Más brújulas, menos mapas

Nunca supimos como sociedad realmente hacia dónde íbamos, en todo caso, si en algún momento lo llegamos a creer, la incertidumbre y la ocurrencia de hechos imponderables nos demostró lo contrario. Es poco lógico pensar que sabremos lo que ocurrirá dentro de un par de años, pero a pesar de eso pareciera claro que los ejercicios de prospectiva son un mal necesario para sembrar futuro. Al fin y al cabo, la cuestión de fondo termina siendo más que nada el cómo y no tanto el por qué, es posible navegar como región en un punto de inflexión, un cambio de época, más que en una época de cambios.

El “cambio de época” o las “épocas de cambio” no son una novedad. Aunque terminen parecieadventure-2528477_1920ndo hasta un “modismo” o una frase de chicle que se repiten en cada conferencia, libro o charla dentro de la rama de las ciencias sociales, lo cierto es que si retrocedemos al siglo XX en épocas tan turbulentas como el período de entre guerras, o al siglo XIX durante las revoluciones independentistas en las Américas, por citar apenas un par de ejemplos, detectaremos que la noción de “cambios vertiginosos” termina siendo algo relativa y nos provoca a cuestionarla y entender cuál es la mejor manera de transitarla.

Al referirnos al cómo del mover, de los esfuerzos institucionales y organizacionales en su conjunto, entra en juego la metáfora sobre si dichas acciones se diseñan e implementan elaborando un mapa o teniendo una mejor brújula. Al igual que ha habido un quiebre metodológico en la forma de apoyar a emprendimientos, pasando de prolijos y voluptuosos planes de negocios hacia otro que enfatiza un enfoque más ligero, podríamos decir que el entorno institucional, sea el Estado, las empresas, los trabajadores organizados, la academia o la sociedad civil no escapan a una discusión que evalúe la validez de tales brújulas y mapas de cara al futuro cada vez más incierto.

Al hablar de mapas, terminamos aludiendo directa o indirectamente a los planes estratégicos. Todo plan estratégico, prospectivo no se “aterriza” sino cuenta con objetivos y su alcance respectivo, un cronograma y un presupuesto; y a su vez, cualquier modificación en alguna de esas tres variables genera un cambio en las restantes. La planificación de los proyectos trae consigo de manera natural e intrínseca, el concepto de la desviación del plan en cuestión, las brechas de implementación son un factor crucial que no debería perderse de vista: cualquier emprendimiento hoy, es diferente a lo que era cuando se encontraban en la mente de sus ideólogos y por lo tanto, el nivel de detalle del “mapa” como un valor agregado para los gestores de un proyecto es cuestionable.

Al referirnos a brújulas, la metodología es más iterativa, ágil y por qué no intuitiva y efectual, alcompass-2946958_1920 fin y al cabo, es el desarrollo de un diagnóstico más parcial y un plan de acción flexible lo que termina ocasionando que se tome una decisión y no otra, en función de la lectura que se tiene de las fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas de uno y el entorno.

Toma sentido, dimensionar el valor que tiene afrontar desafíos como la mejora de la productividad y competitividad de Salto y su región como un fin en sí mismo, mucho más cuando se visualiza la evolución de los indicadores de desarrollo económico y social de los últimos años, sea ello a través de la puesta en marcha de estrategias que ponderen la actividad emprendedora, la política industrial o la innovación aplicada, no obstante, la eficacia y eficiencia con que se lleva adelante ello, tiene una alta correlación con la herramienta que se utilice como guía de referencia.

En las siguientes líneas, el objetivo del presente artículo de Link de El Pueblo es invitar al lector a reflexionar sobre el papel que tiene la información, y por ende la forma en que se accede a la misma, en el diseño e implementación de cualquier proyecto organizacional.

¿Brújulas o mapas?
Aunque muchas veces se intente, con buena intención, contar con un “mapa” o mejor dicho un plan, la rigidez del mismo ocasiona que su validez sea efímera. Y por lo tanto, terminemos razonando que nunca contamos con un mapa, sino más bien con una brújula. A partir de lo anterior, finalmente, es el modus operandi de hacer y cambiar con criterio según resultados lo que ha llevado a generar avances significativos en la búsqueda de mejorar las vidas de las personas.

Hace casi un año, el pasado 13 de diciembre de 2017, escribíamos un artículo titulado “Las 5 píldoras de la productividad y competitividad” en el que decíamos:

La construcción de espacios de diálogo es fundamental para salir de la inmediatez y visualizar el horizonte de los territorios en el largo plazo. La productividad y la competitividad es uno de los tantos debates impostergables que la sociedad debería promover para no resignarse a quedar en la cola del tren del desarrollo.map-of-the-world-429784_1920

El diálogo y la construcción de espacios de debate, termina siendo un párate, una brújula, en el camino de las instituciones, en el que se cuestiona el status quo y generan propuestas que al menos sirven como otra campana, una alternativa a lo ya instaurado. Detrás de la discusión constructiva, la búsqueda de provocaciones que nos lleven a cuestionar la validez de paradigmas como M´ hijo el dotor por encima de M´ hijo el emprendedor por ejemplo o el Uruguay agrario y la lejanía y conveniencia de mutar hacia un Uruguay agrotecnológico.

La noción de que cuestiones como la cuarta revolución industrial han llegado, lleva a deducir que sino se generan verdaderas sinergias entre los protagonistas del ámbito empresarial, en lugar de surfear la gran ola de las nuevas tecnologías enmarcadas detrás de la palabrita “Industria 4.0”; tales como la fabricación aditiva, la robótica, la inteligencia artificial, la nanotecnología, la computación cuántica, la biotecnología, el internet de las cosas, la realidad aumentada y virtual, el big data o el cloud computing, entre otros avances, lo que terminará ocurriendo es que los empresarios se van a “despedazar” debajo de dicha ola.

Aunque a priori, puedan parecer cuestiones lejanas, el no recorrer paso a paso, de forma consecuente procesos tales como de adecuación tecnológica, que de hecho se promueven desde el Sistema Nacional de Transformación Productiva y de Competitividad en nuestro país, no debería de sorprendernos si terminan llevando a aumentar la probabilidad de que ocurran nuevos cierres de empresas. Dentro de una suerte de “destrucción creativa Schumpeteriana”, todos los empresarios que no generen valor agregado al segmento de clientes y cuenten con estructuras organizacionales competitivas, terminarán desapareciendo.

¿Por dónde empezar?, pareciera innegable que ante todo, la heterogeneidad del entramado productivo ocasione que sea necesario un abordaje diferenciado; mientras alguna que otra gran empresa ya cuente con un modelo de negocios servitizado, es decir que aplica de manera muy avanzada las ventajas de la denominada Industria 4.0, otras unidades productivas y probablemente una gran mayoría aún sigan en la era del Fax y el Correo Electrónico.

Ser o no ser innovador, esa es la cuestión
En la obra de William Shakespeare, titulada Hamlet, escrita alrededor del año 1600, “Ser o no ser” es la primera línea con la que inicia el acto tercero, escena primera de la misma, aquella famosa cita de la literatura universal, trae consigo la indecisión y duda como tópico. Mismo tema que muchas veces paraliza a algunos empresarios al momento de gestionar los cambios que cree son necesarios, pero paradójicamente no implementa en los hechos.

El ser o no ser innovador, tiene detrás de sí, un llamamiento hacia el deber casi obligado de entender que la innovación como tal, no es para unos pocos sino que termina llegando a todos. El grado de sensibilización allí, en todo caso terminará haciendo que primero unos y luego el resto, entiendan que sea necesario adaptarse a los cambios.

Pocos resultados se tendrían si se quisiera emular al movimiento ludista, encabezado por artesanos ingleses en el siglo XIX, que protestaron entre los años 1811 y 1816 contra las nuevas máquinas que destruían el empleo. En aquel momento, era posible romper los telares industriales y las máquinas de hilar, no obstante, en la actualidad “la nueva tecnología” no está a la vuelta de la esquina, está en la nueva y por lo tanto cualquier intento de “romper lo que hace la innovación”, sería imposible.

A modo de conclusión
Los mapas sirven, pero más que nada para fomentar la imaginación y hacer ejercicios de prospectiva. En los hechos, el acceso a información sobre hechos y tendencias económicas, políticas y sociales, podría facilitar de mejor manera como históricamente lo ha hecho, a través de brújulas, para la toma de decisiones sobre cómo adaptar los proyectos organizacionales y por lo tanto, la eficacia de los mismos.

Vivimos en un momento de la sociedad, en el cual el internet como tal, a diferencia del pasado, termina siendo un derecho básico para todos. Seguramente, al decir el filósofo, político, pedagogo y periodista italiano Antonio Gramsci hace casi cien años, sobre el surgimiento de monstruos cuando el viejo mundo muere y el nuevo tarda en aparecer; parezca evidente que mientras los empresarios no entiendan que la innovación y los avances tecnológicos disruptivos llegaron para quedarse, habrá algún que otro dolor de cabeza que llevará a cometer errores no forzados.

Actualmente nos ubicamos en un momento en el que han surgido alternativas de producción, que sin querer tienen cara de los monstruos de Gramsci, evitar eso y lograr que el mundo nuevo aparezca pronto será una responsabilidad de todos, tanto del sector público, sector privado y sociedad civil. Al final de cuentas, ningún proceso tan complejo como el cambio de época que vivimos, pueda navegarse con un mapa sino que el uso de brújulas por parte de todos y el intercambio de voces sobre el verdadero norte a recorrer, será más provechoso que un plan rígido repleto de hipótesis.
Lic. Nicolás Remedi Rumi








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