador de la Asociación.

¿En realidad, aún no hay correctores de estilo, están estudiando recién?

Claro. Había antes y siempre hubo personas que se encargaban de corregir la ortografía, en la tipografía, ayudando al editor, pero no había gente preparada a nivel universitario, con una tecnicatura, sino que era gente que apoyaba. En realidad, existen desde que surgió la imprenta.

¿Qué diferencia hay entre el lenguaje hablado y el lenguaje escrito?

Al lenguaje escrito hay que pulirlo. El pensamiento es hipertextual, pero la escritura es lineal. Capaz que una idea que se puso en el primer párrafo, en el tercero pierde su objetivo. Es importante que cada uno tenga su estilo al escribir, pero siempre respetando las normas gramaticales. Hoy es muy común que se cierre un signo de exclamación que no se ha abierto, que se pongan muchos puntos al final de una frase, una coma entre sujeto y verbo.

El idioma no es algo estático sino que va evolucionando. Se aceptan muchas cosas que antes formaban parte de extranjerismos, hay palabras inventadas, todo se va incorporando. La lengua es viva y se va enriqueciendo con todas estas incorporaciones. ¿Crees que a pesar de eso no hay que perder el buen decir y el buen escribir? ¿Te parece que se puede a pesar de todas las cosas que se van incorporando?

Sí,  es más: hay que usar las nuevas tecnologías y las cosas que se van incorporando, como los nuevos nombres, los nuevos verbos –por ejemplo “guglear”, “chatear”, etc.- cuando en nuestra lengua no existen. Principalmente viene de la mano de la tecnología: cuando no existe un nombre para algo, así se va enriqueciendo la lengua. Por ejemplo, la Nueva Gramática, que se hizo en 2010, fue hecha no solo por la Real Academia Española, que es la encargada de velar la lengua y el correcto uso del idioma, sino que le pidió apoyo a las academias de todos los países de Hispanoamérica para ver todas las variantes y el enriquecimiento del idioma, como el voceo, que antes no era aceptado por la Real Academia.

El voceo (uso del “vos”) se empezó a ver primero en Selecciones del Reader Digest de Argentina, como algo muy propio del Río de la Plata. ¿Estábamos haciendo una evolución del idioma?

Sí, y que es nuestro también. Recuerdo que en la escuela nos enseñaban que “yuvia” se decía “lluvia”; hoy está aceptado que el sonido es el del Río de la Plata.

Recuerdo que el año pasado salió en El País la nueva forma de escribir palabras como por ejemplo “jazz”, que pasó a escribirse “yas”.

Lo mismo pasó con “whisky”, como viene, porque es un extranjerismo. Nosotros decimos “güisqui”, entonces la Real Academia aceptó eso; pero muchos lingüistas y muchas academias panamericanas rechazaron esa idea y la sacaron del diccionario. Lo mismo “quiosco”, lo mantuvieron un tiempo pero volvió a ser con k. Por ejemplo, las palabras latinas se escriben como estaban en latín, pero ahora las adaptan: currículum no llevaba tilde en la i, pero como es esdrújula y todas las esdrújulas llevaban tilde, ahora lleva tilde también.

Muchas veces se critica a la gente, que está “involucionando” a causa del chat; para mí, no, porque había gente que hacía años que no estaba en contacto con la escritura y a través del mensaje de texto tiene por lo menos un acercamiento. Si bien es discutible que sea escritura, porque está en la barrera entre la oralidad y la escritura por tantas abreviaciones. Pero hay gente que hace años no estaba en contacto porque salió de la escuela y se puso a trabajar, y de pronto te preguntan cómo se escribe “solución”. Eso es bueno. Hay niños con problemas de lenguaje; me sorprendió mucho que manden a los padres a comprar celulares para que ellos se acerquen a la escritura. En un caso concreto que conocí, la fonoaudióloga le dijo al papá que comprara un celular para que el niño empiece con la escritura y pudo salir adelante. Ni que hablar ahora con las ceibalitas y con Internet.

¿Trabajas como profesora de idioma español?

Sí, en el Liceo 13 de Maroñas y este año en el 37. Siempre he cambiado de liceo pero sigo siempre en el 13 de Maroñas, que fue mi primer liceo; es de contexto crítico pero con un excelente equipo de trabajo, hay buenos compañeros. Cuando hay un clima apropiado de trabajo las cosas salen bien, entonces se han logrado buenos resultados. Doy clase a alumnos de primer año, segundo y tercero.

¿Qué te gusta más, idioma español o literatura?

Me gustan las dos cosas, pero me gusta más trabajar con literatura para hacerlos reflexionar y ver las grandes obras del mundo, que más que nada son la visión que tiene el hombre a lo largo de la historia, pero me gusta trabajar con idioma principalmente en primer año. Ellos salen de la escuela y me encanta esa creatividad, esa mezcla de niñez y adolescencia que tienen. Además sigue el contacto con la familia porque siguen siendo niños. Hago que realicen trabajo de campo, de investigación, qué era lo que miraban antes. Siempre abocados al texto que están trabajando en la clase, pero siempre con la familia, para que vean que también ellos puedan interesarse.

En el Liceo 13 de Maroñas, que es de contexto crítico, ¿cómo responden los padres?

Responden bien, hay interés porque los alumnos traen las cosas que les pido, o dicen “mi mamá necesita una carta y se la hice, ¿está bien escrita?”. Porque ellos la escriben. A pesar de ser de contexto crítico, de tener problemas económicos y sociales, familias desintegradas, si hay un referente familiar que esté detrás, es positivo. También hay  niños con problemas de conducta, pero siempre es el reflejo de lo que se trae de la casa.

¿Ese es un indicador permanente de que los problemas de los gurises no son porque ellos quieran ser malos sino que la base viene mal?

Sí, si la base no está, es como una casa: si los cimientos están mal, no sale bien. Hay muchos niños que viven en asentamientos, van a comer al liceo porque el liceo muchas veces les da la comida. Tuve un nene en primer año que ahora está en tercero, que la madre dijo que no tenía para alimentarlo, le pidió al liceo y el liceo dijo que sí, que le daba la comida y los boletos. Ahora, los boletos son todos gratis. El chico salió adelante.

¿La pobreza no es excusa?

No. Nosotros dos venimos de familias carenciadas  y, sin embargo… Me crié con mi tío y mi abuela, y tengo dos primas que son como mis hermanas: María Victoria (6º Medicina) y María Paz (6º Primaria). Por parte de madre tengo dos más: Leonardo de 22 y Manuela de 27.

¿Cómo te las arreglaste para estudiar?

En la escuela, mi abuela nos cobraba la asignación, y mi tío trabajaba de peluquero. Siempre teníamos los cuadernos y los libros. Recuerdo que llegaba marzo y me compraban todo. Eso fue valioso siempre en mi vida. Aparte, siempre tenían la comida pronta a las doce. Tenía ese apoyo. Tal vez andaba con el mismo pantalón todo el año, pero esas cosas eran indispensables.

¿Ellos te incentivaron a la lectura?

Sí. Mi abuela fue hasta tercero de la escuela en campaña, pero no tenía ni una falta de ortografía y sabía escribir perfectamente. Le gustaba leer. A mí tío también, siempre está con la cultura, le gusta andar en la movida cultural. En la escuela, también; recuerdo que los viernes era día de lectura y a  mí me encantaba. Eran de esos proyectos escolares y liceales que valían la pena, porque tal vez no tenía para comprarme los libros, pero sin embargo, el viernes, teníamos a “Robocop”, que era un canasto de la feria que habían pintado como un robot y adentro tenía libros. Yo iba a la escuela 5, fui al liceo 2, y cuando volví a trabajar y vi docentes que eran mis colegas ahora, fue un placer. Son muy buenos referentes de la educación. No hay excusas para el tema del estudio, la pobreza no es excusa, porque mucha gente carenciada sale adelante. Cuando yo tenía 16 años falleció mi abuela, y quedé a cargo de mi tío. También tuve compañeros de clase que me prestaban fotocopias. A mí me han ayudado un montón, por eso soy muy agradecida a la gente y a la vida. Me acuerdo que mi abuela me decía que lo único que podía darme era una educación, y me dio lo mejor, porque es para toda la vida y la mejor arma para defenderme.

¿Cómo organizás tu día para poder hacer todo?

Me levanto temprano y me voy a trabajar, tengo todo el día para trabajar. Luego voy a la facultad. Dependiendo de la cantidad de materias, a veces las clases empiezan a las tres o a las cuatro. Cuando salgo de allí me voy a inglés, que también estoy estudiando. Mi día termina a las 12 de la noche. En 2011 trabajé más de tarde para ir a la facultad en la mañana. Este año ya tengo horas para la mañana y voy a facultad de tarde, porque todas las materias van a ser en la tarde. Voy programando mi año de antemano. Siempre pido a los secretarios de los liceos que me carguen de horas los sábados,

Lo que impacta en facultad es ver gente de todas las edades con ganas de seguir estudiando. Trabajar en equipo con estas personas nos enriquece personalmente,

Yo le agradezco a la vida, porque al no tener, la cantidad de cosas que uno hace para conseguir, es lo más divertido. Se usa más la imaginación. Recuerdo que en la época de la crisis de 2002, hubo una ocasión en que no tenía dinero para fotocopias. Mi prima había hecho un curso de repostería en la UNI 3, y sabía hacer tres tortas: chajá, lemon pie y otra.

Entonces nos pusimos a hacer rifas de tortas para sacar fondos para las fotocopias.

Hoy  por: María Noel Simoes