Que el letrista no se olvide…

Que el letrista  no se olvide…

Con Marcelo “Galleta” Cayetano, un murguista que canta con el alma

La primera vez que lo vi actuar arriba de un escenario, fue cuando hizo de cupletero. Era en el año 2000 y hacía de trabajador, cantaba Celia Cruz sobre el escenario y aparecían Las penas. Pero cuando terminó el espectáculo y lo fui a entrevistar teniendo yo apenas dos semanas como periodista de este diario, él estaba enojado consigo mismo porque no había dado lo suficiente. Ese año perdieron por 10 décimos con Uno Más Uno, en realidad fue un empate técnico pero el jurado le quería cortar la racha que ya traía su murga con dos primeros premios. PAPÁ Y ADEA partir de ahí tuvo una racha imparable y La Nueva se convirtió en la murga que más títulos ganó en Salto y que mejor ha representado al género fuera de fronteras. Con el quebranto de salud del director original Alberto Chiriff, tomó la batuta y se convirtió en un mago. Y ahí le llegó la hora de ser letrista, ha escrito repertorios en varias ocasiones, este año lo hizo con Falta La Papa. Es chef, padre y está en pareja. Las viviendas del barrio Progreso, lo vieron crecer y la eclosión murguera de los 80′ hizo que esas noches lo escucharan hacer sus primeras armas.
Marcelo “Galleta” Cayetano, se ha vuelto un referente ineludible en Salto a la hora de hablar de murga. Con él nuestra sección semanal “Las 10 Últimas de la Última”.

¿Dónde naciste, en qué lugar estudiaste y cómo se compone tu familia?
Nací en Salto el 14 de enero de 1972, acabo de culminar los estudios secundarios y mi familia se compone de mi compañera Romina Matte y mi pequeña hija de un año y diez meses llamada Adelina.

¿Cuál fue tu primer encuentro con el género murga?
Me encontré con la murga una tarde noche al costado del tanque, en las viviendas COVIFOEB-COVISUNCA de barrio Progreso, allá por el año 1987. Un sonido raro y nuevo me llamó poderosamente la atención, me arrimé a chusmear y desde ese día nunca más pude serle infiel. La murga era Falta la Papa, el tachuela García bailoteaba tocando un viejo redoblante chato de comparsa con un Rúben Balbuena improvisado en el bombo le daban sonoridad a un irreverente coro integrado por Orlando, Pololo, Darío y grandes murguistas que el tiempo ha ido haciendo desaparecer pero que indudablemente viven en la memoria de todos aquellos que los apreciamos y los recordamos; su director, bailarín y desfachatado era el gran Rúben Milán… ¡genio!

¿Por qué tomaste la decisión de dedicarte al carnaval y a la murga en particular?
Yo no sabría decir si elegí dedicarme a ser murguista, sólo contesto que de todas las actividades artísticas que tuve la suerte de conocer e involucrarme, la murga es de todas ellas la que hace vibrar mi alma, la que me transporta y me aleja del mundo, la que me conmueve, la que disfruto, la que amo, la que entiendo y creo saber respetar, la que me permite cantarle a muchísimas personas que se conmueven junto conmigo, la que es uruguaya, la que es hermosa y la que es mía.

¿Cómo fue tu primer carnaval y cuántos premios obtuviste?
Mi primer carnaval fue con la murga Canta Pueblo que ensayaba en AUTE allá por 1988, tenía muchos integrantes de mi barrio y me invitaron a salir. ¿Para qué? Dicen que una vez que te involucras no salís más; es cierto. En esa época había 18 murgas y un tablado en cada esquina (literalmente hablando), en murgas estaba Barcelona, Real Madrid y el Manchester (Falta la Papa, Punto y Coma y los Presidiarios). Nosotros salimos cuartos, era como salir primeros porque a esas tres no les ganaba nadie. Raso, lamé, guirnaldas de arbolitos de navidad, gorros con estructuras de alambre que pesaban un kilo y medio. Con muchas ganas y el amateurísmo propio de la época salimos a cantar por todos los barrios de Salto y a concursar en un Parque Harriague que llevaba 12.000 personas a la final; era una fiesta popular que movilizaba. Con respecto a los premios que obtuve fueron muchos; no soy bueno para esos datos.

¿Cuál fue la experiencia más fuerte con la murga? ¿ganar tantos premios u otra de índole personal?
Podría caer en cursileria barata o viejos clichés….y voy a caer je je; indudablemente que el tiempo marchita las flores de viejas tumbas, el tiempo olvida donde quedaron los laureles, el tiempo pierde la libreta donde estaban los versos que la murga cantó, el tiempo tiñe de gris el colorido raso y te deja recuerdos; lo que yo recuerdo y aún está en mi memoria debe de ser lo que me importa.
Tengo tantos de esos recuerdos, tengo tanta gente que me conoce y yo conozco, tengo tantos aplausos, tengo tanta marcha camión, tengo tantas retiradas y tres cuplés, tengo tantos personajes, ninguna lágrima; todas alegrías. Eso me dejó y me dejará la murga.

¿Has cambiado la forma de pensar la vida, la sociedad, el mundo en todos estos años?
Sí, el mundo ha cambiado, mi barrio ha cambiado; el almacén de la Gabi ha cambiado; la parada de ómnibus ha cambiado, el carnaval ha cambiado y yo he cambiado.
Cuando comencé a escribir era muy de dar consejos a la gente (bla, bla, bla): como si yo tuviera la varita mágica, luego me di cuenta que el mensaje tenía que ser otro y eso se dio solamente por la perspectiva, antes escribía desde allá y lo que veía era aquello que decía, ahora estoy sentado en otro lugar y trato de ser más murguero y no consejero.

¿Y eso lo plasmas en los textos de carnaval?
Sí, lo que trato de buscar en éstos años es arrimarme más al código murga, como género vivo ha ido mutando y transformándose en un ámbito de expresión para jóvenes, niños, viejos, mujeres, facultativos, en fin, en sectores de la sociedad que antes no se vinculaban al género y eso ha ido generando cambios en la forma. Me parece genial pero debemos saber cambiar lo ya establecido luego de conocer realmente lo que se pretende cambiar, sino se corren riesgos.

¿Cuando te dedicaste a enseñar en los centros educativos y hablabas de la murga te identificabas con lo que te decían tus alumnos?
La murga carga con los prejuicios que arrastra de los 60; 70, aquello del murguista pobre y borracho que cantaba y no se entendía nada; luego los 80 con las murgas de izquierda, todo eso aún hoy convive en la cabeza del pueblo; los gurises del liceo en un noventa y cinco por ciento desconocen y no les gusta la murga; es muy difícil luchar contra el prejuicio por un lado y los medios de comunicación por el otro. Una vez que se logra el producto es otra historia; se dan cuenta que simplemente es un ámbito donde se pueden expresar; crear textos, trajes, canciones y divertirse un rato.

¿Qué fue lo último que hiciste para carnaval y qué tenés pensado hacer?
Este año escribí junto a Javier Urreta y el pico Román los textos de Falta La Papa. Si la vida me permite transitar por carriles normales tengo ganas de sacar nuevamente (la murga de la cual fue su director escénico) La Nueva, si aparecen los pozos del camino; veré.

¿Si pudieras volver atrás habrías hecho lo mismo o cambiarías de rol u oficio?
La murga me hizo; la murga es mi vida, la murga sabe quién soy y yo sé quién es ella; lástima que sea tan huérfana de pesos.







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