Trabajando por el Pueblo que lo vio crecer

Rodolfo Hernández, alcalde de Belén

Rodolfo Ariel Hernández Gómez (56), es el actual alcalde de Pueblo Belén. Oriundo de esa zona, de una familia numerosa que salió adelante con sacrificio, y con vocación de servicio a la sociedad. Estudió en la Facultad de Derecho, trabajó en la capital del país, y luego de 20 años, dejó su labor como Procurador (título intermedio que otorga la carrera de Abogacía), en la cárcel de Salto, para desempeñar la tarea que cumple con mucho cariño. Aunque no descarta la posibilidad de volver a candidatearse, porque tiene la convicción de que hay que dejar paso a la juventud, sí confirmó su continuidad en la política apoyando al actual intendente de Montevideo, Daniel Martínez, como precandidato a la presidencia en las elecciones internas por el Frente Amplio.

1- ¿Es nacido y criado en la localidad de Belén?
Sí, nací el 4 de enero de 1963 en Belén.rodolfohernandez

2- ¿Cómo estaba compuesta su familia?
Yo conocí a mi mamá, ya que mi padre falleció cuando yo tenía 2 años de edad y mi madre estaba embarazada de mi hermano menor, tengo ocho hermanos.

3- Desde entonces la vida no fue fácil…
No, mi mamá se dedicó a sacar adelante a la familia, con ayuda de tíos y mi hermano -que le seguía a mi hermana mayor- y tenía entonces 17 años, tomó el lugar de trabajo de mi padre que desempeñaba tareas en Vialidad, del Ministerio de Transporte y Obras Públicas y que, siendo muy joven, a los 43 años, sufrió un infarto, cayó de la maquinaria y falleció.
Además una tía que trabajaba en la Intendencia Municipal de Salto, llevó a mi hermana mayor a estudiar; ella se recibió de maestra y fueron los hermanos mayores los que sostuvieron la casa.

4- ¿Concurrió a la escuela en Belén y con sacrificio continuó sus estudios?
Sí, concurrí a la Escuela Nº 6 de Belén, que quedaba cerca de mi casa, hice hasta sexto año y yo quería ser abogado, por lo cual continué el liceo.
En Belén había UTU que era un organismo oficial del Estado pero no me servía, entonces concurrí el primer año a lo que se denominaba Liceo Popular, donde tu ibas, estudiabas todo el año, con profesores gratis, todo gratis y al liceo lo mantenía una comisión. Luego a fin de año había que rendir los exámenes libres, todas la materias el mismo día; y el 17 de diciembre de 1975, fui a dar los exámenes y salvé.
Pero ese año fue el último año que funcionó ese liceo, por lo cual al año siguiente se me complicó, ya que tenía una hermana que iba más adelantada y mi familia optó por darle a ella la oportunidad de ir al Liceo de Villa Constitución. Pero yo me había dedicado al estudio, era un buen estudiante y a los dos meses de haber comenzado las clases fui a hablar con el director de dicho centro educativo (Jorge Fernández Moyano) para pedirle ayuda. Así fue como conseguí y pude realizar segundo, tercero y cuarto año; viajábamos todos los días en la Onda.
Posteriormente cursé quinto y sexto año en el Liceo Nº 1 de Paysandú; tenía un hermano que vivía en ese departamento.
En 1981 fui a Montevideo a rendir el examen de ingreso a la Universidad pero perdí y ese año volví a Belén, hice algunas changas y en 1982 rendí el examen nuevamente, salvé e ingresé a la Facultad de Derecho de la Universidad de la República.

5- ¿Cómo fueron esos años en Montevideo?
Con el apoyo de Mons. Carlos Nicolini fui a vivir a la residencia de los Frailes Conventuales que fue una segunda casa, ahí me ayudaron mucho.
Estuve 7 años en la residencia, de los cuales 5 viví en Canelones y Cuareim, luego estuve 2 años por Calle Maldonado, entre Zelmar Michelini y Gutiérrez Ruiz, en la que se llamaba la Casita del Barrio Sur, esa propuesta tenía una tarea de extensión universitaria que era poder trabajar con los niños de ese barrio (Sur). Mi tarea como estudiante de derecho fue por 4 años ir a trabajar al Cantegril; un trabajo difícil pero muy lindo que fue en la casa de un cura. Allí cumplía una función social y desempeñando mi labor, conocí a un abogado (Pedro Algorta) a quien le planteé un problema de ese barrio.

6- Entonces comenzó otra etapa; con un trabajo que le abrió otras puertas
Luego de algunas entrevistas le planteé al Dr. Algorta que económicamente estaba difícil poder estudiar, por lo cual éste profesional me indicó que estaba trabajando en el proyecto Santiago Vázquez, cuando iba a abrir el Comcar, me dijo que me preparara, ya que él iba a ser director de uno de los centros y me iba a llevar a trabajar.
A mi me gustaba mucho la idea, sabía las miserias humanas luego de mi experiencia en el cantegril, y así el 1° de febrero de 1987 entré a trabajar en el Comcar como agente de segunda PA (Policía Administrativo) pero ejerciendo mi cargo de procurador.
En el año 1991 pasé de mi cargo de administrativo al escalafón profesional y ahí hice mi carrera en la Dirección Nacional de Cárceles que hoy es el Instituto Nacional de Rehabilitación (INR).

7- ¿Cómo continuó su labor en este sector?
Hasta el año 1994 estuve trabajando en Santiago Vázquez y me vine en comisión a la Jefatura de Policía de Salto, cuando era el Esc. Luis Alberto Avellanal el Jefe de Policía, me mandaron a una oficina de Relaciones Públicas, pero luego de las elecciones -ganó el Partido Colorado- y lo nombraron Jefe de Policía de Salto, al Dr. Daniel Borrelli, quien a los dos o tres días de asumir el cargo me trasladó a trabajar a la Cárcel Departamental y allí trabajé 20 años.

8- ¿Cuál era su tarea?
Era Procurador, asesoraba a los reclusos; era el psicólogo, el psiquiatra, la mamá, el papá el sacerdote y el pastor (bromea) y asesoraba en la parte legal a los directores; generalmente al director del establecimiento.

9- ¿Cuándo surgió la idea de postularse a alcalde?
Cuando llegó la época electoral y algunos vecinos consideraron que podía ser alcalde, pedí el retiro de la Policía y luego el pueblo entendió que tenía las condiciones para ocupar este cargo y es donde estoy. Es un trabajo que hago con bastante cariño y esfuerzo, es lo que me gusta; era una convicción que la traje de los frailes que siempre nos decían que en el Uruguay -además del esfuerzo de nuestras familias- tenemos el privilegio de estudiar gratis y muchas veces no le devolvemos a la sociedad lo que nos da y era mi compromiso.

10- ¿Qué es lo que más destaca de su labor como alcalde?
Mi trabajo es precioso, hay días de alegría y también de tristeza, pero es lindo. Lo principal para mi es la honestidad, la sinceridad y en este sentido hago hincapié en algo que es básico y es algo por lo cual el Uruguay no mejora y le va a seguir costando, que es el famoso acomodo político. Eso le hace daño al país. Procuro que el gobierno sea cristalino, en el municipio no se esconde nada, todos tienen acceso a la información, a los concejales se les informa todo. Estoy terminando el gobierno y estoy contento, tengo dos funcionarios que quedaron porque se sortearon para uno de los trabajos grandes que se hizo (saneamiento de la zona del cerro), esos muchachos fueron recontratados porque eran por 3 o 4 meses, hasta que llegó un momento que al haber cumplido 18 meses de ese contrato, quedaron como funcionarios trabajando en el municipio.
Hace una semana fui a Montevideo a traer un camión 0Km para este municipio, dentro de dos meses espero tener un camión utilitario, por otra parte este año espero concretar una preciosa obra que es poder cambiar el techo del gimnasio municipal; es una obra que supone una inversión aproximada de 1,5 millones de pesos que a través de una propuesta que hicimos con OPP nos va dar, y además otro convenio con OPP es el sistema nacional de cuidados que es una casa de cuidados para niños en el pueblo que este año debería salir. Hay muchas obras chicas, por ejemplo un alumbrado público que quedó del gobierno de los compañeros que tenían una propuesta de iluminar una zona de la costanera, que no se pudo concretar y es un compromiso para este gobierno, ayer llegaron las 12 columnas que faltaban y están para colocarse.
Asimismo tenemos varias obras que son importantes para la gente como por ejemplo hacer un arreglo en el Parque Gabinito, eso lo vamos a hacer por convenio con el Ministerio de Turismo, entre otras cosas.

Hoy por: Por: Sara Ferreira