Emprendimiento, un análisis clínico

El fortalecimiento del ecosistema empresarial no implica únicamente la puesta en marcha de iniciativas de apoyo al sector MIPYME, son apenas una fracción de lo que se necesita. Cuando existen las denominadas fiebres de emprendimiento, se hace evidente la importancia de consolidar los programas dentro de los territorios. Ello estará dado por la existencia de indicadores que favorezcan un eficiente sistema de evaluación y monitoreo, permitiendo tomar medidas correctivas cuando sea necesario y permitan que se logren las metas trazadas. Un adecuado análisis clínico de la situación del emprendimiento en un país, debería analógicamente tender a solucionar las patologías que pueda tener en un momento dado, al fin y al cabo, todo se puede mejorar si se mide.

Radiografía del ecosistema
En el artículo anterior, hicimos mención a la existencia de dos estadios patológicos asociados al emprendedurismo, dentro de cada región. En primer lugar, los desérticos de cultura los cuales necesitan focalizar sus esfuerzos en crearla, el problema allí es la ausencia de masa crítica y toman valor los mecanismos de educación y captación. En segunda instancia, los que tienen fiebre emprendedora, aquí la dificultad no es la falta sino las ineficacias dadas por la falta de controles –un registro único de emprendedores, los vacíos –puntos de mejora- y superposiciones –dados por los problemas de articulación-, y con ello malos resultados.
Sea cual fuera la situación en la que se encuentra cada ecosistema, se sugiere no perder de vista algunos focos del análisis. La definición de un enfoque que permita evaluar la situación en la que se está y la distancia que hay para lograr los nuevos objetivos que se plantean las organizaciones de apoyo al emprendedor, no debe menospreciar el aprendizaje aprendido en los años de puesta en marcha de iniciativas de apoyo al sector MIPYME, sin embargo, cuando ello ocurre lo que se hace clave es la consolidación y continuidad en el tiempo –sin perder de vista los resultados que se alcanzan-.
A partir de lo anteriormente mencionado, poder generar mediciones sobre la población sensibilizada es fundamental, ello generará la masa crítica que alimenta los instrumentos de apoyo y aumentará la probabilidad de que triunfen en el mercado. Sin embargo, no es suficiente en términos de vínculos con la competitividad de cada territorio, poder medir el nivel de formalización y aportes tributarios y por concepto de leyes sociales, evaluar la evolución en el nivel de facturación tanto en el mercado interno y externo, como así también la cantidad de fuentes de empleo generados, debería si en cambio, ser de utilidad en términos de medición de desarrollo económico y social.
En primera instancia, los aspectos temporales, la génesis y la evolución en retrospectiva del mismo, nos arrojará información valiosa para definir el rumbo futuro del sistema dinámico, auto-organizado, formado por los emprendedores, instituciones y programas de apoyo. Particularmente en Uruguay, las experiencias previas al Programa Emprender, su respectiva transformación en la Red de Apoyo a Futuros Empresarios y los desafíos que se generan en materia de desarrollo económico y competitividad con la incorporación de la Agencia Nacional de Desarrollo Económico -ANDE- junto a la Agencia Nacional de Investigación e Innovación –ANII- y Uruguay XXI, en el marco del reciente Sistema Nacional de Competitividad, son un claro ejemplo de ello. Iñaki Ortega junto a José Luis Curbelo publicaron en 2015 un paper denominado Emprendimiento y competitividad regional, en el que analizan la relación entre la actividad emprendedora, el crecimiento de la productividad los tres estadíos competitivos –etapa impulsada por factores como la generación de fuentes de empleo, la impulsada por la eficiencia en donde la profesionalización de la gestión y el rol de los métodos de mejora continua contribuyen a disminuir las tasas de mortalidad y una última impulsada por la innovación y a su vez, la internacionalización, los cuales favorecen en mayor medida a los indicadores de desarrollo económico-. En cada una de las etapas anteriormente descriptas existen desafíos y nuestra región no es la excepción, aún son incipientes los esfuerzos en relación a lo que se puede hacer en términos de desarrollo del emprendimiento.
En segunda instancia, las relaciones entre la población de emprendedores por oportunidad y supervivencia. Se afirma en los medios de comunicación, por parte de gobiernos y la academia que los emprendedores contribuyen a la generación de empleo, la innovación y el crecimiento económico, sin embargo, muchas veces se termina cometiendo el error de meter a todos dentro de la misma bolsa. Sobre éste punto en particular, Hugo Kantis y Federico Ibarra han propuesto en el libro Condiciones Sistémicas para el Emprendimiento Dinámico. América Latina en el nuevo escenario global (2015) el concepto de Safari emprendedor, el cual analiza las relaciones entre la velocidad de crecimiento y el tamaño que toman los emprendedores. El mismo complementa los aportes a la tipología de David Birch, sobre los tipos de empresarios en los años ´70, quien ya mencionaba la existencia de ratones –emprendimientos de subsistencia continua-, las gacelas –empresas líderes de alto y acelerado crecimiento– y los elefantes –empresas de gran tamaño, lentas que generan pocas fuentes de empleo-. La variante existente en la contribución de Kantis e Ibarra está dada por animales como canguros y delfines –empresas que ingresan al mercado, no encuentran nichos rentables y que permitan una buena escalabilidad hasta no haya podido atravesar una determinada curva de aprendizaje- y los seres humanos –empresas con menor aceleración que las gacelas pero que crecen de forma sostenida, generalmente con un perfil de egresadas de aceleradoras como Endeavor en América Latina-.

¿Qué es un ecosistema
emprendedor?
Al hablar de ecosistema, se hace necesario entender en qué consiste y qué metas tiene. Luego de ello, será más fácil detectar los principales cuellos de botella que derivan en problemas de competitividad.
El término “Ecosistema” incluye dos partes: “eco” y “sistema”. “Eco” refiere a una dinámica particular basada en la espontaneidad, y “sistema” se relaciona con la existencia de algunos nodos y sus relaciones. En algunos países en desarrollo el problema es la falta de masa crítica, la debilidad de los actores y la virtual inexistencia de algunos de ellos. En dicho sentido, el principal aporte que podrá arrojar el debate sobre la creación y fortalecimiento de ecosistemas es si los mismos se pueden crear o necesariamente deben existir algunos pre-requisitos.
A priori podemos mencionar la importancia de la planificación y la existencia de nutrientes en el suelo que favorecen el resto de procesos interrelacionados. Allí, el rol de polos universitarios, como así también iniciativas educativas que de forma gradual, transmitan la importancia de saber qué es el emprendimiento, cómo llevarlo adelante y por qué hacerlo, son de acuerdo a bibliografía dedicada al tema, elementos a tener en cuenta. Sin embargo, de nada sirven iniciativas que caen en forma de paracaídas, sin que cuenten detrás con el respaldo de agentes en los territorios, quienes les darán continuidad y podrán adaptarse a las necesidades.
A modo general, podemos decir que es el estudio, análisis y explicación de las diferentes relaciones complejas entre instituciones y personas emprendedoras con sus entornos académicos, sociales, políticos y económicos. A partir de la anterior definición, se pone de manifiesto la existencia explícita la existencia de grupos de inversión, sistemas de política, fiscalidad y administración, mercados, infraestructuras, elementos de soporte y apoyo, instituciones educativas y cultura.
Todavía hay mucha resistencia debido al miedo a fracasar. A la sociedad uruguaya no le gustan los fracasos; quiere que se sea exitoso todo el tiempo. Y el emprendedurismo se trata mayormente de fracasos. Si puedes hacerlo de primera, lo más probable es que todos los demás también puedan hacerlo. Emprender es aceptar que a través del fracaso aprendes la manera de cómo hacerlo mejor la próxima vez, y la siguiente, y la siguiente.
Harry Yuklea, 2015
Los cuellos de botella tal como lo menciona Harry Yuklea, nuestro país tiene el gran desafío de pasar de un paradigma de M´hijo el dotor en el que a pesar de mejoras, existen aún un alto porcentaje de estudiantes que cuando se gradúa busca un empleo en lugar de generarlo, sin embargo, al tener un pequeño mercado, su condición de Laboratorio, útil para validar proyectos y escalarlos, como así también la facilidad para implantar, articular y dar seguimiento a iniciativas en comparación a otros países –por su magnitud- nos colocan, en una ventaja frente al resto, a países como Israel le costó el proceso 25 años.
El gran desafío
El gran desafío en pos del desarrollo emprendedor arroja una serie de desafíos sobre los cuáles trabajar. El análisis clínico nos llevará a evaluar alternativas en relación a dos tipos de patologías.
En primer lugar, las que están relacionadas directamente en el desarrollo de emprendedores, por citar algunos ejemplos, la creación de mayor masa crítica, las conexiones eficientes entre financiamiento y sus demandas, la articulación y amplificación del ecosistema, la sensibilización de emprendedurismo en grupos en los que aún no se llega, con discapacidad, en temprana y tercera edad. En última instancia y no por ello menos importante, las vinculadas a áreas indirectas al emprendimiento pero que igualmente influyen en la competitividad y desarrollo económico y social de un país. Aquí, los desafíos en materia del envejecimiento de la población, la ecología y la potencialidad de trabajar en los servicios del sector financiero, se convierten en focos sobre los cuáles trabajar. Algo es cierto, aún está todo por hacerse, ese es el verdadero desafío.
Lic. Nicolás Remedi Rumi