Más diálogo, menos líos

La libertad de expresión es uno de los derechos humanos fundamentales que deben ser respetados y ponderados por toda la sociedad, porque bajo el amparo del mismo, no solo funciona la libertad de prensa, sino también la libre expresión de todos aquellos que pretenden exteriorzar una idea y realizar una manifestación pública para hacerse escuchar. Por esa razón es que ese derecho fundamental no puede vilipendiarse de cualquier manera y tampoco es dable que haya quienes quieran pretender hacerlo valer solo cuando son los titulares del interés de la idea que pretenden hacer escuchar. fotocolumna La libertad debe ser para todos por igual y los únicos parámetros que deben limitarla, son el de la ofensa a través del insulto personal, así como también, el de una información basada en la mentira y el engaño.
Pero de lo contrario, la libertad de expresión es uno de los bienes mayores que tiene una sociedad democrática y en ese sentido, no debe ser atacada, ni limitada, ni tampoco cercenada con preceptos legales que abren un frente de batalla contra los derechos básicos que debe tener la vida en sociedad.
Todo esto a colación de dos hechos que ocurrieron con pocos días de diferencia, pero que en cierta medida van en el mismo sentido, y está bueno por lo menos sentarnos a reflexionar sobre los mismos, porque nos pone a todos de una forma distinta a la que concebíamos hasta ahora.
El primero de ellos fue el fallo de la justicia a favor del escritor y periodista Diego Fischer, quien demandó al conjunto carnavalero Los Zíngaros, por haber utilizado los textos de su investigación periodística hecha libro sobre la vida de Juana de Ibarbourou, en la obra Al Encuentro de las Tres Marías.
Los Zíngaros usaron sus textos sin la autorización del autor en sus repertorios y con ellos hicieron su paso por el carnaval del año 2016, presentándose en el teatro de verano y en una serie importante de tablados de todo Montevideo, ganando una importante suma de dinero durante ese carnaval.
Más tarde, el escritor se presentó ante la justicia exigiendo una reparación por esta situación porque entendió que los carnavaleros debieron tener su autorización para ponerse a lucrar con sus textos y la justicia le dio la razón. Ahora Los Zíngaros deberán resarcir a Fischer en una suma establecida por la justicia.
Aunque el tema no pasa, al parecer por el pago de la suma de dinero, sino por los derechos que están en juego, como el caso de la libertad de expresión de cada conjunto que participa en Carnaval, que además de usar textos, poesías y datos que escriben periodistas y escritores, también usan melodías de cancioneros de diversos autores, que desde ahora, con la jurisprudencia establecida por este caso, pueden realizar los reclamos pertinentes, con un pretexto legal que si bien no le asegura el éxito en el juicio, sí les da una seguridad de que el reclamos no va a ser desestimado.
En ese sentido, los autores de grupos de carnaval tendrán que tener la cautela de solicitar determinadas autorizaciones a la hora de ponerse a usar textos o canciones para sus repertorios y que hayan sido creadas por otros.
El otro caso en cuestión, es el del reclamo de la Asamblea Permanente del 8 M contra el locutor radial y el medio de prensa escrito por sus expresiones vertidas ese día sobre la manifestación que ese colectivo llevó a cabo.
Si bien ellas tienen el derecho a manifestarse, a decir lo que piensan y sienten, y a ir a todos los medios a divulgar su mensaje, también deben apelar al diálogo cada vez que un comunicador o una persona cualquiera utilice frases soeces contra sus postulados. Porque todas las personas que realizan actividades públicas están expuestas a la crítica y hasta el escarnio público. Y si bien no tienen porqué soportarlos está bueno que no se judicialice todo lo que ocurre en nuestra sociedad, sino que se apele más al diálogo, al debate de ideas y a una gran conversación nacional sobre este tema.
Si bien la sociedad está cambiando y los parámetros de los modelos culturales son otros que hace algunos años, todos nos debemos una gran charla para saber dónde estamos parados, qué modelos debemos seguir y a donde quieren llegar algunos colectivos, no para impedirles nada, sino para entendernos mejor. Creo que es algo positivo a lo que debemos apelar como sociedad, sino terminaremos en un enfrentamiento permanente que no nos conduce a nada.

HUGO LEMOS