Un agradecido de la vida

Un agradecido de la vida

Con el “Negro” Daniel García, tocó 25 años el redoblante en Punto y Coma y es de Dublín Central “hasta que la muerte lo separe”

El recuerdo emocionado de su padre, el orgullo por sus tres hijos, el encanto inconmensurable de ser abuelo de Nacho y Delfina, los “parientes” de Dublín Central, la murga Punto y Coma del alma, los amigos de siempre, el bar, los comercios de toda la ciudad que recorre cada día para vender sus cigarrillos, la alegría de estar vivo a los 56 años y tener mucho para contar. Y sobre todo el redoblante, que desde hace 25 años no deja de tocar y que lo acompañó en su murga desde el primer momento desde la infinidad de ensayos en el Club Fénix, hasta el teatro de verano Víctor Lima, los glamorosos desfiles por el centro y los corsos de los barrios.
Sencillo, afable, cordial y sensible, así es Daniel “el Negro” García, alguien que es parte indisoluble del paisaje cotidiano de la ciudad, cuando recorre en su vehículo muchísimos de los comercios de todos los barrios con su venta diaria.

¿Nació y vivió casi toda su vida en el Cerro?
Sí, prácticamente que sí. Al año que nací nos mudamos a Chiazzaro 985, que es mi casa paterna. Pero cuando me tocó ir a la Escuela fui a la de los “Curas” (Colegio Salesiano), fui once años y después hice cuatro años de liceo, pero como quedé repetidor en cuarto me aceptaron igual, cuando antes no aceptaban repetidores, porque como había ido toda la vida ahí. Era divino aquello, éramos todos varones, pero eran otras épocas, había más solidaridad y generosidad que la que seguramente hay ahora por los propios tiempos porque mirá que en ese momento éramos toda gente de padres trabajadores que hacían un sacrificio para mandarnos al colegio.

¿Cuándo comenzó a trabajar en la calle visitando comercios así como se lo ve ahora?
Yo empecé a trabajar con “Papino” (Rúben Ciocca), hacíamos repartos y un día una cliente quería uno de los cigarrillos que él vendía, entonces me mandó a mí a llevárselo porque él ya no quería trabajar más distribuyendo esa mercadería y así empecé. Luego Trincavelli me dio los clientes que tenía y empecé a ofrecer todos las marcas de cigarrillos y ahí armé un reparto.

¿Ahora trabaja con su hijo, lo ayuda para continuar el negocio?
Sí, él me ayuda, pero más que nada por temas de seguridad. Hubo un día que me robaron una caja entera con cartones en la esquina de la cancha de River Plate, (Orestes Lanza y Treinta y Tres), pero alguien solidariamente lo corrió y lo detuvo. Entonces mi hijo anda conmigo y en eso reforzamos la seguridad.

¿Ha cambiado el tema de andar con plata en la calle?
Claro que ha cambiado, aparte que nosotros seguimos con la mentalidad pueblerina de que no va a pasar nada. Uno llega a un comercio y el bolichero le está pagando al cobrador delante de todo el mundo un montón de plata en efectivo manejándola ahí nomás. Esas cosas no pueden ser, solo acá pasa todavía. Incluso cuando hubo una ola de asaltos, fuimos advertidos que en las escuchas telefónicas que hicieron los investigadores para capturar a los delincuentes, estos hablaban de un cigarrero, que no sabemos si éramos nosotros, pero uno hoy en día tiene que cuidarse.

La murga, la Punto y Coma específicamente, siempre fue parte de tu vida. ¿Cómo llegaste a participar?
Yo hasta ahora comparto la barra del Mono en la esquina de Julio Delgado y Guaraní, nosotros fuimos toda la vida al bar. Yo no era de mirar murga, pero mi tío el Toto Núñez salía en los Nueve Peloduros, mi padre salía en La Carcajada de Paysandú y muchos más eran murguistas, entonces tengo alma de murguero, entonces con el Milton (Trindade) y el Ramón Santana me dijeron vamos a hacer una murga. Y un día, me acuerdo como si fuera hoy, voy al Papa Frita (local frente al Liceo Nº2) y el Mono (dueño del bar) me dijo que iban a hacer una comida para fundar la murga y yo le dije textualmente: mirá que yo aunque sea llevo el estandarte. Y como yo siempre andaba tocando en las batucadas, me dijo el Cacho Tironi, Negro vos tocá el redoblante. Y desde la primera comida hasta hoy siempre estuve.

Ha cambiado mucho las exigencias para que salgan las murgas, ¿cómo ve esto?
Yo hace más de 20 años que no tomo, pero a mi me gustaba tomar. Y un domingo me tomé un vino con mi suegro y me fui para la casa de mi madre y ahí, me tomé un vino con mi padre (ahora fallecido) y me voy para mi casa. Cuando hago eso de pasada me quedo en el bar cerca del club de Tiro, que era un bodegón que le decían El Boyo, tomo otro vino y me emborraché, entonces me fui para mi casa y me acosté a dormir. Al rato golpeaban la casa porque parecía que se venía el mundo abajo y eran el Tronco Zanotta y el Nicolás Marín, me baño y me llevan al Club Fénix, cuando me voy a poner el traje ¿te acordás de William (un hombre que tenía síndrome de Down y que era muy conocido en Salto pero además era uno de los valores más importante que tenía la murga), tenía el mismo traje que el mío, y se puso el mío. Entonces me pongo el del, y me quedaba corto de todos lados, aún así subimos al escenario y ganamos. Hoy en día te ponés un traje así, y no pasas el mataburro.

William era parte de aquella Punto y Coma…
Sí claro, a William lo cuidábamos, nosotros lo vestíamos, llegaba de los tablados y él se bañaba y siempre con la misma ropa, entonces con el Julio Viera, el Chino y el Ney Santurio lo vestimos, era brillante, lo cuidábamos, no dejábamos que nadie le tomara el pelo, era brillante.

¿Cuántos años tocaste el redoblante?
Yo toqué 25 años el redoblante, hasta que mis gurises estaban grandes, ya querían ellos. Entonces un día les dije no toco más.
Y un día fui a ensayar un día y estaba dirigiendo la murga, Walter Silva y le dije que quería cantar y me probaron en la cuerda de bajo, pero volví a tocar el año pasado porque no había quién toque, era mediado de diciembre y me puse a tocar yo.
Pero este año ya apalabré a un gurí, que está en otra murga pero es hincha de la Punto y agarró viaje. Entonces el otro día estando en un comercio, un conocido me dijo cómo iba a estar la murga este año y le dije ‘mirá vamos a estar bien, se está armando, yo conseguí un gurí que va a tocar el redoblante’. Y sin saber que era yo el que tocaba, el tipo me dijo “menos mal que el que estaba se fue”. ¿Te das cuenta? Me mató y no sabía nada.

A esta altura, más allá de la murga, te conquistan más tus hijos y tus nietos.
Mis hijos crecieron con el tema de la murga. Yo tengo tres hijos Fernando de 31, Pablo 29 y el Rodrigo de 23 años. Yo soy abuelo, tengo dos nietos (y se emociona) el Nachito tiene 7 años y Delfina tiene 3 meses. Nacho me roba los sábados de tarde con el fútbol, es el que me saca de todo, cuando va a jugar al fútbol yo hasta las prácticas a veces voy. Pero cómo no me va sacar de contexto el gurí. Escribió un libro, me lo regaló, hizo una cartulina enorme con un arco y un jugador y puso siete números en escala descendiente y cuenta los días para saber cuánto le queda para los partidos y tiene 7 años, como no voy a estar enloquecido. Hincha del Barcelona, se sabe todos los jugadores. Es una cosa de locos. Palabras que terminen con la letra O le puso la maestra y él escribió: Cristiano Ronaldo (se ríe a carcajadas) y vos querés que no me babee, es increíble.

¿Qué te hubiera gustado hacer en la vida, que por alguna no pudiste o no lo hiciste?
Pucha… (piensa) lo que me hubiera gustado tener más tiempo fue mi padre (se emociona), mi padre fue lo máximo. Y después no sé, ya cumplo 56 años de vida, un compañero mío cumplió 60 años de edad hace poco y me dijo “miro para adelante y me queda poquito y miro para atrás y no he hecho nada”, es brillante. Y yo tomo eso como referencia. Hasta cuando jugué al fútbol, porque yo soy de Dublín (Central) hasta que la muerte me separe. Voy a ver Dublín siempre, yo heredé ser de ese cuadro. El himno lo hizo un primer hermano de mi madre, a la sede no la remataron porque había un tío abuelo mío enfermo. Todos los “Chirimino”, yo voy a ver Dubín y entro diciéndoles: pariente, pariente, pariente, y mi hermana me dice ‘no son todos parientes tuyos’, y para mi son todos parientes, aunque la sangre a esa altura ya esté aguada. También me hubiera gustado tener otra oportunidad para haberle dejado más cosas a los gurises. Aunque todavía la estoy luchando. Pero yo siempre digo: si yo lograra que mis hijos me quisieran o me recordaran la mitad de lo que yo recuerdo a mi padre, estoy cumplido (dijo, y se quebró).







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