Mejores en lo suyo

Hacía como 35 grados y el sol pegaba más fuerte que nunca. Pero el viento atenuaba el calor y hacía que todo fuera más liviano, igual, el verano se estaba haciendo sentir. La gente no tenía reparos en trabajar y atender al público sin mayores inconvenientes porque entendían que estaban en el momento ideal y en el tiempo justo. Era plena temporada y Maldonado aprovechaba su momento, récord de visitantes y muchos extranjeros.
Cuando uno entraba a una tienda lo atendían con gusto y no lo miraban de reojo por entrar a mirar, sin comprar en muchos casos y adquiriendo algo sin importar si era de menor o mayor costo, lo importante era que uno se sintiera a gusto.
Los trabajadores se disponían a ayudar al potencial cliente y quizás poder colocarle algún producto, pero de manera educada y no de forma abrupta, como usualmente ocurre en Salto donde si uno va de compras y hasta encontrar lo que busca recorre los comercios, por revolver los productos y querer hallar lo que tanto quiere, ya es visto como el enemigo, ¿por qué razón?, por el simple hecho de que vamos a hacerlos trabajar, desgastarse, atender más al cliente y sobre todas las cosas los sacaremos de ese confort plácido de estar parado durante 8 horas pensando lo menos posible.
Así lo he comprobado cuando voy a comprar algo y busco hasta que encuentro lo que quiero. De lo contrario no compro nada y muchas veces me siento hasta despreciado por no llevarme algo y haber hecho que quien me atendió se moviera de su siesta, dejara el teléfono celular donde está conectado al facebook o al whatsapp, las dos drogas modernas con mayor proliferación en personas de todas las edades y sin discriminación social, etaria o religiosa, ya que todos se suman a eso y se alienan como zombies, donde para que te contesten una frase entera hay que pararse enfrente y mirarlos a los ojos hasta que levanten la vista y sepan que uno está ahí, y no es porque entró a visitarlos.
Me pasó hace poco tiempo cuando estaba buscando un saco de color veige o crema para que hiciera juego con un pantalón que tenía de igual color y porque se me había antojado ir a un casamiento vestido de esa forma. Cuando llegué a una clásica tienda de ropa céntrica le dije al vendedor lo que estaba buscando y el hombre me cortó de entrada con un rotundo “¡no tenemos!”. Pero quizás por las ganas de comprar algo parecido que tenía y porque además ya había gastado mucha suela fue que al mirar por encima de su hombro vi casi al final de la tienda un perchero con una decena de sacos y adivinen de qué color era el primero que buscaba. ¡Exacto!
Enojado, porque puedo perder la paciencia en pocos segundos con gente así y con otra también, callado entré raudamente ante la mirada del hombre que me quedó mirando, tomé el saco con mis manos, lo saqué de la percha, me lo probé y era lo que buscaba. A lo cual volví hacia él, que quedó parado como un maniquí casi a la entrada del local, haciendo qué, no sé, y le llevé el saco puesto. Pero no me aguanté y le dije algo así como “espero que no lo hayas visto antes, porque sino voy a pensar que no querías venderme nada a mi, o a nadie más, porque bastaba solo con darte vuelta para ofrecerme esto que llevo puesto”. Efectivamente compré el saco pero no volví jamás a esa tienda y espero no hacerlo a no ser que no me quede otra.
Y hace poco me pasó algo similar, pero esta vez en una zapatería cuando buscaba calzado para mi pequeño. Consulté a una de las vendedoras por determinadas zapatillas puesto que eran para la fiesta de fin de año del jardín y le habían recomendado la posibilidad de llevar championes de determinado color, por lo cual traté de encontrarle. Pero en Salto o todo es limitado o quienes pueden vender lo que uno busca, tampoco se esmeran demasiado y eso genera que uno tenga que buscar otras opciones como la compra por Internet o zapaterías de la capital donde te hacen envíos sin costo al interior.
Entré con mi hijo a cuestas y pregunté por determinado calzado el cual también me dijeron que no tenían de ese tipo, pero me bastó con mirar hacia un costado y encima de una pila de cajas de determinada marca deportiva estaban exactamente los championes que tiene puestos hasta hoy, por supuesto que le dije a la vendedora en ese momento que si para ella no había, yo le consultaría a otra, la que efectivamente al mostrarle lo que buscaba me dijo que estaban a la venta y que no entendía cómo podían haberme dicho que no iba a encontrar lo que estaba necesitando en ese momento.
Así, una serie de anécdotas más que pasan a diario a mí, a usted, al vecino, a su familia y a mucha gente. Entonces cuando uno anda por otros lugares del país y recibe un trato diferencial, ve gente trabajando con ánimo y espíritu de resolver, y con la dedicación que le dan realmente a una comunidad porque entienden que un comercio tiene que vender, que una ciudad turística tiene que ofrecer servicios y que un lugar que llama a todo el mundo a que los visite debe tratar bien a quienes allí ingresan, es algo que en Salto debería ser de cajón, pero no pasa.
Hay desidia, hasta de quienes los emplean y les dan lo mínimo, porque solamente les pagan un sueldo, mucho o poco, por lo general poco, y no les generan conciencia de trabajo en equipo, de querer ser los mejores en lo que hacen, ni los ayudan a pensar en que aún siendo un portero de un edificio o un vendedor de tiendas, deben ser los mejores porteros de edificios o los mejores vendedores de tiendas, con tal de que puedan tener éxito en lo que hacen y aprender a hacer las cosas con ganas.
Pero todo esto va motivado por el trabajo en equipo, por la confianza que se le inspire al trabajador desde el empresario y viceversa, pero sobre todo desde el reconocimiento personal que debe tener cada individuo para fortalecer su autoestima y pensar que es el mejor en las cosas que hace.
Entonces ya no pasará que uno sienta envidia por entrar a un comercio igual o de menor categoría en otro departamento, que el que está en el centro de la ciudad donde uno vive, pero con el diferencial de que allá lo tratan mejor porque le enseñaron a quien lo atiende a hacerlo, le dedicaron tiempo para mostrarle lo importante que era eso con el fin de que la gente quiera estar y volver allí por sentirse a gusto.
Y no en un lugar donde sin mirar para el costado le están diciendo que no de entrada, le están negando la posibilidad de sentirse contento por satisfacer su necesidad y de saber que cuenta con lo que quiere en su propio medio sin tener que salir a buscar alternativas, por las cuales luego escuchamos a los empresarios locales quejarse de la competencia desleal y la amenaza que significa Internet para sus ventas, lo que conlleva a la pérdida de fuentes de trabajo, el cierre de locales y otras yerbas.
Al final, creo que todo se trata de una cuestión de actitud desde el empresariado y patronal de cualquier especie, hacia sus empleados, para que estos sepan que valorar el trabajo que hacen, no es solamente valorar a los que como usted o yo queremos que nos atiendan bien, sino que también es valorarse ellos mismos por ser los mejores en lo que están haciendo.

HUGO LEMOS







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