Un maestro sin título, pero con sobradas credenciales

Un maestro sin título, pero  con sobradas credenciales

Heber Pedro “El Flaco” Galbarini Dondo

Dentro de 4 días cumple 81 años de vida. Nació en Salto el 3 de junio de 1931, en calle 19 de Abril 632, entre Amorím y Joaquín Suárez, frente a la carpintería de don Juan Invernizzi. Sus padres fueron Pedro Antonio Galbarini Villar y María Ester Dondo Uriarte.
¿Cómo surge su amor por la flora y la fauna?
Siempre, desde jovencito me gustaban muchos los animales. Además mi padre nos enseñó (a Heber y a sus hermanos) tener respeto por los animales, no le gustaba matar animales sólo por matar.  Hugo, su hermano mayor, tuvo muchos años trabajando (como Director) en el Zoológico Municipal.
Se crió en la zona de Salto Grande, “en donde estaban las cascadas, donde después se hizo el Parador Quiroga por el (19) ’42 más o menos, ya que mi padre le vendió una fracción de tierra al Estado.
Siempre viví afuera. En la época de la escuela vivía en el centro (de la ciudad). Estuve más de 5 años en calle Julio Delgado 150, “hasta que nos corrió la creciente”. De allí se mudó a calle Sarandí 247, donde estuvo hasta los 13 años más o menos. Luego se mudó a calle Uruguay 425, “pegado a la casa del Dr. Chiazzaro”.
“De botija de la fauna no hablábamos mucho. (Su hermano) Hugo desde los 14 años iba al monte, le gustaba ir a cazar, era un depredador, para luego transformarse en un amante y defensor terrible de los animales”.

Dentro de 4 días cumple 81 años de vida. Nació en Salto el 3 de junio de 1931, en calle 19 de Abril 632, entre Amorím y Joaquín Suárez, frente a la carpintería de don Juan Invernizzi. Sus padres fueron Pedro Antonio Galbarini Villar y María Ester Dondo Uriarte.

¿Cómo surge su amor por la flora y la fauna?

Siempre, desde jovencito me gustaban muchos los animales. Además mi padre nos enseñó (a Heber y a sus hermanos) tener respeto por los animales, no le gustaba matar animales sólo por matar.  Hugo, su hermano mayor, tuvo muchos años trabajando (como Director) en el Zoológico Municipal.

Se crió en la zona de Salto Grande, “en donde estaban las cascadas, donde después se hizo el Parador Quiroga por el (19) ’42 más o menos, ya que mi padre le vendió una fracción de tierra al Estado.

Siempre viví afuera. En la época de la escuela vivía en el centro (de la ciudad). Estuve más de 5 años en calle Julio Delgado 150, “hasta que nos corrió la creciente”. De allí se mudó a calle Sarandí 247, donde estuvo hasta los 13 años más o menos. Luego se mudó a calle Uruguay 425, “pegado a la casa del Dr. Chiazzaro”.

“De botija de la fauna no hablábamos mucho. (Su hermano) Hugo desde los 14 años iba al monte, le gustaba ir a cazar, era un depredador, para luego transformarse en un amante y defensor terrible de los animales”.

Maestro Rural

Maestro rural en Paso del Parque

En 1967 – 1968 “estaba trabajando en la Confitería Oriental, con la familia Menoni – Soto, Don Orlando y doña “Ruba”, cuando la Inspectora de Escuela de ese entonces, Ana María Tonna, me dio la oportunidad de ir de maestro a Paso del Parque. Nunca en mi vida se me había ocurrido que iba a ser maestro, menos de una escuela rural.

Yo sabía tratar mucho con los chicos, me gustaba”. Todavía “no había terminado los (estudios) preparatorios, sólo había hecho el 1er año. Me animé, me decidí a ir a Paso del Parque, donde tenía una directora, Gloria Vieira de Colinet, excelente, que tenía una criatura chiquita que ahora es maestra. Estuve unos cuantos meses, mucho de los cuales estuve solo. Teníamos 67 alumnos, recuerda. Dictó clases de 1º, 2º y 3º. La escuela tenía un biombo grande de madera que separaba los dos salones.

Como había participado de la “Coral de Salto, me encantaba enseñarles música “a capella” a los niños, de todo un poco: Chiquillada, el Mangangá Amarillo, música sacra (en la capilla), el Arroyo, de Fabini (a 4 voces), entre otras. Me sentaba con ellos debajo de un ombú y a capella iban aprendiendo. Tuve la satisfacción, que cuando llegó la época que había que representarlas lo sabían perfecto”.

CERRO CHATO Y EL RECUERDO AL MAESTRO EDUARDO MINELLI

Después me fui a “Cerro Chato, una escuela chiquita (ahora está destruida), con dos piecitas chicas, techo de cartón, paredes de ladrillo no cocido, un corredorcito, una cocina “Volcán”, un baño de 2 por 1 y un farolito “Óptimo”.  Ahí yo les cocinaba para los 15 gurises que comían arriba de un caballete. Dictaba clases de 2º a 6º año. Había un comercio bien cerca, y contaba con un policía a pocos metros de la escuela (don Igoné). En esa época en Toro Negro estaba el maestro Eduardo Minelli (que luego fue sacerdote), con quien procuramos fusionar ambas escuelas, que estaban situadas a poca distancia. Todas las semanas nos juntábamos con los niños de ambas escuelas”.

EL CASO DEL NIÑO ANÍBAL

Recordó que “llegó un viernes a la escuela, en un ómnibus (colorado) que salía de la Plaza de Deportes, y que paraba en todos los comercios que tenían mesa de casín, y el conductor bajaba a jugar. Se demoraban horas en llegar a Cerro Chato”. El día que llegó el maestro Minelli lo invitó a ir a una kermese en Paso Cementerio y recordó el primer encuentro con uno de sus alumnos, Aníbal (hijo del policía), que había participado de un suceso por el que lo había echado de la escuela. Galbarini lo llevó a vivir con él en la escuela ya que vivía en una situación muy pobre (“vivía en el gallinero de su casa”), afirmó. Terminó siendo el mejor alumno de la Escuela, “no lo dejaba nunca, me lo traía (en una moto Honda 50 de las chicas) para mi casa. Me iba (desde Salto) los domingos a las 6 de la mañana para la Escuela, mi señora lo ataba a mi espalda, le acomodaba los pies en los pedales por si se dormía. Llegábamos a Cerro Chato como a las 3 de la tarde. Paraba en el puente Arerunguá a las 12 a comer. En esa época no había bitumen y en una parte de la ruta recuerda que lo paraban unos niños que le pedían lápices, gomas y cuadernos: incluso cerraban la ruta con un portón de cimbra. Después que se vino del todo a la ciudad “le perdí el rastro a Aníbal” y lo extrañamos mucho, porque con mi señora nos habíamos encariñado mucho, nuestros hijos aún no habían nacido y por lo tanto Aníbal era como nuestro hijo propio.

La lucha por la fauna

Confiesa que se “vio en la obligación  de trabajar en la Argentina por varios años en el Café Ideal, en unos moteles en las afueras de Concordia”. Se volvió y retornó al trabajo en cafetería Oriental (con los Menoni), en el Drink (con el “Tata” Fernández Ambrosoni y Zúñiga). En esos momentos es que “empieza mi lucha por la fauna: siempre fui de hacer controles en la ruta”. Integró las comisiones de Fauna, fue vicepresidente. “Fue una lucha terrible y empecé a dar clases de Fauna y Flora (en forma honoraria) y visite por 26 años las escuelas del departamento”.

TERRIBLE EN LA ACTUALIDAD

“Terrible” respondió cuando le preguntamos sobre cómo veía el tema de la “fauna y la flora en la actualidad”. “Estoy muy dolorido porque en toda la zona cercana al (Hotel) Horacio Quiroga, se veían carpinchos, al igual que en el Parque del Lago, también sobre el Itapebí (donde se encuentra la balsa y donde hubo más de 400). Y había familias enteras. Actualmente no hay nada, ni una bosta seca. Los únicos que quedan son los que están en el INIA. De noche uno pasa y, aunque dice prohibido pescar y cazar, hay muchos escondidos. Los van a exterminar. No hay arreglo. No sé porque la gente es así. Soy contrario a la caza del jabalí con los perros, porque en el monte cazan lo que agarren: carpinchos, mulitas, tatús, venados, lanares, novillos chicos. ¿Qué se puede hacer? No sé. Antes salía y hacía mis controles en la ruta, pero ahora nadie hace controles”.

¿QUIÉN ES EL CULPABLE?

Hay muchos comisarios que trabajan en la campaña que “son excelentes para los controles pero ¿cómo entran los carpinchos que se venden en la ciudad? ¿Quién es el culpable? ¿La (Policía) Caminera? ¿Por dónde vienen? Yo me enteré que se transporta la carne de carpincho en cajones en los ómnibus. Y no debe ser mentira. En la zona de Laureles va gente a matar jabalíes, ciervos y carpincho. Y no matan uno o dos, matan 10. Yo me asusto. Yo creo que me voy a morir amando la fauna, peleando por ella con las autoridades. Le mandé cartas a un sin fin de ministros de Ganadería y no me cansaré de seguir esta lucha, porque cada día veo que retrocedemos más en el tema, que es  el planeta que dejaremos a nuestros hijos, nietos y demás descendientes….

Algunas anécdotas
En Paso del Parque junto con la directora “los jueves bañábamos los niños: ella las niñas y yo los varones. Teníamos una tina grande afuera para los varones, en la cual el agua se calentaba con el sol”. En verano “los chicos se bañaban en el totoral, sin ningún problema, nunca hubo falta de respeto, incluso cuando se bañaban desnudos”.  En la escuela “cocíamos y hacíamos shorts y camisitas para los niños y las niñas”.
También recordó que “un día tuve que cocerle el talón a uno de los niños porque se había cortado con la parte de abajo de una botella. Le tuvimos que hacer tomar coñac y apretarlo. Le puse once puntos con un hilo 16 y después lo trajimos para Salto. Recuerdo que el finado (Dr.) Bortagaray me dijo: quedó perfecto”.
Dice que le tocó estar cuando se produjo el fallecimiento de Juan Manuel Grasso, padre de Enrique y de Daniel, hacendados reconocidos y de mucho prestigio en la zona. “Nunca me voy a olvidar esa noche, cuando el jardinero fue a avisarnos a la escuela. Doña Irene Jones de Grasso lo tenía en la cama velándolo con un candelabro chiquitito de bronce con un cirio grande”.
Recordó como el policía de Cerro Chato trabajaba con los telefonemas en aquellos aparatos con manivela. Una vez le avisaron de un telefonema que decía: “Murió mamá” firmado por un tal Chaves, que era un vecino que tenía en Salto. Pero luego averigüé por medio del Radio Club y resulta que había muerto la mamá del “Quique” Sarli, o sea la abuela del muchacho que operaron unos meses atrás (Fabricio Sarli). “El susto que me pegué porque yo iba a salir como loco de la escuela”.