Una vida detrás del mostrador

Con Wilson “Chuchila” Beltramelli y sus 56 años abriendo las puertas de un bar, que fue el centro de referencia de un barrio entero

Cuando Wilson Beltramelli tenía 20 años cuando uno de sus hermanos lo fue a buscar a una chacra donde vivía con una tía, para que atendiera el bar que su padre ya fallecido, había comprado para ellos. Lo que no sabía, es que pasaría los próximos 55 años de manera ininterrumpida detrás del mostrador, hablando con todos los que allí llegaban, escuchando historias, viendo nacer y morir gente, teniendo en brazos a bebés que luego serían sus propios clientes acodados en ese emblemático mostrador.
Mientras la vida pasaba delante de sus ojos, Wilson “Chuchila” Beltramelli, no se daba cuenta que cada mañana al girar la perilla que abría la puerta del Bar La Amistad, uno de los resabios culturales de otra época ubicado como no podía ser de otra manera en una esquina (en la de Andrés Latorre y 18 de Julio) estaba dando luz al barrio Almagro, cuya sede llegó a funcionar prácticamente en su boliche cuando la institución no tenía casa propia, como ahora.
Pero 55 años después de haber llegado al mostrador que adquirió su padre, decidió cerrar las puertas y entender que el ciclo se había terminado. Que su momento de compartir su vida con todos los parroquianos que atravesaron alguna vez el umbral de ese lugar, ya había sido, y que ahora solo resta empezar de nuevo, cerrar con llave y vivir una nueva vida. A su lado, estuvo siempre María Montero, su esposa y madre de sus tres hijos, Federico, Valeria y Leticia, la que tuvo una despensa que fue “el almacén del barrio” durante algunos años menos en cantidad, pero igualmente válidos.
Afable y cordial como siempre, Wilson Beltramelli, un ícono del barrio Almagro y paradigma del Don de Gentes, hoy en nuestra sección semanal.wilson beltramelli

1- Wilson ¿cuándo empezó a vivir detrás del mostrador?
Al bar primero lo tenía mi padre que lo compró en el año 1956, por ahí, pero el que lo atendía era mi hermano, Ivo “Tilo” Beltramelli, que jugaba al fútbol y había salido campeón con la Selección de Salto en el 1961. Después se fue a jugar a Montevideo y jugó en Central Español, entonces me fueron a buscar a mí para que me quedara en el boliche, pero eso ya era en el año 1962. Y desde entonces trabajé todos los días allí.

2- Desde el año 1962 hasta ahora son casi 56 años ¿imagino que ha visto pasar de todo ahí? Desde la transformación del barrio, la cantidad de vecinos que llegaron y se fueron…
Sí totalmente, hubo generaciones enteras que pasaron por acá y que se terminaron, vi a mucha gente que llegó alguna vez y otros que llegaron toda la vida, el barrio cambió, todo cambió acá.

3- ¿Cómo era tener un bar en esa época y en esa zona en particular?
Uh…, era muy pesado, porque estaba la pasión del fútbol y como no había otra cosa, pasaban hablando toda la semana del partido que se ganó o que se perdió el domingo. Y así transcurrían los días. Además como el Club Almagro no tenía sede en ese entonces, todos iban siempre para el bar, porque lindero al mismo donde después pusimos el almacén, se juntaban todos y ahí ya hacían las reuniones. Y traían jugadores al club, pero pasaba de todo, había desde trompadas, hasta alegrías también, pero de todo.

4- ¿El barrio se resumía ahí en el bar?
Sí, totalmente. Todos iban para ahí, era el epicentro de toda la zona, porque llegaba gente de muchos lados y había intercambios de todo tipo.

5- ¿Después vino la sede social y deportiva del barrio y el bar ya cobró otra forma?
Mirá cómo se dieron las cosas, vino un Cónsul que no me acuerdo si era brasilero o argentino, y había dispuesto que le pagaría ‘un metro’ de terreno para una nueva sede, por cada gol que hiciera Almagro en ese campeonato y por cada partido que ganara.
Entonces ese año Almagro andaba volando, eran cuatro o cinco goles por domingo y jugó hasta la final con Salto Uruguay, entonces ganaba cuatro o cinco metros de terreno por cada partido, hasta que al final tuvo su sede. Pero en este barrio hubo de todo. Acá pasaron desde un guitarrista como el Totón (Omar) Espinosa (reconocido guitarrista uruguayo radicado en París) hasta trabajadores, gente del fútbol, de todo un poco.

6- ¿Qué es lo que más extraña del bar?
Sinceramente no extraño nada por ahora, porque para mí ya era una etapa cumplida. Incluso hasta había llegado a tener problemas de salud, me estaba enfermando de los nervios, pero era más que nada para mí una etapa superada, ya había cumplido.

7- De igual forma ¿es consciente que el Bar La Amistad era un bastión de la cultura de barrio de otra época, de una que ya no existe?
Claro y se fue terminando todo, porque en Salto todo lo que era boliche de ‘copetín’ y de ‘codillo’, ya no queda más, el mío era de los pocos que iban quedando, pero últimamente se me estaban enfermando hasta los clientes, se me fueron muriendo algunos y digo bueno ‘acá está, no da para más’-
8- ¿Hasta una película se llegó a filmar allí no?
Sí, acá vino mi hijo Federico (Beltramelli, docente y exdirector de la Facultad de Información y Comunicación de la Universidad de la República, realizador audiovisual y experto en las ciencias de la comunicación), y filmaron El Escolaso (que refiere a la escuela de vida que da el boliche), así se llamaba el cortometraje (se ríe) y allí fue una ocasión para reunir a varios parroquianos de esos de toda la vida. Muchos de ellos ahora ya no están, porque fallecieron, pero la película anda por ahí todavía y es un buen testimonio.

9- Detrás del mostrador se casó, vio crecer a sus hijos, pasó toda su vida…
Sí, toda mi vida. Cuando me vine a vivir acá a mi casa (que está en la misma cuadra del bar, pero para el lado de calle Vilardebó) Federico tenía 12 años y Valeria un poco menos, pero mi vida se desarrolló en este barrio, transcurrió acá, incluso construí mi casa acá en este barrio, así que puedo decir que prácticamente mi vida es este barrio.

10- ¿Si bien cerró las puertas el 30 de diciembre, cómo es su vida ahora?
Por ahora estoy muy tranquilo, no siento deseos de salir, a veces que doy vuelta para un lado y para el otro y medio que me aburro porque antes pasaba todo el día de farra con uno y con otro, y me divertía de a ratos. Pero ahora estoy esperando a ver qué reacción voy a tener, no sé si estoy viviendo una realidad nueva, una forma nueva de vivir la vida distinta. Y quizás esta es la manera de ser que tengo en realidad, pero la estoy descubriendo recién ahora, porque allá no era como yo quería, siempre estaba expuesto a todos, a los demás. Ahora soy yo mismo, creo.







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