Psicólogo, músico, docente y amante de la naturaleza

Ariel Martínez es Psicólogo, músico y docente desde hace casi 35 años. Está casado y tiene dos hijos, ambos estudiando en la capital del país. Presenta a flor de piel muy lindos recuerdos sobre su infancia en el campo, recuerdos que no dudó en compartir y expresar cuando conversamos. Pero además, demuestra las ganas intactas y el proyecto de regresar algún día, de poder afincarse luego de jubilarse, en algún punto de la campiña uruguaya, crear una comunidad, y poder vivir en contacto directo con la naturaleza, ya que cree que la armonía y la paz radican mayormente allí.

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Cuando terminamos la entrevista para el segmento que ahora escribo, y me alejé algunas cuadras de aquella cálida habitación en donde charlamos durante largos minutos con el entrevistado, me fui pensando en si realmente yo había entrevistado a quién iba a entrevistar, o si por el contrario, quién yo pretendía entrevistar me había entrevistado a mí. Parece algo confuso lo que expreso, o una especie de trabalenguas,  pero lo cierto es que al conversar  con una persona de la talla de Ariel; una persona que presenta un vasto conocimiento generado por tantos años de intensos estudios, lecturas, y tantos análisis filosóficos sobre la sociedad y la mente de las personas, provoca, no la confusión, sino más bien la duda en quien dialoga con él. Sumerge a quien tiene delante en una realidad diferente a la que conocemos, y lo conduce a un lugar de paz, en donde la persona se detiene a pensar en cuestiones tales como la forma en que actuamos ante la sociedad, el cuidado de la naturaleza, o la forma de enfrentar los problemas cotidianos.
En el Al Dorso de hoy, Ariel Martínez nos cuenta su historia.
Cuénteme algo sobre
su infancia y sus
primeros años de vida.
Nací un 11 de diciembre de 1955, soy de Sagitario con ascendente en Sagitario. Soy del mismo día de Gardel y de Osho, así que es todo un honor. De Gardel parece que heredé el gusto por la música, y de Osho el gusto por la filosofía y la mística.
Soy nacido en Salto, soy  hijo de un funcionario policial, que era policía rural, y por lo tanto en sus peregrinaciones por la campaña estuve viviendo en Pueblo Lavalleja, después en Pueblo Palomas y después alrededor de los nueve o diez años me vine a vivir a la ciudad propiamente dicha. De esa etapa guardo mucha nostalgia por la vida del campo, y de hecho uno de los proyectos que tengo para luego de jubilarme, es poder tener algunas hectáreas de campo y poder crear alguna comunidad para poder vivir más cerca de la naturaleza. Te cuento que uno de los filósofos que más me llegó mientras estaba estudiando fue Epicuro de Samos, un filósofo griego del siglo tres antes de Cristo que tenía una comunidad en la cual vivía de una manera muy austera, y fue uno de mis grandes inspiradores. Una vez que conocí a Epicuro, me convertí en buena medida en un epicúreo.
¿La filosofía fue su
primera vocación?
La filosofía no fue mi primera vocación, mi primera vocación fue lo religioso. Tengo una veta mística muy fuerte, y me interesa mucho todo lo relacionado con el misticismo. En mi adolescencia hice una búsqueda interior muy intensa, e incursioné por varios grupos; incursión que proseguí en Montevideo cuando me fui a estudiar Sicología. Durante gran parte de mi juventud me vinculé con grupos exotéricos, y me interesa también el tema de la magia blanca. Por eso incursioné también en el tema de la sanación; he hecho cursos de medicina Ayurvédica, cursos de flores de Bach, y también hice el segundo nivel de Reiki.
Pero en realidad una de mis grandes fascinaciones es el tema de la hipnosis. Yo desde muy chico he leído mucho sobre el tema, y ocasionalmente con algunos pacientes trabajamos en la línea de Braian Weiss con la hipnosis de regresión a vidas pasadas. Hay algunos pacientes que se atreven, pero hay personas que tienen una serie de temores que son infundados, como por ejemplo creer que si regresan a una vida pasada van a quedar de alguna forma prisioneros de esa identidad y no van a poder volver a su identidad actual, y que yo sepa nunca ocurrió algo así. Pero de todas formas, es poca la gente que pide realizar ese tipo de trabajo.
Dentro de la psicología: ¿En que línea se especializó?
Luego de recibirme de psicólogo me especialicé en la línea conductivo conductual. Estudié en Suatec y Suamoc que son dos sociedades dedicadas a la difusión del conductismo en el Uruguay y he hecho cursos de especialización en esa área. Me he dedicado especialmente al tema de las fobias, de las disfunciones sexuales, de las neurosis obsesivas, de las depresiones, y trabajo eventualmente también con personas que tienen dificultades en el autocontrol para dejar adicciones; que tienen problemas con el cigarro, el alcohol o las drogas. Aunque en estos últimos casos lo que se requiere también cuando es muy seria la patología, es un período de internación, y ocasionalmente también trabajar en equipo con Psiquiatras y Neurólogos porque no son casos sencillos.
¿Qué otras actividades
realiza?
Dentro de mis aficiones me gusta mucho la música, tal es así que soy profesor de guitarra clásica. Estudié en el Conservatorio Municipal, soy egresado de allí, y también soy egresado del Conservatorio de Olga Pierri de Montevideo. Actualmente no estoy tocando obras clásicas, estoy yendo a clases con María Cervera de Duré que es mi profesora de canto desde hace un par de años. Comencé a cantar porque era una asignatura pendiente que tenía. En realidad tenía también algunos problemas de timidez y de vergüenza para cantar, y eso que desde los 16 años toco en orquestas; es más, te diré que me pagué la carrera de profesor de filosofía gracias a las orquestas.
Cuénteme sobre
sus estudios.
Comencé a estudiar profesorado de filosofía en el año 75 más o menos, y me recibí en el año 1980. Luego en el año 1981 me fui a Montevideo a estudiar Psicología.
Al profesorado lo realicé en la modalidad libre. Somos la primera generación de egresados en la modalidad de estudios libres. Fue mucho más difícil, pero por otro lado tuvo sus ventajas porque tenía que estudiar todo el programa. En Montevideo estudiaban lo que daba el profesor solamente, en cambio aquí teníamos que leer todo, y leer muchísimo, entonces a la larga fue mejor porque dimos más autores que los que vieron los estudiantes de la capital. En ese sentido sirve realizar estudios libres aunque la carrera se pueda prolongar un poco más.
Como te dije, comencé a estudiar psicología en el año 81, y me recibí en el año 86. La carrera se prolongó un año más porque dejé dos materias que eran importantes para cursarlas en un solo año, porque yo trabajaba y estudiaba. Trabajaba como profesor de filosofía. Eran unas pocas horas que tenía, pero me alcanzaban para mantenerme y entonces pude costearme la carrera. Mis padres hacían mucho sacrificio, pero no podían, pero igualmente tenía el apoyo moral de su parte que era muy importante. Pero en lo económico no podían ayudarme.
¿Por qué la gente sufre tanto de pánico actualmente?
Actualmente hay cada vez más y con mucha frecuencia, y yo creo que  esos ataques están muy relacionados con el tema del stress y con las presiones que siente la persona. Es más, lo que yo he encontrado a lo largo de muchos años de trabajar con los pánicos, es que los panicosos son poco asertivos. Es decir, suelen ser poco autoafirmativos. No saben defender sus derechos, no saben decir que no, tienen dificultades para expresar su enojo; entonces una vez que aprenden a sentirse más libres adquieren más seguridad en sí mismos y pueden manejar mucho mejor todo este tipo de situaciones.
¿Hoy en día la gente necesita más de un psicólogo?
Yo creo que la gente sobre todo ha perdido los prejuicios de consultar a un profesional de la salud mental. Ya sea un psicólogo o un psiquiatra. La gente ha perdido el miedo a consultar y tiene como que más humildad para pedir ayuda cuando siente que hay cosas que la están desbordando y no las puede manejar. Con respecto a si necesitan más o si necesitan menos, no sabría decirte con mucha certeza, porque a mi me parece que la gente tiene más apertura para pedir ayuda. A mi me parece que en todas las épocas la gente necesitó ser escuchada, ya sea por un psicólogo, por un sacerdote, por un sanador, o un buen amigo.  Y el tacto es uno de los constructores como lo dice Restrepo de la afectividad. Es uno de los constructores de la ternura. Si nosotros nos basamos solamente en los tele receptores como la vista y el oído nos distanciamos cada vez más de los aspectos más humanos del otro. Si nosotros nos comunicamos gran parte de nuestro tiempo a través de la mediación de una pantalla, ya sea a través de la pantalla de la computadora o la del celular, nosotros estamos perdiendo cosas que los emoticones no pueden sustituir, y estamos entrando en una era de digitalización en la cual estamos sustituyendo cada vez más lo analógico. Entonces la digitalización nos está llevando a ser cada vez más fríos en nuestros vínculos, y eso puede llegar ser muy peligroso desde el momento en que nosotros podemos llegar a perder la empatía con nuestro prójimo. Podemos llegar a perder el verdadero amor y fundamentalmente la compasión. Es decir nos podemos volver cada vez menos compasivos y más competitivos y yo creo que eso es una carrera bastante peligrosa. Eso ocurre muy a menudo en los sistemas educativos con la instalación de las tics. Que no están mal, pero hay que dosificar todo eso. Que las tics  no sustituyan el cara a cara. Que el tiempo de recreación no sea sustituido por las tics y que los chiquilines hagan deportes, disfruten de la naturaleza, de una charla cara a cara con sus amigos y que no tengan tantos amigos virtuales.

Cuando terminamos la entrevista para el segmento que ahora escribo, y me alejé algunas cuadras de aquella cálida habitación en donde charlamos durante largos minutos con el entrevistado, me fui pensando en si realmente yo había entrevistado a quién iba a entrevistar, o si por el contrario, quién yo pretendía entrevistar me había entrevistado a mí. Parece algo confuso lo que expreso, o una especie de trabalenguas,  pero lo cierto es que al conversar  con una persona de la talla de Ariel; una persona que presenta un vasto conocimiento generado por tantos años de intensos estudios, lecturas, y tantos análisis filosóficos sobre la sociedad y la mente de las personas, provoca, no la confusión, sino más bien la duda en quien dialoga con él. Sumerge a quien tiene delante en una realidad diferente a la que conocemos, y lo conduce a un lugar de paz, en donde la persona se detiene a pensar en cuestiones tales como la forma en que actuamos ante la sociedad, el cuidado de la naturaleza, o la forma de enfrentar los problemas cotidianos.

En el Al Dorso de hoy, Ariel Martínez nos cuenta su historia.

Cuénteme algo sobre su infancia y sus primeros años de vida.

Nací un 11 de diciembre de 1955, soy de Sagitario con ascendente en Sagitario. Soy del mismo día de Gardel y de Osho, así que es todo un honor. De Gardel parece que heredé el gusto por la música, y de Osho el gusto por la filosofía y la mística.

Soy nacido en Salto, soy  hijo de un funcionario policial, que era policía rural, y por lo tanto en sus peregrinaciones por la campaña estuve viviendo en Pueblo Lavalleja, después en Pueblo Palomas y después alrededor de los nueve o diez años me vine a vivir a la ciudad propiamente dicha. De esa etapa guardo mucha nostalgia por la vida del campo, y de hecho uno de los proyectos que tengo para luego de jubilarme, es poder tener algunas hectáreas de campo y poder crear alguna comunidad para poder vivir más cerca de la naturaleza. Te cuento que uno de los filósofos que más me llegó mientras estaba estudiando fue Epicuro de Samos, un filósofo griego del siglo tres antes de Cristo que tenía una comunidad en la cual vivía de una manera muy austera, y fue uno de mis grandes inspiradores. Una vez que conocí a Epicuro, me convertí en buena medida en un epicúreo.

¿La filosofía fue su primera vocación?

La filosofía no fue mi primera vocación, mi primera vocación fue lo religioso. Tengo una veta mística muy fuerte, y me interesa mucho todo lo relacionado con el misticismo. En mi adolescencia hice una búsqueda interior muy intensa, e incursioné por varios grupos; incursión que proseguí en Montevideo cuando me fui a estudiar Sicología. Durante gran parte de mi juventud me vinculé con grupos exotéricos, y me interesa también el tema de la magia blanca. Por eso incursioné también en el tema de la sanación; he hecho cursos de medicina Ayurvédica, cursos de flores de Bach, y también hice el segundo nivel de Reiki.

Pero en realidad una de mis grandes fascinaciones es el tema de la hipnosis. Yo desde muy chico he leído mucho sobre el tema, y ocasionalmente con algunos pacientes trabajamos en la línea de Braian Weiss con la hipnosis de regresión a vidas pasadas. Hay algunos pacientes que se atreven, pero hay personas que tienen una serie de temores que son infundados, como por ejemplo creer que si regresan a una vida pasada van a quedar de alguna forma prisioneros de esa identidad y no van a poder volver a su identidad actual, y que yo sepa nunca ocurrió algo así. Pero de todas formas, es poca la gente que pide realizar ese tipo de trabajo.

Dentro de la psicología: ¿En que línea se especializó?

Luego de recibirme de psicólogo me especialicé en la línea conductivo conductual. Estudié en Suatec y Suamoc que son dos sociedades dedicadas a la difusión del conductismo en el Uruguay y he hecho cursos de especialización en esa área. Me he dedicado especialmente al tema de las fobias, de las disfunciones sexuales, de las neurosis obsesivas, de las depresiones, y trabajo eventualmente también con personas que tienen dificultades en el autocontrol para dejar adicciones; que tienen problemas con el cigarro, el alcohol o las drogas. Aunque en estos últimos casos lo que se requiere también cuando es muy seria la patología, es un período de internación, y ocasionalmente también trabajar en equipo con Psiquiatras y Neurólogos porque no son casos sencillos.

¿Qué otras actividades realiza?

Dentro de mis aficiones me gusta mucho la música, tal es así que soy profesor de guitarra clásica. Estudié en el Conservatorio Municipal, soy egresado de allí, y también soy egresado del Conservatorio de Olga Pierri de Montevideo. Actualmente no estoy tocando obras clásicas, estoy yendo a clases con María Cervera de Duré que es mi profesora de canto desde hace un par de años. Comencé a cantar porque era una asignatura pendiente que tenía. En realidad tenía también algunos problemas de timidez y de vergüenza para cantar, y eso que desde los 16 años toco en orquestas; es más, te diré que me pagué la carrera de profesor de filosofía gracias a las orquestas.

Cuénteme sobre sus estudios.

Comencé a estudiar profesorado de filosofía en el año 75 más o menos, y me recibí en el año 1980. Luego en el año 1981 me fui a Montevideo a estudiar Psicología.

Al profesorado lo realicé en la modalidad libre. Somos la primera generación de egresados en la modalidad de estudios libres. Fue mucho más difícil, pero por otro lado tuvo sus ventajas porque tenía que estudiar todo el programa. En Montevideo estudiaban lo que daba el profesor solamente, en cambio aquí teníamos que leer todo, y leer muchísimo, entonces a la larga fue mejor porque dimos más autores que los que vieron los estudiantes de la capital. En ese sentido sirve realizar estudios libres aunque la carrera se pueda prolongar un poco más.

Como te dije, comencé a estudiar psicología en el año 81, y me recibí en el año 86. La carrera se prolongó un año más porque dejé dos materias que eran importantes para cursarlas en un solo año, porque yo trabajaba y estudiaba. Trabajaba como profesor de filosofía. Eran unas pocas horas que tenía, pero me alcanzaban para mantenerme y entonces pude costearme la carrera. Mis padres hacían mucho sacrificio, pero no podían, pero igualmente tenía el apoyo moral de su parte que era muy importante. Pero en lo económico no podían ayudarme.

¿Por qué la gente sufre tanto de pánico actualmente?

Actualmente hay cada vez más y con mucha frecuencia, y yo creo que  esos ataques están muy relacionados con el tema del stress y con las presiones que siente la persona. Es más, lo que yo he encontrado a lo largo de muchos años de trabajar con los pánicos, es que los panicosos son poco asertivos. Es decir, suelen ser poco autoafirmativos. No saben defender sus derechos, no saben decir que no, tienen dificultades para expresar su enojo; entonces una vez que aprenden a sentirse más libres adquieren más seguridad en sí mismos y pueden manejar mucho mejor todo este tipo de situaciones.

¿Hoy en día la gente necesita más de un psicólogo?

Yo creo que la gente sobre todo ha perdido los prejuicios de consultar a un profesional de la salud mental. Ya sea un psicólogo o un psiquiatra. La gente ha perdido el miedo a consultar y tiene como que más humildad para pedir ayuda cuando siente que hay cosas que la están desbordando y no las puede manejar. Con respecto a si necesitan más o si necesitan menos, no sabría decirte con mucha certeza, porque a mi me parece que la gente tiene más apertura para pedir ayuda. A mi me parece que en todas las épocas la gente necesitó ser escuchada, ya sea por un psicólogo, por un sacerdote, por un sanador, o un buen amigo.  Y el tacto es uno de los constructores como lo dice Restrepo de la afectividad. Es uno de los constructores de la ternura. Si nosotros nos basamos solamente en los tele receptores como la vista y el oído nos distanciamos cada vez más de los aspectos más humanos del otro. Si nosotros nos comunicamos gran parte de nuestro tiempo a través de la mediación de una pantalla, ya sea a través de la pantalla de la computadora o la del celular, nosotros estamos perdiendo cosas que los emoticones no pueden sustituir, y estamos entrando en una era de digitalización en la cual estamos sustituyendo cada vez más lo analógico. Entonces la digitalización nos está llevando a ser cada vez más fríos en nuestros vínculos, y eso puede llegar ser muy peligroso desde el momento en que nosotros podemos llegar a perder la empatía con nuestro prójimo. Podemos llegar a perder el verdadero amor y fundamentalmente la compasión. Es decir nos podemos volver cada vez menos compasivos y más competitivos y yo creo que eso es una carrera bastante peligrosa. Eso ocurre muy a menudo en los sistemas educativos con la instalación de las tics. Que no están mal, pero hay que dosificar todo eso. Que las tics  no sustituyan el cara a cara. Que el tiempo de recreación no sea sustituido por las tics y que los chiquilines hagan deportes, disfruten de la naturaleza, de una charla cara a cara con sus amigos y que no tengan tantos amigos virtuales.

¿Qué piensa de la frase todo tiempo pasado fue mejor?

Yo no creo que todo tiempo pasado haya sido mejor, yo creo que el mejor tiempo es el que estamos viviendo, lleno de desafíos y lleno de cosas nuevas. Quiebres con una serie de tradiciones que aprisionaban a la gente. Yo creo que este es el mejor momento. La verdad no soy un nostálgico; a mi me gusta fundamentalmente el disfrute del hoy. Mañana no se lo que va a pasar, entonces yo creo que tenemos que disfrutar intensamente el hoy, teniendo en cuenta obviamente de no gastar todos los recursos en el hoy, y pensando un poco en esa mirada moderna del ahorro, pero por otro lado, estar pensando constantemente en el futuro como fue característico del pensamiento moderno, llevó a que la gente se obsesionase a buscar seguridad en lo económico o en lo emocional, cuando la vida supone incertidumbre. A mi entender esa búsqueda del hombre moderno de un futuro más próspero y todo eso, lo llevó a hipotecar en buena medida el disfrute del presente, y yo creo que nosotros tenemos que saber equilibrar todos los aspectos. Pero fundamentalmente agradecer el momento presente que vivimos, en el sentido en que tenemos la posibilidad de operar una serie de cambios en nosotros mismos. Uno de los grandes desafíos que la humanidad tiene es recomponer un poco esta pequeña nave espacial, suelo decir, en la que estamos viviendo. Nos estamos olvidando del planeta tierra. No estamos considerando algo que para mi es muy importante y que es volver a tomar contacto con la naturaleza, que es volver a tomar contacto con nuestro interior y con nuestro yo interno más profundo y más auténtico.

Hoy por: Maximiliano Pereira