Inserción laboral juvenil vs. Emprendedurismo

Muchos jóvenes alrededor de América Latina y específicamente en nuestro país, buscan generar valor a la sociedad con lo que saben y pueden hacer. Sin embargo, las crisis económicas, los desfasajes entre la oferta y demanda de trabajo, entre otros factores, llevan a convertir el desempleo juvenil en un tema a abordar por los gobiernos y organizaciones interesadas en la temática. Aunque las nuevas tecnologías y el emprendimiento no sean la panacea y la solución total a este tema, animar a la juventud a ver la opción de autoempleo brinda una alternativa a considerar.

Problema a enfrentar: desempleo juvenil
A lo largo de la historia el desempleo se ha convertido en una problemática creciente desde la Revolución Industrial en el siglo XVII. La ocurrencia de crisis económicas, determinados avances tecnológicos en sectores de actividad y deficiencias entre la oferta y demanda de trabajo son algunas de las innumerables causas de este fenómeno. La destrucción gradual de determinados tipos de oficios, trabajos y empleos: sustituidos por mejoras y cambios tecnológicos nos coloca en una época en el que los sistemas educativos forman a personas para una era cada vez más incierta.
De acuerdo a datos de la OIT, en América Latina y el Caribe hay 21,7 millones de jóvenes que no estudian ni trabajan, de los cuales 7,8 millones buscan empleo sin conseguirlo, y cuando generalmente lo encuentran es de baja productividad y en condiciones de informalidad.
Más allá de las estadísticas, las dificultades de inserción laboral generan angustia, marginan y pueden destruir familias. A partir de aquí, han surgido decenas de perspectivas que han buscado dar respuestas al problema que afecta a un alto porcentaje de la población de la región: en especial al juvenil.

El plan alternativo: internet
La región de América Latina y el Caribe, pero más específicamente Uruguay ha experimentado con la puesta en marcha del Plan Ceibal una disminución significativa en las brechas de acceso a la tecnología, investigaciones realizadas por organizaciones como Grupo Radar, Universidad de la República y Universidad Católica del Uruguay, entre otras afirman los impactos y la evolución del perfil del internauta nacional -con un segmento cada vez más “acostumbrado” a consumir productos y servicios a través de internet. Hecho que debería leerse más allá de los titulares e invitar a reconocer qué consecuencias, oportunidades y desafíos genera en relación al empleo.
El emprendimiento no es una solución para todo, la ayuda a determinados grupos vulnerables y los jóvenes ni-ni, no necesariamente se sentirán motivados a trabajar en proyectos empresariales sin un abordaje integral. Si bien, la opción del autoempleo no es una alternativa para todos, no se pretende que “quienes no tienen empleo, se lo construyan”, pero seguramente quienes en la actualidad tengan interés de poner en marcha sus proyectos, encuentren junto al aumento de penetración de internet, un camino para generar ingresos. Las facilidades para comunicar, vender y ofrecer la propuesta de valor a través de redes sociales, aplicaciones y webs se hacen año a año más evidentes, el aumento significativo de inversión, por programas de apoyo, aceleradoras y grupos económicos en plataformas de e-commerce, e-business, fintech, por citar algunos ejemplos.

Jóvenes emprendedores
Los jóvenes que tengan “el bichito emprendedor” tienen que saber que siempre hay opciones, si vos sos una persona que está terminando su secundario, la universidad, un curso técnico y tu sensación es que está todo hecho, que es difícil encontrar trabajo, que nadie se interesa por tus ideas, sin dudas, puede ser que eso sea efectivamente así. Sin embargo, también tené en cuenta que se pueden hacer cosas, siempre hay un “plan b”: nuevas personas con quien hablar y las nuevas tecnologías pueden ser aprovechadas para ayudarte en ello. Hoy con la llegada de internet las distancias se acortan: puede ayudar a conseguir fondos, clientes y aliados estratégicos que terminen motivándote a “dar el salto”.
Todo ello, será más fácil si tenés claro cuál es tu proyecto. En el libro “Alicia en el país de las maravillas” del escritor británico Lewis Caroll, Alicia: el personaje principal se encuentra con el Gato de Cheshire justo en la intersección de dos caminos, cuando la niña le consulta qué camino seguir, el Gato pregunta: ¿A dónde quiéres ir?, no sabiendo la respuesta Alicia, el felino sentencia: “entonces cualquier camino te servirá”. Tanto si quieres instalar un restaurante de comidas saludables, convertirte en un profesional experto en un área, tener una fundación que busque ayudar a determinado grupo de personas, ser un periodista, lo que fuera, teniendo claro “tu norte”, vas a poder obtener buenos resultados a medida que avances por el camino emprendedor. Disfrutando el proceso, valorando el camino y no la meta en sí misma, intentando hacer las cosas que realmente te apasionen, seguramente haya allí una pista.

El futuro no se predice, se construye
La casualidad no existe, existe la causalidad. Diariamente tomando decisiones, cuando elegimos qué comer, qué estudiar, cómo buscar empleo, cómo aprovechar nuestras capacidades. No perder de vista que nunca es tarde para comenzar y que las acciones que tomemos nosotros a partir de las preguntas que nos hagamos, podrá llevarnos a trabajar en un plan de acción, en un mapa de sueños, en una ruta que nos lleve desde el lugar en el que estamos hoy, a uno futuro.

El primer paso
El primer paso es decidir cuál es ese norte, respondiendo a la pregunta: ¿cuál es tu proyecto? Aunque seas talentoso y te guste hacer algo, pero por alguna razón estás estudiando, trabajando o haciendo algo que no te gusta, todo se hará cuesta arriba: es mejor alguien que prefiere hacer algo y está dispuesto a aprender a la opción de hacer algo “porque da plata”.
Muchas personas antes de emprender googlean “1000 ideas de negocio”, pensando que encontrarán ideas con las que pueden crear proyectos rentables, sin embargo, seguir ciegamente ese camino puede terminar colocándote en un lugar en el que realmente no “llena” y por ende, terminarás “sufriéndolo”. A partir de aquí, será difícil mantener constancia y una actitud proactiva, sin actitudes las ideas pierden acción e ideas sin un “hacer” detrás, terminan fracasando y nadando en “piscinas de dulce de leche”. No es la intención ni la idea lo que importa realmente, es la capacidad de ejecución del emprendedor.
En muchos blogs, revistas y charlas motivacionales se habla de la casualidad, sin embargo en contraposición a ese concepto, hay otro que nos permitirá planificar y aprender a trabajar dentro de nuestro camino emprendedor: el pensamiento efectual. La investigadora Saras Sarasvathy de origen indio se ha dedicado a reconocer cuáles son las acciones realmente llevadas adelante por los emprendedores que logran pasar de ideas a empresas en marcha. A partir de allí, llegó a un par de conclusiones que se contraponen a la manera de arrancar.
– No comienzo porque me falta inversión.
– Necesito armar un plan de negocios para iniciar mi proyecto.
– Necesito un programador que desarrolle mi aplicación y no puedo financiarle los honorarios.
Las personas muchas veces “matan sus proyectos” antes de comenzar justificando su “por qué no lo han realizado aún”, sin embargo, en los últimos años han surgido muchas metodologías como Bootstrapping, PMV y Lean Canvas, entre otras, que permiten comenzar “de menos a más” con lo que se tiene.
Antes de comenzar, busca responder estas cuatro preguntas: ¿Quién soy? ¿Qué tienes y qué sabes? ¿Con quién te rodeas? A partir de esas respuestas, comienza a trabajar en alternativas de proyectos que se amolden a ti. En caso contrario, trabajar con proyectos que no te despiertan interés, te llevará a incurrir en errores innecesarios.
El segundo ítem en el cual se trabaja en el desarrollo de un emprendimiento, “sin excusas”, es reflexionar sobre el ¿cuánto estoy dispuesto a perder?, el foco de quienes efectivamente arrancan a trabajar en una empresa nueva radica en no convivir con la incertidumbre de “qué hubiera pasado si lo hubiera intentado”. No especula si logrará poner en marcha y posicionar un proyecto en el mercado, no duda, se lanza.
Los jóvenes emprendedores que logran atravesar el camino emprendedor hasta llegar a la meta de forma “exitosa”, saben que los desequilibrios y el riesgo es algo innato a la actividad que practican. Son conscientes de que siempre puede ocurrir algo no previsto y para ello, siempre tienen un “plan B”. En cada modificación, en cada cambio siempre hay cosas que salen mal pero atrás de ellas, hay una nueva oportunidad para alguien.
El emprendedor que trabaja de forma “efectual” construye el futuro, no lo espera. Planifica cómo lograr resultados tangibles. Adaptarse, tener flexibilidad y saber cuándo “decir no”, se convierten en los insumos para co-crear junto a otros interlocutores la visión de un proyecto. No hay ninguna idea de negocio que sobreviva al primer contacto con un interlocutor externo y es justamente en la capacidad de “reciclaje de las ideas” que las ideas se mejoran y se adaptan. Seguramente esa sea la razón por la cual existe una relación entre el grado de avance de los proyectos y la cantidad de veces que la idea es compartida. Comenzar con un lápiz y papel a elaborar una lista con las treinta personas “que pueden apoyarte y colaborar con el progreso de tu idea”, es la primera sugerencia para saber aprovechar y explotar la red de personas cercanas a nosotros. Ten en cuenta y busca aprovechar con internet, la facilidad con la que puedes hablar con otras personas que pueden comprarte, financiarte o ser un puente con otros actores.

Lic. Nicolás Remedi Rumi







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