“Toto” Lorenzelli: una historia de vida que merece compartirse

Pedro María Lorenzelli Goncalves.

Con Pedro Lorenzelli (“Toto”) nos abrió su casa y con ello brotaron un sinfín de recuerdos, difíciles de incluir en su totalidad en este espacio, que recorren la geografía de su Isla Cabellos (hoy Baltasar Brum) natal, sus estudios en el Salesiano y en el IPOLL, su ida a Montevideo, su labor en el Poder Judicial y algunas de sus grandes pasiones, como el fútbol, la filatelia y la avicultura.

LA NIÑEZ EN ISLA CABELLOS

Nació en Cabellos, departamento de Artigas,  el 16 de setiembre de 1931. “Mi padre tenía un comercio y mi madre era lugareña, y teníamos una especie de chacra con tambo y producción de papas, cebollas, boniato, zapallos, sandías, melón, nada sofisticado, lo que se consumía en el pueblo”. Isla Cabellos “era un pueblo chico, pero de mucha importancia desde el punto de vista ferroviario, ya que la línea del Ferrocarril Midland se bifurcaba hacia Bella Unión  y hacia Artigas”. Había mesa giratoria, pasajes de vías por los dos lados de la Estación y “la llegada de los trenes era una fiesta del pueblo”, del que “conservo los mejores recuerdos: el galpón de piedras, el depósito del ferrocarril, la cantidad enorme de carros, carretas, la incontable cantidad de vagones, junto a los primeros camiones que iban apareciendo, para llevar mercaderías hacía la campaña”. Fue testigo de la primera llegada del motocar para pasajeros a Cabellos. En ese momento de su niñez “nuestro ídolo era Viviano Zapirain,  de Tomás Gomensoro, que había surgido como puntero izquierdo de primera línea y era el orgullo de los dos pueblos, porque teníamos mucha vecindad”. Rememora aquella época y lugar expresando que “con cualquiera que uno se encuentre, tenga 80 o 45 años, siempre recuerda con mucho cariño y con una ilusión cumplida toda su niñez de Cabellos”.

VENIDA A SALTO, GREMIALISMO ESTUDIANTIL Y UNIVERSITARIO

Su niñez pueblerina varió al venirse a la ciudad, en un lejano tiempo en el que no había pases de escuela a escuela, y había que ingresar en las condiciones en que la escuela (pública o privada) lo exigía. “Yo estaba en 4º año en la escuela de Cabellos y cuando vine a Salto me probaron en 1er. año del Colegio Salesiano, y como sabía dividir por dos cifras me pasaron a 2º año. El que me tomó la prueba fue Aniceto Bisio, quien le dijo al padre consejero que yo estaba medio adelantado para 1º y me pusieron en 2º año”. Cuando entró en el liceo (con 14 años y previo examen de ingreso) participó activamente en el gremialismo. “Teníamos una magnífica asociación (la “Osimani Llerena”), en donde se publicaba la revista “Adelante”, y en donde trabajamos mucho junto a grandes compañeros como Jorge Davis, “Quilili” Texeira, Neri Campos Pierri, Enrique Cesio, Benito “Tato” Solaro, Carlos “el pillo” Gelpi”. Cuando se fue a estudiar escribanía a Montevideo también trabajó en la asociación de estudiantes de notariado. En materia de actividad gremial universitaria “nosotros teníamos 10 mil matrices picadas de mimeógrafo, editábamos libros y apuntes, teníamos una oficina y un grupo de muchachos maravillosos, que trabajábamos como loco”. Recuerda que en el año 1958 (en donde se estaba discutiendo la ley orgánica de la Universidad que le daba autonomía y cogobierno) “habían asambleas todos los días, y yo integraba el Consejo Federal de FEUU, cuyo secretario general era Reinaldo Gargano”. En el momento de la famosa ocupación en pos de la ley fui nombrado para quedarme a ocupar y así lo hicimos”.

EL PODER JUDICIAL Y LA ESCRIBANÍA

En el año 1960 don “Toto” se recibió de Escribano Público y volvió a Salto en marzo del año 1962, cuando es nombrado actuario adjunto. Su ingreso al Poder Judicial se dio “cuando se jubiló el escribano Atilio D’Angelo y, en su lugar, fue nombrado Delmar Gonzalvez Brum. Entonces yo me presenté siendo el único que lo hizo. Permanecí en el Juzgado hasta octubre del año 1977, cuando fui destituido por la dictadura. En abril de 1985 fui repuesto y me jubilé en el año 1991″. Con orgullo y emoción expresa que “mi carrera de derecho para el ejercicio del notariado y mi fe pública fue adjudicada a la justicia, al servicio del Poder Judicial”. Le gusta mucho la política “pero como estaba en el Juzgado siempre tuve una latencia en mi actividad política y nunca fui candidato a nada, porque quería al Poder Judicial. Y cuando me restituyeron después de la dictadura yo quería con más razón volver al Juzgado”. Respecto a su rol como escribano indicó Lorenzelli que “tuvo un cúmulo lindo de clientes”, de los que tiene lindos recuerdos.

LA FAMILIA Y LA PROLONGACIÓN DE LA VIDA

Don “Toto”, como le dicen los amigos, se casó en el año 1964 con Miriam Lucas, luego de 13 años de novio. “Con ella nos conocimos en el liceo, y cuando yo me fui a Facultad coincidió que la familia de ella también se mudaba a Montevideo. Ella hizo la carrera de Odontología y se recibió en el año 1963. Tiene 3 hijos y 6 nietos. Marcos, el hijo mayor, es economista, hizo un master en Lovaina (Bélgica), y actualmente trabaja a la orden del BID (Banco Interamericano de Desarrollo), que lo becó para hacer una gerencia social en la ciudad de Washington (Estados Unidos) y cada tanto es llamado a alguna actividad. Vive en Montevideo, es casado y tiene un casal de niños. El segundo, Gustavo, es ingeniero agrónomo y trabaja como técnico en riego, está casado y tiene también un casal de niños. Y el menor es Bruno, escribano, que esta casado y tiene dos varoncitos, y está trabajando como actuario adjunto “full time” en la ciudad de Dolores. “Es lindo, hermoso y maravilloso tener hijos y nietos, pero además parece que se está cumpliendo el plan divino, es una cosa de la naturaleza. Esto le llena a uno de satisfacción, como que se siente casi con el deber cumplido y se puede ver el sentido de prolongación de la vida”.

La destitución en la dictadura

La destitución del Poder Judicial fue “un cimbronazo grande para mi vida, porque además de quedar sin trabajo, se le agregó la proscripción como ciudadano. El día que me destituyeron a mí, que era del grupo de la lista 99 de Zelmar Michelini, también lo destituyeron a José “Pinocho” Martínez, que era socialista. Cuando me tocó a mí me tocó por eso. Tuvimos la suerte de no ir preso, de no tener grandes persecuciones pero no éramos de la simpatía y no teníamos ni el carné A ni el B, andaríamos por el C calculo. Era un momento de miedo, en donde la gente tenía temor hasta de entrar al escritorio”. Pero la destitución también incluyó “la prohibición de ejercer la profesión en la escrituración que se hizo de las expropiaciones en Salto Grande, circunstancia que quizá la gente ignora, porque es medio difícil de creer que en una actividad civil como la de Salto Grande se hubiera intervenido”. Hubimos 7 escribanos que estuvimos en la lista negra, entre los que recuerdo a Edison Zunini, Dardo Pérez, Edelma Granello, Enrique Cesio, la escribana Malgor y yo”.

El fútbol: Atlético Amorín, Arsenal y la Liga Salteña

“El fútbol me gusta mucho y si no hubiera sido rengo hubiese sido un gran jugador porque me gustaba en serio y tenía cualidades desde niño”. Tiene muy presente que en la zona donde vivía, en calle Joaquín Suárez casi 19 de Abril, habían muchos muchachos y se organizaba un fútbol de niños y adolescentes, pero de 11 jugadores, que se jugaba en cancha grande”. Recuerda a un cuadro llamado “Boca” que era de la plaza de Deportes, al “Calle Rincón” (que utilizaba una camiseta como la de Chacarita de Argentina), el “Estrella Roja” (de los Vigil de Joaquín Suárez y Belén), y el de nosotros era el “Atlético Amorim” (que tenía la casaca celeste). “Nuestro equipo se formó en la esquina de calle Amorim y 19 de Abril, donde había una peluquería de Arévalo. Teníamos una canchita en los terrenos de la familia Guayta y con los muchachos de Guayta, Pratti e Invernizzi, cercanos a la casa de la familia Rampa, y de lo Franzoni, fuimos haciendo un cuadro de niños que se fue agrandando, y al final fundamos el Atlético Arsenal. “El color verde de la casaca era porque era un color distinto a los que habían en general y el nombre surgió de la sugerencia de Arístides Carballo (titular del Escritorio Larrañaga) que propuso dicho nombre en honor al cuadro de fútbol más antiguo, que era el Arsenal inglés”.

Nos contó también don Pedro que cuando volvió a Salto, en 1962, ingresó a la Liga Salteña de Fútbol, que tenía su sede arriba del Cine Ariel en calle Uruguay, y que “los 27 años de la Liga estuve de compañero con el escribano Irazoqui”. Evoca la tarea que insumió “lograr la casa de calle Brasil y la forma en que se pagó: se instrumentó que todas las entradas tenían un sobreprecio de 20 centésimos, hasta los abonos de entrada gratuita y con eso se compró la sede”.

La filatelia, la curiosidad y la belleza de los animales

A los 12 años empezó a juntar estampillas, y reconoce aprendió mucho de don Leonardo Shepard, “un hombre muy instruido y serio con el que daba gusto hablar con él, con mucha cultura, gran filatelista que me orientó mucho. Después que me jubilé le di un impulso grande a mi colección. Yo juntaba de toda América, después fui reduciendo, me quedé con el Cono Sur. Tengo muy buena colección de Chile hasta el año 1980, de Argentina hasta el año 1990, y de Uruguay sigo comprando los valores nuevos. Tengo prácticamente la colección completa de sellos aéreos, me falta algún valor nomás. La filatelia es una cosa exquisita que lamentablemente se ha dejado. Antes los muchachos del liceo, quien más quien menos coleccionábamos y nos cambiábamos y juntábamos de cualquier lado, había curiosidad, había otra cultura en el sentido de la costumbre. Pero hoy no se colecciona nada, estamos en la época del apuro y de esas cosas”. La filatelia es un “hobby extraordinario pero caro, porque hay que gastar mucho material, en catálogos, en los clasificadores; le llaman el hobby de los reyes, pero también es el rey de los hobbies”.

Otro de sus hobbies es la Avicultura. Se crió vinculado a la chacra. “A mí siempre me gustaron las aves, sobre todo de raza, y empecé a vincularme a algunos criadores”, entre los que se encuentran los grandes presidentes que tuvo la Sociedad de Fomento Avícola de Salto, como don Eduardo Zunini, Eduardo Cattáneo, Horacio Grassi, e hice amistad con el Dr. César Dondo, con Azambuja, con el Dr. Nicola Firpo”. “El primer pollo para gallo de un plantelito se lo compré a don Adolfo Peirano en una exposición que se hizo en el año 1945 en calle Amorín, en el galpón de Suparo”. Hace poco, en Paysandú, logró el “Gran Campeón” nº 183 de mi trayectoria con todas las razas, entre las que crié la “Plymouth Rock blanco”, la “Leghorn moreno” y el “Sussex Arminada”.