“Apuntamos a la libertad, a la responsabilidad, al cambio de actitud y a generar un sentido de trabajo”

Entrevista a Alejandro de Barbieri

El próximo lunes 20 estará en nuestra ciudad el reconocido Psicólogo Alejandro de Barbieri, para cerrar el ciclo de conferencias de la Semana Emprendedora que se viene desarrollando con singular éxito. La misma versará sobre el “Optimismo y Sentido del Trabajo”. Sobre eso dialogó de Barbieri con LINK.ALEJANDRO DE BARBIERId
- Cuando se habla del “Optimismo y Sentido del Trabajo”, ¿cómo debemos entender este tema que nos propone?
– Estamos trabajando en empresas ya hace mucho tiempo, dando talleres y charlas. En este caso, es una charla sobre el sentido del trabajo, porque la gente hoy en día está muy mal, está cansada, agotada. Los mandos medios, los gerentes se cansan también porque dicen que la gente hoy no se motiva. Entonces la charla apunta a bajar, en el caso de los gerentes, es decir, quienes tienen gente a su cargo, lo importante es que sea un líder que entusiasme. Y en el caso de gente que dependa de un jefe, que por tener un jefe no por eso él es mandado. Me explico, tú puedes ser libre aunque tengas un jefe. Porque mucha gente dice, “mi jefe me exprime” o “tal empresa me exprime”, no es así. Entonces, la charla apunta a la libertad, a la responsabilidad, al cambio de actitud, y a generar un sentido de trabajo.
- Tengo entendido que esta charla está basada en parte de su libro “Economía y Felicidad” que fue editado hace unos años…
– Ese libro se editó en 2012 y justo ahora se está editando de nuevo en una versión ampliada y renovada, que es justamente en lo que yo trabajo en las empresas, la economía y la felicidad. Se trata, por ejemplo, de un padre que llega a su casa de trabajar y que no puede entusiasmar a sus hijos porque siente que su jefe lo exprimió. Entonces el libro trabaja sobre el sentido del trabajo, la felicidad, se trabaja todo lo optimista y el no ser divertido, como dice un autor, “el deber sin amor nos hace malhumorados”. Veo a mucha gente con malhumor. Mucha gente deprimida, mucho adulto cansado que no puede entusiasmar a sus hijos a que estudien o a que trabajen y a que le den un sentido a su vida.
- Hay una frase suya que dice, “no elegimos ser felices sino que elegimos vivir responsablemente”, ¿el problema tiene que ver con eso?
– Claro, la felicidad viene como una consecuencia de lo que hacemos, cuando uno vive en forma responsable, elijo mi vida. Si digo que mi mujer me exprime en mi casa, no estoy eligiendo. Si digo, mi jefe me exprime, estoy claudicando en mi responsabilidad, y la gente hoy vive así, eso es lo más triste. Hay gente que prefiere ser un fusible a ser persona, porque la persona es responsable. Hay gente que prefiere decirle a su mujer, “no, mi jefe me exprime”, no no, tú tienes una tarea en tu empresa donde dependes de otra persona.
Tú en el diario, por ejemplo, tienes un editor o un jefe de redacción, así que ustedes dependen de otra persona que les dice sobre una nota que entregaron que está bien pero que mejor la encaremos por otro lado. Eso no te hace perder a ti tu libertad y tu responsabilidad.
La gente hoy en día claudica en su responsabilidad, y de esa manera, claudica a ser feliz, porque la felicidad depende de lo que yo hago con lo que me pasa.
- ¿Esto se ve hoy en las empresas? ¿Donde los empleados tratan de trabajar responsablemente pero no son felices?
– Claro, la gente cumple, y si yo cumplo con lo que hago no doy lo mejor de mí, cumplir es hacer lo mínimo. Pero cuando uno da un plus, cuando sos una persona y no un recurso humano, tenés una manera de entusiasmar a los demás y entusiasmarte a ti, y cuando yo solo cumplo, me transformo en un fusible en la empresa, y un fusible se quema. Me explico. Esto pasa cuando doy lo mínimo, cuando siento que soy un recurso humano en vez de ser persona.
Por eso en esta semana de Salto Emprende, los distintos días se irán trabajando distintos temas, que tienen que ver con la toma de decisiones, con trabajo en equipo. Pero la gente que está como gerente muchas veces te dice que están desmotivados porque tienen que motivar a gente que ya está desmotivada antes de entrar al trabajo, esto es lo paradójico. Me explico. Tú antes conseguías un trabajo y ya estabas feliz, pero hoy justamente cuesta mantener a un personal motivado. Por decirlo de alguna manera, también ha cambiado la manera en la que nos motivamos, la gente es más exigente, cuesta mantenerlos en un trabajo, toda una dinámica laboral que afecta a la persona, el trabajo y la familia.
- ¿Esta motivación debe ser de común acuerdo entre el empleado y el empleador o la misma debe surgir desde el empleador?
– En ese sentido y por la experiencia que hemos tenido en los últimos años es que el empleado tiene sus funciones y yo trabajo para que él cambie de actitud. Pero el empleador, junto a los mandos medios y los gerentes, tienen su responsabilidad y cada vez más están dedicándole tiempo a ese tipo de talleres y charlas, porque si justamente logramos que esa persona sea feliz durante las ocho horas de trabajo, vas a lograr que llegue a su casa mejor y vas a lograr que trabaje mejor, no es como antes que se le pagaba a fin de mes y ya estaba feliz. Hoy hay gente que cambia de trabajo aunque le paguen menos.
“¿Te vas aunque ganes $ 5 mil menos?”, “Si, pero vos sabés que en el otro lugar me siento valorado, querido, hay papi fútbol, hay otra actividad…”, es lo que se llama el salario emocional. ¿Cómo tienen hoy que motivar a la gente? Con otros elementos para que la gente sea feliz durante las ocho horas.
- Así que el rendimiento en el trabajo no se trata únicamente de un tema salarial sino también de un tema de convivencia en el trabajo…
– Claro, exactamente, la gente valora mucho el tema de los vínculos. Lo económico es importante, pero no es solo lo económico. La prueba está que hay gente que renuncia y que pasa a otro laburo aunque gane menos.
- Se trata entonces de un tema de calidad y no de cantidad…
– Es un tema de calidad, de vínculos, de sentirse querido, sentirse reconocido y valorado, y eso hay que trabajarlo mucho con los líderes, porque el líder tiene que saber que tiene personas, no tiene recursos humanos. Si es recurso no es humano y si es humano no es recurso. El recurso es una computadora, pero Marcela o Fernanda o Manuel, no son un recurso, porque si yo trato a mi empleado como un recurso humano, mi empleado me va a rendir como un recurso, me va a dar lo mínimo. En cambio, si lo trato como persona, me va a dar un plus, va a ser creativo, se va a sentir mejor y querido, y a su vez va a llegar a su casa y se va a sentir bien porque trabajó en un lugar donde su jefe lo valora.
Y esto es algo que a los jefes les cuesta entender. Están acostumbrados a un estilo de liderazgo antiguo. Y eso hoy en día no basta, sobre todo en los jóvenes, que quieren sentir que aportan realmente a la sociedad.
- Si escribió un libro con estas mismas conclusiones hace 5 años, quiere decir que el tema ya estaba instalado desde antes. ¿Cómo evolucionó en las empresas este tema desde que centró la discusión en estos tópicos?
– Tengo la suerte que otro de mis libros, “Educar sin culpa”, salió en varios países, donde también hablo del trabajo, no es un libro solo para padres. Es un libro donde hablo mucho del sentido del trabajo porque el efecto de la sobreprotección, que planteo en “Educar sin culpa”, tiene efectos en el mundo laboral. Porque el nene que está sobreprotegido por su papá, espera luego que los sobreproteja su jefe. Este es el drama que tienen algunas empresas.
En los últimos años lo que ha crecido en las empresas es la demanda de trabajar estos temas. Tengo la suerte de viajar a Argentina donde me piden muchas charlas para hacer coaching, también me lo piden acá en Uruguay. O sea que ha crecido mucho la conciencia de que se precisa trabajar con la felicidad de los empleados, que no es solo pagarles sino hacer talleres, cursos, capacitaciones y crecer en un liderazgo humanista, de cuidar a la persona con la que trabajamos.
- De todas formas, hay personas que se encuentran en una zona de confort aunque no sean feliz en el trabajo. ¿Hay que sacarlos de esa zona de confort para que busque su felicidad laboral?
– No hay que hablar de felicidad porque marea a la gente, es un engaña pichanga. O sea, a la persona hay que hablarle para que le encuentre un sentido a su tarea. Su zona de confort es una zona de comodidad, hay gente que prefiere ser fusible a ser libre. Ser fusibles es cuando sos alguien del montón, cuando sos un recurso humano, como digo yo. Hay gente que prefiere no ser libre porque dice, “ah no, Manuel me mandó”, pero más allá que te lo haya dicho Manuel, vos tenés que pensar, pero hay gente que te contesta que no tiene tiempo y hace lo que le dijo el otro, y por tanto le echa la culpa al otro. Así que más allá que fulano lo haya mandado, es persona y tiene que decidir. Ese es el drama, que hay gente que prefiere ser mandado, lo que vendría a ser estar en su zona de confort, porque entonces claudica en su responsabilidad, pero el riesgo es que esa gente se termina enfermando.
- ¿Este tipo de semanas dedicadas al emprendedurismo sirve para parar un poco la máquina y tomarnos un tiempo para ponernos a pensar en estas cosas?
– Claro. Sirve porque en estas jornadas lo que se hace es una concientización de las distintas temáticas que se pueden trabajar en las empresas. Como la gente está tan mal, con poco se hace mucho, no es que haya que hacer grandes cosas. Por ejemplo, si soy el gerente de una empresa, como una panadería o lo que sea, bajar de mi escritorio, pararme en la puerta y conversar con mis empleados a medida que van llegando, preguntar por su familia, cómo sigue su hijo enfermo, organizar un asado entre todos, pequeñas cosas, con poco se hace mucho hoy en día.
Y a veces, para eso, hay que hacer capacitación, porque cuando tenemos un personal joven que vienen con una falta de empatía, con falta de conocimiento básico de leer o de escribir, de saludar, de bancarse un horario, porque a los jóvenes les cuesta mucho a veces tener que bancar determinado horario, eso termina repercutiendo en un mando medio que está tratando de formar a la gente para que no se le vaya.







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