Emprendedurismo y el futuro de la economía

El espíritu emprendedor y la innovación están en todas partes. Cumplir con la promesa de acceder a productos y servicios de forma “Más rápida y más barata” es una tendencia consolidada. La misma favorece que las experiencias de las personas al momento de satisfacer sus necesidades, consumiendo productos y servicios, puedan mejorar. Sin embargo, lograr alcanzar el desarrollo económico y social a través de la promoción del emprendedurismo trae consigo un conjunto de desafíos que condicionarán la hoja de ruta a elegir por los países: entre ellos, definir qué tipo de emprendimiento promover, encontrar formas de medir la innovación y levantar las principales restricciones que llevan a la alta mortalidad del sector MIPYME y sus heterogeneidades.
Los países de América Latina aún lejos de los primeros lugares en los rankings vinculados a la actividad emprendedora y el nivel de competitividad y productividad, tienen el gran desafío de ir, cada vez más, hacia una sociedad emprendedora si pretenden hacer frente a las idas y venidas de la economía mundial.
Es objetivo del presente artículo de Link de Diario El Pueblo, dar a conocer al lector una visión la relación existente entre el desarrollo económico y social y la promoción de la actividad emprendedora, el impacto del emprendimiento dinámico y su contraste con el que no lo es, los principales problemas estructurales que impactan en el emprendedurismo y cómo los mismos constituyen los principales lineamientos estratégicos sobre los cuáles debería caminar la promoción del emprendedurismo en el futuro.
Primero porqué: Desarrollo económico y social
La promoción del emprendedurismo, visto como el apoyo para crear nuevas empresas, favorece el desarrollo económico y social de los países y regiones. La generación de fuentes de empleo, la mejora en los niveles de vida a través del consumo de productos y servicios de mejor calidad, el aumento de la recaudación tributaria por concepto de actividad empresarial, entre otras externalidades positivas, invita a visualizar un camino viable que contribuye a la mejora de la competitividad y productividad de los territorios.
Desde las aulas universitarias se enseña que las empresas forman parte de un conjunto mayor llamado economía. En la mayoría de las situaciones, cuestiones como el aumento de la inflación o el aumento del desempleo (macro-económicas) dentro de un país, influyen de forma directa o indirecta en la actividad empresarial. Se torna difícil que un empresario individualmente pueda influir en una variable económica como las mencionadas. A pesar de lo anterior, desde otra perspectiva, el acumulado de micro, pequeñas y medianas empresas dentro de un territorio y los resultados de su actividad, sí tienen una gran influencia en la evolución de los indicadores económicos y sociales.
A lo largo y ancho de mundo existe un enorme entusiasmo por la clase de innovación tecnológica simbolizada por Silicon Valley. Desde este punto de vista, la inventiva estadounidense representa nuestra auténtica ventaja competitiva, que otros afanan in imitar. No obstante, ocurre algo desconcertante: cuesta detectar los beneficios de estas innovaciones en las estadísticas del PIB.
Joseph E. Stiglitz
De acuerdo a lo anterior surge el imperativo de encontrar una conexión entre el tipo de emprendedurismo que se promoverá en el futuro y de qué manera repercutirá en la economía. Quizás sea difícil medir la relación existente entre el desarrollo de un territorio y la puesta en marcha de producto o servicio nuevo, ello supone encontrar la relación entre cuestiones macro-económicas y micro-económicas.
Podremos estar todos de acuerdo a priori de que la innovación en los emprendimientos trae consigo efectos positivos en el bienestar humano, sin embargo, eso no nos conducirá a argumentar que quizás ese mismo tipo de inversiones se pueda redirigir a investigaciones más fundamentales y con un efecto relativo mayor.
Nadie se podría oponer a las ventajas que ha traído consigo la llegada de Facebook y su impacto en la forma que tienen las personas al momento de comunicarse hoy respecto al pasado, de igual modo, mucho se ha escrito a favor sobre el cambio en los hábitos de consumo, para bien, que ha tenido el surgimiento de aplicaciones como Uber o Airbnb. No obstante, es fundamental lograr encontrar mecanismos para comparar los diferentes tipos de apoyos a la innovación.
¡Es la innovación, estúpido!
“¡La economía, estúpido!” fue un eslogan creado por James Carville, asesor de Bill Clinton, durante las elecciones presidenciales norteamericanas de 1992 que disputó contra George H. W. Bush, quien gozaba en ese entonces de gran popularidad, sobre todo por su manejo de la política exterior. La caída reciente del bloque soviético ocasionó la recesión económica de varios países del este de Europa, hecho que repercutió luego en Estados Unidos entre 1990 y 1991.
El éxito del mensaje radicó en hacer creer al electorado que la recesión del país no se debía a la coyuntura económica, sino que contaba con problemas más profundos como el manejo de la política fiscal y monetaria: recurrió a que el bolsillo de las personas era importante y triunfó.
De igual modo, la promoción de un emprendedurismo basado en la importancia de la innovación, repercuten de manera exponencial dentro de una economía. La puesta en marcha de emprendimientos que no toman en cuenta la innovación -en al menos un grado- operarán con bajos márgenes de rentabilidad por limitarse a competir por quien ofrece un mejor precio.
Cualquier viento a favor o en contra de la economía, cada vez más globalizada y por ello, conformada por competidores no necesariamente locales, terminará haciendo deducir a los lectores algo: si no se promociona la innovación, las empresas no tendrán herramientas para crecer y desarrollarse.
Los milagros económicos de Israel, Alemania y Japón experimentados posteriores a 1945, desde las cenizas, llevan a argumentar la importancia que tiene promover la creación de empresas y mejorar la modernización del entramado productivo actual. Sin embargo, no toda promoción de emprendimientos es necesariamente la “aconsejada” para no perder la competitividad y productividad económica.

Una fiebre de emprendedurismo que suponga la creación de muchas empresas nuevas, no necesariamente termina ayudando a la economía, existen algunos matices que se hace necesario destacar. El aumento del PIB per cápita experimentado por Israel, posterior al lanzamiento del programa de mentores llevado delante de manera conjunta por el sector empresarial y el gobierno, radica en primer lugar, en que la promoción llevada a cabo, se focalizó en emprendimientos que vendían productos de alta tecnología.
Los niveles de facturación, generación de puestos de trabajo y recaudación tributaria, si se realiza en emprendimientos dinámicos, innovadores y escalables, será mayor en contraposición al apoyo a personas que crean un emprendimiento como una respuesta al desempleo y no más que eso.
Problemas estructurales y futuro de la economía
Al igual que en la metodología TOC, del profesor Ely Goldratt, la promoción del emprendimiento una vez definidos los objetivos generales, no debe perder de vista las principales restricciones y limitaciones que condicionan la creación y aceleración de emprendimientos dinámicos.
El Reporte de Competitividad Global define a la competitividad como el conjunto de instituciones, políticas y factores que determinan el nivel de productividad de un país. Estos elementos también determinan el surgimiento de nuevos emprendimientos y sus características.
De acuerdo a lo anterior, hemos elegido tres restricciones principales que impiden una mejora en la eficiencia de los procesos de apoyo que contribuyen a la creación de nuevas empresas: burocracia, financiamiento y fuerza laboral.
1. Burocracia
El abordaje institucional llevado adelante para mejorar los niveles de informalidad, deberían focalizarse en dos tipos de acciones: de promoción y de gestión. En dicho sentido, es importante que existan medios que informen y sensibilicen al emprendedor de las oportunidades y ventajas (aportes jubilatorios, apertura de nuevos mercados, entre otros) que trae consigo estar formalizado. En segundo lugar, los trámites burocráticos que se necesitan para abrir una empresa como así también, la gestión de pagos, debería ser cada vez más fácil y no convertirse en un impedimento.
2. Financiamiento
El acceso al financiamiento es una de las principales dificultades que tiene el sector MIPYME en el Uruguay, de acuerdo a estudios realizados por la Dirección Nacional de Artesanías, Pequeñas y Medianas Empresas (DINAPYME-MIEM). En dicho sentido, la continua mejora que se lleve adelante en pos de facilitar el acceso a instrumentos de financiamiento (disminuyendo tasas de interés, previendo dificultades para obtención de garantías, acceso a fondos de capital semilla para emprendimientos que no sean innovadores ni estén ubicados en la franja de supervivencia, entre otros objetivos) facilitará el crecimiento de las empresas y una mayor facilidad para acceder a capital de inversión y de giro.
3. Fuerza laboral
No pueden existir emprendimientos sin emprendedores. La promoción del emprendedurismo en la educación, a nivel primario, secundario y terciario se hace fundamental para generar masa crítica. Por otra parte, la inversión y apoyo a carreras vinculadas a ingenierías y TIC´s favorecería contar con talentos que puedan ser parte de emprendimientos vinculados a éste sector (más escalable que el resto).
El futuro de la economía, la estructura económica en sí, dependerá de los elementos que la conformen. En dicho sentido, del lado de la oferta de productos y servicios, las empresas del futuro serán las que efectivamente puedan adaptarse a las nuevas realidades que ya existen en el presente: globalización de la competencia, cambios tecnológicos acelerados y surgimiento de nuevos segmentos y hábitos de consumo.
Lic. Nicolás Remedi Rumi