Renée Margarita Díaz Sartou: Maestra por convicción desborda su amor a los niños

Fue maestra, inspectora departamental y locutora de Radio Cultural. Nació el 14 de octubre de 1943, quería ser abogada, pero el contacto con los niños le despertó la pasión de ser maestra. Dentro de la docencia destacó por realizar especializaciones, en la rural se volcó a la etapa de perfeccionamiento, de directores e inspectores. Está casada desde hace 42 años con Luis Chiappini , tiene 3 hijos y 5 nietos, el mayor, Francesco, juega en Liverpool de Montevideo, Alan de 16, una nieta Agustina y “los dos chiquitos” de 12, Lucas y Ángelo. Entiende que la mayor riqueza de ser maestra son sus alumnos, que hasta hoy la reconocen hasta por teléfono.
Con voz pausada, y la calidez de una auténtica maestra de escuela narró a EL PUEBLO parte de su vida y su trayectoria.
Fue maestra, inspectora departamental y locutora de Radio Cultural. Nació el 14 de octubre de 1943, quería ser abogada, pero el contacto con los niños le despertó la pasión de ser maestra. Dentro de la docencia destacó por realizar especializaciones, en la rural se volcó a la etapa de perfeccionamiento, de directores e inspectores. Está casada desde hace 42 años con Luis Chiappini , tiene 3 hijos y 5 nietos, el mayor, Francesco, juega en Liverpool de Montevideo, Alan de 16, una nieta Agustina y “los dos chiquitos” de 12, Lucas y Ángelo. Entiende que la mayor riqueza de ser maestra son sus alumnos, que hasta hoy la reconocen hasta por teléfono.
Con voz pausada, y la calidez de una auténtica maestra de escuela narró a EL PUEBLO parte de su vida y su trayectoria.
¿Cómo inició su carrera?
Mi familia se integraba por mis padres y tres hermanos, como cualquier chiquilina fui a la escuela- Nº 3-  después fui al liceo Osimani y Llerena, hermoso liceo… el único que había y en aquellos años si tenías buena nota  pasabas de cuarto año al Instituto Normal Salto, que entonces no era oficial, era la Asociación Magisterial que lo había abierto para ayudar a que estudiaran magisterio en Salto. Entré allí en el año 60. Entonces se pedía al gobierno que se oficializara, porque era particular y se logró. El Estado decidió crear el Instituto de Formación Docente, el actual, que cumplió el año pasado 50 años, y allí estuvimos como alumnas fundadoras.
¿Sentía que tenía vocación para ser maestra?
Siempre jugaba a ser maestra, en aquella época los juegos de niños eran muy sencillos, siempre con  las amiguitas de la cuadra poníamos  alumnos y uno hacía de maestra–yo hacía de maestra” recuerda Renée con gracia. “A veces hacía de alumna, pero me encantaba hacer todo lo que hacía la maestra, incluso jugábamos con esas piedritas muy bonitas que encontrábamos, y hacíamos la fila de la escuela y adelante la maestra y la directora.
Pero en realidad no sabía cuál era mi vocación, mamá siempre decía ‘tenés que estudiar’, y creo que era ella la que más quería (que estudiara magisterio), a mí me gustaba, pero quería ser abogada, pero para eso tenía que ir a Montevideo, y ahí se me cerraron las puertas. Luego  encontré que estaba bien, y cuando entré, ¡me encantó!, vi que era lo mío, ese contacto con los niños me apasionó, además el grupo humano con las compañeras… era otra forma de encarar todo, los profesores estaban muy junto a los alumnos. Fuimos una generación muy privilegiada con grandes profesores tanto en el liceo como en el instituto.
¿Cuál fue su primer trabajo como maestra?
Al recibirme fui a una escuela rural, donde no sabía ni dónde estaba (se ríe), en Zanja de Alcain. Don Ramón (Vinci) me enseñó dónde quedaba, era el intendente y en ese momento estaba trabajando con él porque en el interín donde  se pedía la oficialización del instituto mis compañeras me mandaban a la radio a hablar, porque me destacaba en la lectura, me daban los papeles y yo iba a la radio a leer, y en una de esas idas, el director que era Don Ramón Vinci dijo que quería que fuese locutora, en ese momento no contesté nada, pero una compañera (Margarita) decía que sí, llegué a mi casa, lo comenté  y mamá me dijo ¡Qué esperanza, ni sueñes!, y a mí ya me había gustado, tenía 17 años. Yo lloraba, despacito, en los rincones de vez en cuando hasta que mamá me dijo que fuera. Empecé, no sabía nada, pero tenía la voz, me adapté y estuve hasta que me recibí.
La escuela quedaba en el camino entre las Termas del Arapey y Colonia Lavalleja. Cuando fui inspectora me tocó cerrar la escuela…, con una tristeza enorme, porque la había visto abrir.
¿Cuáles fueron las siguientes?
Luego empecé a dar concursos, me presenté a un concurso para directores, empecé mi carrera siempre de directora. Fui directora efectiva en  la escuela Nº 34 de Pueblo Biassini, después vine a la 16 de Parada Herrería, ahí ya había hecho la especialización  rural, después me trasladé a la 14 de Barrio Albisu y vino la destitución. Las primeras destituciones del gobierno militar en Salto fueron 14 directores y entre ellos estaba yo. Yo estaba embarazada de mi hijo más chico (Alexandro), recuerdo que lloré todo un mes, fue el 8 de marzo, y el 8 de abril nació mi hijo, y nunca más me acordé que era maestra, para mí mi hijo fue lo más importante, crié a mis hijos, tenía dos más, y por 9 años me dediqué a ellos  y volví a la radio que por ser maestra rural había tenido que dejar.
Con la democracia volví sorteando todo, porque había hecho especialización de directores, di concurso de director, tenía las etapas prontas, me había ido bien y entonces cuando terminé, nombran a una compañera inspectora departamental y ella dijo que no. Enseguida me hablaron a mí. Siempre fui muy audaz y me fue muy bien, fue una experiencia linda, la meta siempre fue recibir a todos los maestros como a mí me gustaba que me recibieran y eso me dio mucho éxito en la relación con los maestros.
¿Cuál fue su mejor etapa?
Todas las etapas fueron lindas. Pero cuando fui a dar el concurso de directores estaba embarazada (de Giovani su segundo hijo), y tenía que terminar la etapa, porque después que naciera ese niño yo no iba a estudiar más, había que ir a Montevideo, fui en avión, con el bolsito pronto porque podía nacer, di el examen con los dos bolsos al lado, el mío y el del bebé. Logré llegar a Salto y ese día nació.
¿Todos los embarazos se dieron en un momento particular?
Sí, cuando Luigi el mayor, tenía tres meses fue en la época cuando las cámaras se disolvieron. Recuerdo que escuché en la radio que los militares habían roto las cámaras-el golpe de Estado- yo lloraba y pensaba. Qué será del Uruguay ahora, qué será de esta criatura.
Después volvió la democracia, ¡qué alegría!, al otro día todos volvíamos a los cargos que nos habían sacado, yo tenía todas las direcciones de Salto para elegir, y elegí mi barrio (Malvasio), al lado de mi casa.
¿Qué es lo que más extrañó de su labor al jubilarse?
Me jubilé el último día del año 1996, lo que más extrañé fueron  las visitas a las escuelas rurales, es lo más bonito, los niños, los maestros. Era la expectativa todas las semanas, saber a qué lugar iría.
¿Tiene alguna materia pendiente?
Sí, manejar autos, si bien aprendí a manejar, me pongo tan nerviosa que no puedo. Mi padre siempre tuvo auto, pero decía que las mujeres no manejan. Mi hermana y yo fuimos víctimas de eso y quedamos traumadas, tenés ese miedo de matar alguien.
¿A qué dedica su tiempo libre hoy?
Actualmente soy fiscal de la Cooperativa (COVIFOEB, COVISUNCA) donde vivo, y me siento orgullosa de vivir allí, al punto que si me regalan una casa no me voy.
Estoy escribiendo la historia de la cooperativa porque es muy rica, trabajamos en la época de la dictadura.
Además tengo mi amor, que es la historia de Salto, tengo mucho escrito, pero todavía me falta y a veces pienso; ‘tengo 70 años, me puedo morir, tengo que apurarme’, pero me animó mucho mi hijo mayor que es profesor de literatura, que me dijo ‘no te aflijas mamá, vos escribí, cualquier cosa que  pase, yo te termino el libro’ (se ríe).
Renée comentó que mucho material consiguió cuando trabajaba en la radio donde tenía un programa que se llamaba “Remembranzas”,  entrevistó a mucha gente y aún conserva las grabaciones. Tiene la historia de todas las escuelas, de todos los clubes de fútbol.
¿Qué  le diría a los maestros de hoy?
Los maestros son los mismos siempre, los de hoy son como nosotros, y queremos que sigan, que el alumno tenga ese cariño por su maestro. Les diría que tengan fe, que tengan confianza que frente a todas las dificultades  que existen hoy con los padres (no todos) que no comprenden, y hasta le pegan al maestro, que sigan creyendo en los niños, que de pronto detrás de una cara con problemas que te dice una mala palabra esconde que está sufriendo por algo, que investiguen, y de acuerdo con ello buscar una solución y que les den cariño, amor que es la llave fundamental en todas las relaciones humanas.






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