Una leyenda viviente del básquetbol uruguayo

Una leyenda viviente  del básquetbol uruguayo

“Si un alma se nutre del deporte va a alejarse de un montón de cosas que te hacen fracasar: el alcohol, el cigarro, la noche. Yo perdí todo eso, pero gané el deporte en mi alma”. La definición pertenece a Wilfredo Ruiz, conocido popularmente como “Fefo”, el goleador más grande de la historia del básquetbol uruguayo.
“Fefo” nació en Montevideo hace 54 años y desde hace 15 reside en nuestra ciudad, donde formó su familia. Se retiró en 2002 en Universitario de Salto, poniéndole punto final a una trayectoria atiborrada de récords.
Ruiz es una leyenda viviente del básquetbol uruguayo, donde pulverizó todas las marcas. Cuenta la historia que en una noche de 1984, este alero goleador logró la friolera de 84 tantos (defendiendo a Neptuno ante Colón en el Campeonato Federal), con el agregado de que en esa época aún no regía la ley de los tres puntos, por lo que cualquier tiro de campo era premiado con dos unidades.
Con la selección, el “Fefo” jugó un Mundial (Colombia 1982), unos Juegos Olímpicos (Los Ángeles 1984) y cinco Sudamericanos (fue campeón en 1981, siendo el goleador del torneo)
Hoy es presidente de Welcome de Montevideo, club que ocupa un lugar preferencial en su corazón.

¿Qué es de la vida del “Fefo” Ruiz?
Hace 15 años que vivo acá en Salto. Estoy muy cómodo, muy tranquilo. Armé mi familia acá: tengo hijos salteños y mi mujer es salteña. Estoy feliz de la vida de estar en esta hermosa ciudad. ¿Si extraño el básquetbol? No demasiado… Durante muchos años conviví y dormí con el resultado a cuestas, con el hecho de saber que siempre teníamos que jugar para ganar, y eso a la larga te va provocando un desgaste. Una vez que me retiré, prácticamente no pisé nunca más una cancha de básquetbol. Ahora en mi función de presidente, estoy cerca de un club. También dirigí algunos años en Círculo Sportivo, pero en ningún momento extrañé convivir con el resultado.

¿Ves hoy en día en el básquetbol uruguayo un jugador parecido al que eras vos?
Hoy se juega mucho menos y el básquetbol es mucho más dinámico. Los jugadores importantes no juegan tantos minutos. Nosotros jugábamos todos los minutos. Prácticamente no salíamos de la cancha y jugábamos tres veces por semana. Se jugaba a otra dinámica. El básquetbol se ha modernizado. Los 24 segundos han marcado que hay más posesiones y el básquetbol se hizo más dinámico. Los jugadores tampoco tienen esa posibilidad de correr y tirar como tenía yo o esa posibilidad de que un técnico te dé la confianza necesaria para que de 10 ofensivas, siete pasaran por tu mano.

¿Esa capacidad que tenías para tirar y embocar de todos lados es innata o se adquiere con la práctica?
No es innata. Nosotros practicábamos mucho. Yo dejé muchas cosas de lado en mi vida adolescente por ser jugador de básquetbol. Pasaba metido en una cancha. El básquetbol es un deporte de precisión: la pelota entra dos veces en la circunferencia (del aro). Si vos entrenás, le agarrás la referencia… Yo era un convencido de que entrenando y tirando 500 veces por día al aro iba a tener la referencia que después necesitaría en el partido para tirar con la marca encima.

Si no existieran registros fidedignos de tu récord de 84 puntos en un partido, diría que es una leyenda urbana…
La gente normalmente se queda con ese récord de 84 puntos. Yo tiraba todos los días para hacer 80 puntos. Ese día entraron todas… Pero creo que más valorable que ese registro es que ese año terminé con un promedio de 51 puntos en 33 partidos, porque marca una regularidad a lo largo de los ocho meses de la temporada y jugando por el título, para salir campeón. Eso genera otro compromiso y hace que los rivales te marquen más.
El día de los 84 puntos fue el corolario de una semana espectacular, porque el lunes había hecho 70 puntos, el miércoles hice 72 y el sábado, 84. Lo tomo como un reconocimiento a mi trabajo. Hacer 500 tiros todos los días, marcan un camino… En Uruguay no nos queda otra que entrenar y esforzarnos al máximo, porque a veces nos faltan un montón de recursos para poder competir a nivel internacional.

¿Cómo es la anécdota del día que llegaste a Bahía Blanca?
Es una anécdota fantástica. Yo estaba de vacaciones, tras terminar el campeonato en Uruguay, y me vinieron a buscar de Estudiantes para jugar tres meses. Se definían los equipos que iban a participar de la primera edición de lo que después sería un boom: la Liga Nacional. Pude ir porque justo coincidía que era en febrero y yo tenía un contrato en México para el mes de junio. Fui muy apurado a Bahía Blanca, porque me sacaron de las vacaciones y me dijeron que se vencía el período de pases. Pedí pasé, firmé y pensaba volverme al otro día porque había ido con una sola muda de ropa para cambiarme. Pero me invitaron a jugar con la selección de Bahía Blanca ante la selección de Cuba y al principio me negué porque no estaba preparado. Hacía días que no jugaba, pero mucha gente presionó y finalmente no me pude negar. Pero no tenía nada: ni zapatos, ni vendas, nada… Me prestaron todo y cuando salí a la cancha un periodista me preguntó cómo pensaba que me iba a ir. Le contesté que no conocía los rivales, ni los compañeros, ni la cancha, que los zapatos no eran míos y las vendas, que me apretaban una barbaridad, tampoco, pero que igual iba a hacer mi trabajo, que era hacer goles. Hice 44 puntos, ganamos y la gente quedó enloquecida. Hubo una especie de revolución en Bahía. Después ganamos el torneo y accedimos a la Liga Nacional y no me pude volver. Fui por una changa y quedé efectivo. Fui por tres meses y me quedé seis años.

En otra ocasión un periodista te invitó a efectuar 10 tiros con los ojos vendados para un programa de televisión y anotaste ocho. ¿Cómo es la historia?
Era para una nota del noticiero. Fue el año que hice los 84 puntos. Yo tenía una característica y era que tiraba mucho mejor marcado que solo. Por eso cuando me vinieron a buscar me dijeron que no importaba si erraba, que igual podían trucar la imagen. Pero la escena era en la cancha de Welcome y en un lugar donde yo tiraba permanentemente, por lo que ya tenía la referencia en la mano, en la fuerza, en la cabeza, en los ojos. Sabía cómo tenía que hacerlo sin siquiera mirar. Me taparon los ojos y de 10 pelotas entraron ocho, pero era lo que yo hacía todos los días. Es como cualquier persona que hace una y otra vez su trabajo y seguramente lo hace bien.

¿Qué significa haber participado de unos Juegos Olímpicos?
La Olimpíada es lo máximo que un deportista puede aspirar. Nosotros habíamos tenido la suerte de haber jugado un Mundial, pero no salía del asombro porque no es lo mismo. Estar en la Villa (Olímpica) y compartir vivencias con los mejores atletas del mundo es algo de otra magnitud. Tuvimos la suerte de hacer los dos desfiles, porque el desfile inaugural lo hacen todos los atletas, pero el desfile final solamente lo que llegan. Nosotros, al haber terminado sextos, tuvimos la posibilidad de quedarnos al desfile final y fuimos los últimos en irnos de la Villa. Cuando vos perdés, al otro día tenés el telegrama para abandonar la Villa. Todos luchan por no irse primeros y por quedarse al desfile final. Nosotros lo logramos y para Uruguay salir sextos en materia olímpica ese año fue realmente maravilloso. Era lo máximo a lo que podíamos aspirar, por un montón de cosas. Éramos un muy buen grupo humano. Y a veces los grupos humanos superan un montón de obstáculos que otros grupos que están partidos al medio no lo pueden hacer. Hay un ejemplo que pongo siempre y es el de la selección uruguaya de fútbol. Es un gran grupo humano que ha movido montañas y ha logrado cosas impensadas.

¿Qué cambió para que hoy el sueño de ver al básquetbol uruguayo en los Juegos Olímpicos sea prácticamente utópico?
El básquetbol ha cambiado y ha crecido, y en Uruguay desgraciadamente la competencia interna no es buena. Y cuando juegan en el extranjero, si la competencia interna es muy mala, los jugadores tienen que dar un gran salto mental para poder jugar a ese nivel. Y a veces no logran los resultados que se quisieran lograr. Si en los primeros años de la década del 80 no hubiesen venido los americanos, quizás nosotros no hubiésemos cambiado nuestra parábola de tiro y cuando hubiésemos ido a jugar un campeonato internacional nos íbamos a encontrar con esa dificultad de tener que tirar de otra manera. Ese es un ejemplo… Hay un montón de cosas. Desgraciadamente la competencia interna del Uruguay es muy, pero muy mala. Hay muy pocos jugadores, se prioriza lo viejo y no se le dan posibilidades a los jóvenes. Los técnicos desgraciadamente tampoco se la juegan por los jóvenes, porque son el primer fusible que salta cuando los resultados no se dan.

Jugaste los últimos partidos en Salto. ¿Querías terminar tu carrera acá o fue algo anecdótico?
Fue algo anecdótico. No pensaba jugar más y me vinieron a hablar para jugar dos o tres partidos. Yo hacía muchos años que ya no jugaba. No pude entrenar como debiera haber entrenado. En aquel entonces creí que no podía decir que no, aunque no estaba preparado para jugar… ¿Si me quedó algo por cumplir en mi carrera? No, porque el día que me fui, lo hice sabiendo que había logrado lo que había me había propuesto. Más que eso no podía jugar. Siempre sentí que estaba cumplido, que había cumplido conmigo mismo. Yo le hablo a todo el mundo y le digo que el que quiera llegar, lo puede lograr. Simplemente hay que dedicarse y trabajar.

¿Sentís que la gente es consciente de lo que fuiste como jugador, teniendo en cuenta que jugaste en una época sin televisación?
Capaz que me encuentro con gente de mi edad y me reconoce, pero la juventud no sabe. Recordemos que en aquel entonces no había televisión, pero tampoco internet, no había nada… Te veía jugar solamente el que pagaba la entrada. Pero eso me tiene sin cuidado. Yo trabajé para que el reconocimiento fuera mío en materia interior y personal. Yo me rompí el alma entrenando porque quería llegar. Y cuando uno llega es como una satisfacción personal. El reconocimiento de la gente de afuera puede ser un mimo en tu carrera, pero el mejor reconocimiento es el que uno puede hacerse a sí mismo, sabiendo que todo el sacrificio y trabajo que hizo durante años dio sus frutos.