Ramón César Soto La Greca, 23 años como médico de familia y rural

Ramón César Soto La Greca, 23 años como médico de familia y rural
Ramón César Soto La Greca, médico de familia y rural, hace 23 años está radicado en Pueblo Valentín, demuestra su compromiso con la salud rural, se siente útil en su entorno y lucha por mejoras en el ámbito.
Nació el 31 de octubre 1963, a sus 48 años está casado con Mariana Sosa. Tiene dos hijos, Constantino de 4 años y Macarena de 18 (de su anterior matrimonio).
Aunque los partos lo ponen “extremadamente nervioso”, fue justamente con un parto que inició su actividad en Valentín el 5 de junio de 1989.
Consultado acerca de los motivos que cimentaron su decisión por radicarse en el medio rural indicó “fue una decisión mixta, con un grupo de estudiantes cuando estaba cursando el cuarto año de Facultad de  Medicina, visualizamos que estábamos aprendiendo no en los canon que nosotros queríamos y veíamos que las herramientas que teníamos  que era el gremio de AEM (Asociación de Estudiantes de Medicina), tenía una problemática demasiado politizada, en cuanto a las disputas gremiales, reivindicaciones por la época en la que estábamos- recién salíamos de la dictadura- y la metodología de aprendizaje y la visualización de ver el paciente en un sentido integral, nunca llegábamos a poder plantearlo.
Hasta que con un grupo decidimos juntarnos, y empezar a escribir, y volar, y volar… y fuimos quedando pocos porque era demasiado volado, y parece mentira, pero se dio, después de muchas reuniones, discusiones, también era un grupo (donde) éramos todos  gremialistas, dirigentes de sus respectivas listas, entonces no era fácil ponernos de acuerdo. Pero se logró un producto fortuito, que fue aceptado por las diferentes autoridades, por el rector de la Universidad, por el decano de la Facultad, y teníamos un grupo de médicos en Paysandú que estaban de acuerdo con esa aventura, y el decano dijo “es un brindis por la locura esto”.
Estábamos en la parte semiológica-recuerda- (es cuando se empieza a tener contacto directo con el paciente), uno quiere creer que lo que ofrecimos en ese momento fue de aporte, porque se dieron cambios en los programas, incluso en la metodología de aprendizaje que era por lo que nosotros peleábamos.
No podés tener un médico diferente, si no tenés una formación diferente, y nos vinimos a Paysandú, y aprendimos mucho de los hoy en día colegas de Paysandú y de Salto- iban médicos como los doctores Campos, Villar, Preve, Andrade, entre otros. Teníamos una actividad, que el grupo la consideraba curricular, no puntuaba, pero para el grupo sí, que era una actividad obligatoria en sectores castigados por la realidad social, ahí aprendimos mucho, de que a veces uno avasalla como técnico a una persona o un grupo de personas y en realidad es mucho más lo que le dan que lo que uno aporta.
Eso fue el aprendizaje y yo dije; “esto en algún lado lo tengo que plasmar”… y bueno, había un proyecto que nos íbamos del país justamente porque en ese momento nosotros veíamos que la salud estaba muy mercantilizada. Fue una propuesta de ir a hacer un postgrado en otro país, con modelos asistenciales diferentes, se trancó, por disputas políticas no nuestras y en ese interin cae la propuesta de Valentín que estaba sin médico residente y entre mis amigos, mis compañeros de Paysandú, los docentes, todos van haciendo un collage y mi familia, mi padre era una persona que siempre me empujaba en la vida a hacer las cosas que uno tiene que hacer, fui sin tiempo y me fui quedando, hace veintitrés años que estoy. Entonces claro, es un hecho que me vinculen con el interior”.
Aunque su familia es salteña admitió que de ruralidad no conocía nada “no sé ni andar a caballo hasta hoy en día, ni la costumbre, ni la cultura rural”.
¿Cómo es un día del Dr. Soto en Valentín?
“Lo que pasa que la demanda asistencial es muy importante pero la gran ventaja es que tenemos la familia toda junta, ella (señala a su esposa), es enfermera, trabajamos juntos. Si viviera en la ciudad tendría que trabajar diez, doce horas, no podría estar con mi hijo, yo tengo otra hija de mi anterior matrimonio que se crió en ese entorno, hoy está estudiando medicina. Pasó la etapa que se fue de allá, que odiaba la zona rural y ahora está volviendo…
Arrancamos la policlínica a las ocho, el grueso de la atención es en la mañana, pero, hay gente que viene de lejos (por ejemplo de Pueblo Quintana) y no llega en el horario de la mañana, entonces no podés pretender que lleguen antes de las doce”.
Aunque el horario de atención está previsto “no sabe decir que no” y atiende siempre que se lo necesite, ya que vive en una casa contigua a la policlínica.
Destaca que el lugar es seguro y tranquilo, “pero nosotros no estamos tranquilos nunca, porque si suena el teléfono, y más de noche, algo es… Pero por algo nos estamos quedando”.
Afirma que uno de los motivos que lo llevan a eso es que “Uno se siente útil ahí. De repente en las capitales sobre todo, los técnicos de la salud están desprestigiados, y allá (en Valentín) uno se siente útil, que es lo único que ellos tienen en cuanto a salud”.

Ramón César Soto La Greca, médico de familia y rural, hace 23 años está radicado en Pueblo Valentín, demuestra su compromiso con la salud rural, se siente útil en su entorno y lucha por mejoras en el ámbito.

Nació el 31 de octubre 1963, a sus 48 años está casado con Mariana Sosa. Tiene dos hijos, Constantino de 4 años y Macarena de 18 (de su anterior matrimonio).

Aunque los partos lo ponen “extremadamente nervioso”, fue justamente con un parto que inició su actividad en Valentín el 5 de junio de 1989.

Consultado acerca de los motivos que cimentaron su decisión por radicarse en el medio rural indicó “fue una decisión mixta, con un grupo de estudiantes cuando estaba cursando el cuarto año de Facultad de  Medicina, visualizamos que estábamos aprendiendo no en los canon que nosotros queríamos y veíamos que las herramientas que teníamos  que era el gremio de AEM (Asociación de Estudiantes de Medicina), tenía una problemática demasiado politizada, en cuanto a las disputas gremiales, reivindicaciones por la época en la que estábamos- recién salíamos de la dictadura- y la metodología de aprendizaje y la visualización de ver el paciente en un sentido integral, nunca llegábamos a poder plantearlo.

Hasta que con un grupo decidimos juntarnos, y empezar a escribir, y volar, y volar… y fuimos quedando pocos porque era demasiado volado, y parece mentira, pero se dio, después de muchas reuniones, discusiones, también era un grupo (donde) éramos todos  gremialistas, dirigentes de sus respectivas listas, entonces no era fácil ponernos de acuerdo. Pero se logró un producto fortuito, que fue aceptado por las diferentes autoridades, por el rector de la Universidad, por el decano de la Facultad, y teníamos un grupo de médicos en Paysandú que estaban de acuerdo con esa aventura, y el decano dijo “es un brindis por la locura esto”.

Estábamos en la parte semiológica-recuerda- (es cuando se empieza a tener contacto directo con el paciente), uno quiere creer que lo que ofrecimos en ese momento fue de aporte, porque se dieron cambios en los programas, incluso en la metodología de aprendizaje que era por lo que nosotros peleábamos.

No podés tener un médico diferente, si no tenés una formación diferente, y nos vinimos a Paysandú, y aprendimos mucho de los hoy en día colegas de Paysandú y de Salto- iban médicos como los doctores Campos, Villar, Preve, Andrade, entre otros. Teníamos una actividad, que el grupo la consideraba curricular, no puntuaba, pero para el grupo sí, que era una actividad obligatoria en sectores castigados por la realidad social, ahí aprendimos mucho, de que a veces uno avasalla como técnico a una persona o un grupo de personas y en realidad es mucho más lo que le dan que lo que uno aporta.

Eso fue el aprendizaje y yo dije; “esto en algún lado lo tengo que plasmar”… y bueno, había un proyecto que nos íbamos del país justamente porque en ese momento nosotros veíamos que la salud estaba muy mercantilizada. Fue una propuesta de ir a hacer un postgrado en otro país, con modelos asistenciales diferentes, se trancó, por disputas políticas no nuestras y en ese interin cae la propuesta de Valentín que estaba sin médico residente y entre mis amigos, mis compañeros de Paysandú, los docentes, todos van haciendo un collage y mi familia, mi padre era una persona que siempre me empujaba en la vida a hacer las cosas que uno tiene que hacer, fui sin tiempo y me fui quedando, hace veintitrés años que estoy. Entonces claro, es un hecho que me vinculen con el interior”.

Aunque su familia es salteña admitió que de ruralidad no conocía nada “no sé ni andar a caballo hasta hoy en día, ni la costumbre, ni la cultura rural”.

¿Cómo es un día del Dr. Soto en Valentín?

“Lo que pasa que la demanda asistencial es muy importante pero la gran ventaja es que tenemos la familia toda junta, ella (señala a su esposa), es enfermera, trabajamos juntos. Si viviera en la ciudad tendría que trabajar diez, doce horas, no podría estar con mi hijo, yo tengo otra hija de mi anterior matrimonio que se crió en ese entorno, hoy está estudiando medicina. Pasó la etapa que se fue de allá, que odiaba la zona rural y ahora está volviendo…

Arrancamos la policlínica a las ocho, el grueso de la atención es en la mañana, pero, hay gente que viene de lejos (por ejemplo de Pueblo Quintana) y no llega en el horario de la mañana, entonces no podés pretender que lleguen antes de las doce”.

Aunque el horario de atención está previsto “no sabe decir que no” y atiende siempre que se lo necesite, ya que vive en una casa contigua a la policlínica.

Destaca que el lugar es seguro y tranquilo, “pero nosotros no estamos tranquilos nunca, porque si suena el teléfono, y más de noche, algo es… Pero por algo nos estamos quedando”.

Afirma que uno de los motivos que lo llevan a eso es que “Uno se siente útil ahí. De repente en las capitales sobre todo, los técnicos de la salud están desprestigiados, y allá (en Valentín) uno se siente útil, que es lo único que ellos tienen en cuanto a salud”.

Ser médico rural debe ser considerado una especialidad

Por accesibilidad, los residentes del kilómetro 30 (de la ruta 31) en adelante, por consultas “van allá”, la cantidad de pueblos que abarca para atender, es muy amplia, ya que no hay médicos residentes para aquella zona.

Soto es médico de familia, actualmente es el presidente  de SOMERUY (Sociedad de Medicina Rural del Uruguay), y lucha para que se considere al médico rural como una especialidad .

“Los países que han logrado un desarrollo humano-rural acorde, es donde tienen la medicina rural como especialidad, un médico rural es una especialidad porque no es cualquiera que aguanta, incluso los médicos rurales tenemos un perfil propio, como lo tiene un cirujano, un anestesista, que tienen ciertas características y un ámbito de trabajo, lo que pasa es que en nuestro país no está considerado una especialidad. Hay cosas que uno aprende, por supuesto que ser médico de familia ayuda mucho para trabajar en una zona rural, porque uno tiene que trabajar con el entorno, con el ambiente, tratar de educar para la salud y vivir en sintonía, vibrar con la comunidad que le toca, sufrir con las cosas que sufren.

Acá la gran diferencia es que uno cumple su labor más por el compromiso con la comunidad, estamos peleando con la Sociedad de Medicina Rural para que se considere, si no es como un postgrado, (que sea como) una especialidad, una maestría, una diplomatura, porque por algo nadie quiere ir para la zona rural, son muy pocos los médicos rurales, no es un tema económico, también no es solo una decisión personal, uno se pierde amigos, se pierde todo (por radicarse en el interior)  y se pierde esta carrera vertiginosa de lo que es la ciudad, en colocarse social y laboralmente, no está previsto una carrera funcional para los médicos rurales, que es por lo que estamos peleando”.

APORTE A LA COMUNIDAD

Junto a su esposa llevan adelante un programa de apoyo y educación para adolescentes para el cual se prepararon debidamente, la iniciativa surgió teniendo en cuenta que ni el sistema de salud, ni el sistema de educación estaba evacuando las dudas de los adolescentes que iniciaban su vida sexual muy precozmente sin conocer los riegos, y la gran ventaja es que cuentan con el apoyo de los padres que fueron adolescentes y ya conocen su metodología de trabajo.

“Entendiendo la salud con un sentido integral uno trata de no atender la enfermedad sino que en ese proceso de salud enfermedad ahí en la zona rural uno tiene esa posibilidad, no de experimentar, pero sí de programar, de planificar  y decir “bueno no vamos  a hacer esto” y eso impacta, de forma positiva o negativa, pero el impacto lo ves. Por ejemplo, hemos trabajado con adolescentes porque vimos que había un hueco en salud sexual y reproductiva, había una política del ministerio (de Salud Pública) de la prevención del embarazo adolescente, pero en la zona rural visualizábamos que muchos de los embarazos adolescentes eran deseados, porque los procesos biológicos son diferentes a los de la ciudad, tienen otros objetivos. Entonces nosotros no podíamos inculcarle cosas porque había un programa, lo fundamental era escuchar lo que querían. En ese sentido, tratábamos de prevenir patologías muy frecuentes en las zonas rurales como son hipertensión, trastornos en el metabolismo de los lípidos por las dietas y la escasez de actividad física programada en la mujer, hemos promovido la huerta orgánica para utilizar los tiempos libres de la mamá que quedaba con los niños y cuidar el entorno ecológico y los recursos”.

El Programa “Salúdame”

Hay un proyecto que se llama “Salúdame” es un videojuego para las xo (ceibalitas), que fue diseñado por un holandés que estuvo viviendo seis meses en Valentín, y vino a Uruguay para elaborar su tesis, es Ing. Biomédico. Al año de  estarsaludame.jpgrecibido, presentó un proyecto para venir al país para trabajar en prevención y promoción en salud, se trata de un juego donde tiene una biblioteca digital con hábitos saludables, para ganar en este juego el usuario  debe mantenerse sano, no permitiendo que su personaje se enferme porque sino deberá volver a empezar (dentro del mismo, la caricatura del médico es precisamente el Dr. Soto), este programa ya ha sido puesto en práctica, aunque “ahora empieza una adecuación de los maestros para que lo puedan enseñar, y ese juego vincularía a la escuela con el sistema de salud”.
¿Que es lo más difícil que le ha tocado hacer como médico?
Hay algo que me pone extremadamente nervioso, que son los partos (risas) y lo que más me  preocupa son las emergencias, es una zona de alto riesgo, añadió el entrevistado.