Tras 35 años de trabajo Orfilia Cantos: la R.N. es mi segunda casa

Una tarde pasé por su casa y la encontré merendando y arreglamos para charlar un domingo en la Regional Norte, ya que tenía que trabajar en función de que se desarrollaba el Congreso Nacional de Ediles y era necesaria su presencia en la atención de la portería del edificio central de nuestra alta casa de estudios. De andar pausado, con su voz levemente vinculada a la frontera, no elude decir el gran dolor que no hace mucho le causó la partida física de un gran compañero de trabajo. Para los que no frecuentan muy seguido el edificio central de la Universidad en Salto, solo les bastará visualizar a una dama a su ingreso, que cortésmente se pondrá a su disposición, y para los que concurren a diario basta solo preguntar por Orfilia.

EN CABELLOS: FAMILIA HUMILDE Y NUMEROSA

Orfilia Cantos nació en Baltasar Brum el 29 de mayo de 1945, cuando aún a dicha localidad se la denominaba “Isla Cabellos”. Su familia estaba constituida por 15 hermanos que se criaron todos juntos. En Cabellos “teníamos una casita muy humilde, pasé mucho trabajo en mi vida, esos años fueron muy duros. Era una casita de lata, de chapa, en donde vivíamos todos juntos, aunque de noche salíamos y dormíamos algunos en las casas de mis tías, o de algunos vecinos”. Sus padres trabajaron en el campo y recuerda “que la diversión de nosotros era ir a ver  motocar y el tren que llegaban a la estación ferroviaria del pueblo”. Hasta los 6 años estuvo en Brum y “después mi madre me dio para la familia de don Enrique Barreneche y doña Iba Porto, que no tenían hijos, que vivían en el edificio de 4 pisos ubicado en calle Artigas y Larrañaga.

Ellos me criaron hasta los 13 años”. La partida de su Cabellos natal “fue muy triste porque yo dejaba a mi madre y a mis hermanos, y no los veía nunca, ya que durante esos años habré estado con ellos una o dos veces. La familia Barreneche me crió bien pero ellos eran muy estrictos y en ocasión de un viaje largo que hicieron me mandaron de nuevo a Brum y de ahí ya no volví más para Salto”.

Trabajó en un lado y en otro siempre en las estancias de la zona como cocinera o limpiadora, “pero también realicé tareas propias del campo como ordeñar, aunque las vacas me daban cada patadas y me tiraban porque usaba un banquito para sentarme. Y andar a caballo también. Luego me vine definitivamente a Salto, y me instalé en el barrio Mi Tío”, en donde tiene su vivienda, que era de sus suegros. “Trabajé en varias casas de familia como lo Gaudín, Correa, Mattos entre otros”.

SU FAMILIA Y SAN EUGENIO

Tiene dos hijos: “ellos ya tienen su vida hecha y han conformado su propia familia”. Tiene 4 nietos: 2 nenas (de 11 y 15 años)  y dos nenes (de 14 y  18 años). “Es una alegría ser abuela y mis nietos para mí son todo”. Con orgullo expresa que esa se llama Orfilia Cantos de Suárez, y que hace “37 años que está casada con Andrés Suárez Ximénez, que es un compañero de la vida, y nos llevamos bien, somos muy compañeros. El es jubilado de albañil y policía”. Unos de los aspectos peculiares de esta “universitaria” es su vínculo afectivo que la vincula  al “Sportivo San Eugenio Fútbol Club”. Cuando se vino a Salto ya estaba el “famoso San Eugenio y mi casa está a media cuadra de su sede social. Me hice hincha porque me empecé a vincular con la gente del club, me invitaron, un día fui y me gustó. Voy todos los partidos, llueva o truene, junto con una compañera mía: Aurora. Hago de todo un poco y ahora que estamos en la (divisional) “A” más, porque el santo es un club muy querido para mí”. Dentro de poco va a comenzar a ayudar, junto con su esposo, en las obras que se proyectan.

TRABAJO EN LA REGIONAL NORTE

El 1º de junio de 1975 ingresó a trabajar en la Regional Norte de la Universidad de la República. “Entré porque mi esposo era policía y hacía guardia en el viejo edificio de la Universidad y se enteró que necesitaba gente para trabajar, ya que en ese tiempo (de dictadura) no había concurso. Entonces hablé con la Dra. Teveneth (que era la directora), llené un formulario y tuve como prueba limpiar en una semana el edificio de calle Artigas 1251”.

En los comienzos la realidad de esos tiempos mostraba a una Universidad en donde se establecía mucho el tema de la disciplina en el trabajo, “yo entraba a trabajar a las 10:30 hasta las 14:30 y luego de 18:30 a 22:30 horas. El sueldo no era mucho (250 pesos) y lo primero que hice fue comprarme una heladera, que todavía funciona en mi casa. Nunca tuve un problema, nunca tuve una suspensión, sí me han corregido algunas cosas. En los comienzos lo que más funcionaba era la Facultad de Veterinaria y los porteros eran todos militares, y si venías con el pelo largo te hacían dar vuelta para atrás y cortártelo, porque así no se podía concurrir a clases”.

Recuerda algunos de los directores que han pasado: “Galliazzi, el Dr. Arrambide, Irigoyen, Olmos, Cafaro”. Relata que “Cafaro era buenazo, yo le hacía la comida, el café, le tendía la cama, porque los docentes vivían o pernoctaban en las habitaciones que había en la planta alta”. Se dedicaba a arreglar esos dormitorios, lavar y planchar, servir el desayuno. “Habían 7 dormitorios con más de una cama, que estaban llenos y nosotros ordenábamos a los docentes en cada uno. Recuerdo que en la pieza Nº 6 habían 4 camas en la que pernoctaban las profesoras María Celia Corral, Dora Bagdassarian, Mabel Rasines del Campo y Blanca Olmos”.

LA REGIONAL ES MI SEGUNDA CASA

Estos 35 años de trabajo en la regional la ha transformado  “en mi segunda casa, es muy importante. Acá aprendí a tratar con la gente, tener un buen trato con todos, tanto estudiantes como docentes, y he brindado todo lo que pude, y me siento muy contenta. Pienso trabajar algunos años más y jubilarme, pero todavía no quiero hacerlo. Tengo cierto temor por lo que haré cuando deje la Universidad. Además he hecho muchos compañeros y amigos, que han pasado, con los que no he tenido casi problemas y creo que me aprecian mucho”.

Hizo referencia a algunos de esos compañeros, como “Benilde (Saldaña), Lupi (el “Tito” que hace poco falleció), Pedro (Rivas), Walter Sánchez, y hay gente que ya no está como Díaz, Porto, entre otros. Cuando nos trasladamos al actual edificio empecé la tarea en la Portería, en un local que es muy lindo”. Reconoce que hay muchas cosas que aún tienen que mejorar para que los funcionarios trabajemos mejor. “Me gusta mucho trabajar en la Universidad porque formar parte de esto para mí es una satisfacción, conocer gurises que vienen a estudiar de distintos lugares de la región. Siempre uno trata de darles una manito, de alentarlos en lo que uno pueda ayudarlos, uno siempre está dispuesta a dar lo que esté a mi alcance. Para mí es una alegría estar acá, más cuando veo que terminan sus estudios y no te olvidan, siempre te recuerdan y agradecen haberlos escuchado e incluso aconsejado.

ALGUNAS ANÉCDOTAS Y LA RELACIÓN CON BAGDASSARIAN

Recuerda mucho al Prof. Eugenio Cafaro (ex director hoy fallecido cuyo nombre lleva el Aula Magna del edificio central), quien fue una persona muy importante, “era serio y muy amable”. Con don Pedro Rivas (ex compañero hoy jubilado) “tenemos muchas anécdotas y le dolió mucho la muerte de un querido amigo de trabajo: el “Tito” Lupi. Fue una persona muy especial, que me enseñó muchas cosas. Me enseñaba muchas cosas que yo no sabía, y fue un compañero al máximo”.

En capítulo aparte destacó la figura de la Profesora Dora Bagdassarian, por quien Cantos tiene un especial aprecio. Desde que comenzó a dictar cursos en Salto, la actual decana de la Facultad de Derecho, y por un tiempo directora de la misma, “tuvo un excelente trato conmigo, yo la quiero mucho, ella sabe porque yo se lo he dicho y me ha tratado muy bien cuando estuvo en la dirección. El día que se fue como decana me dio una tristeza tan grande, porque ella me dio quizá todo el apoyo que ninguna dirección dio. Lamentablemente uno se crió sin la compañía de los padres y ella me ha dado todo ese cariño que capaz me faltaba.

NUNCA ES TARDE: LA ESCUELA DE NOCHE

Orfilia, en su niñez nunca fue a la escuela. “Nunca me mandaron. Empecé a ir a la escuela cuando entré a trabajar en la Regional Norte, de noche y terminé todos los años. Concurría de 7 y media a 10 y media de la noche a la escuela nº8. Ya era mayor, tenía 29 años y ya tenía a mi hija”. Tanto Carmen Carcabelos, como en la propia la Universidad “me ayudaron mucho para que fuera a primaria, pero yo ya sabía leer y escribir. Me anoté en la escuela nº8 y de noche empecé a ir e hice hasta 6º año. Éramos todos mayores, me costó un poco pero la maestra era excelente. Aprontaba mis cuadernos e iba con gusto por la tardecita, y me dieron el pase para el Liceo Ipoll pero no seguí porque con el trabajo y mi hija chica se me complicaba”.

A MANERA DE COLOFÓN

Como se indica al comienzo, en la oportunidad del diálogo con Orfilia Cantos, ella hizo un alto en sus tareas luego de lo cual nuevamente se adentró en las mismas desde el sector portería de la Regional. Y de esa forma sigue dándole a su segunda casa el tiempo y la oportunidad de permanecer activa, agradecida por todo lo que le da,  pero sabedora de que deja en cada encuentro con estudiantes, profesores y profesionales, una oportunidad única de seguir comulgando diariamente en un ámbito en el que era muy difícil proyectarse desde aquella Isla Cabellos de mitad del siglo pasado que la vio nacer, en una humilde casa de chapas.

Hoy por:

Wenceslao Landarín