Lo que el 2017 nos dejó: una pausa para reflexionar

Todo cierre conlleva a una evaluación. Las reflexiones de fin año nos invitan a hacer un balance que permita aprender de los errores, salvar los aciertos y de esa manera reposicionarnos para lo que vendrá en la nueva etapa que inicia: el año 2018.

Sé lo que hiciste el verano pasado
Jim Gillispe dirigió en el año 1997 la película de terror, escrita por Kevin Williamson, Sé lo que hiciste el verano pasado. ¿Qué hicimos en diciembre de 2016? El “verano pasado planificaste”, llega el momento de hacerse una pausa para reflexionar. El año pasado, a partir de las experiencias previas, nos propusimos individualmente una serie de metas que sirvieron como una hoja de ruta para guiar la gran mayoría de las decisiones que fuimos tomando. Algunos de los objetivos previstos se cumplieron, también otros imprevistos que cayeron en forma de “paracaídas” fueron bien resueltos, otros en cambio de manera parcial y algunos también quedaron encajonados sin ningún resultado, pendientes aún para que sean retomados y abordados.
Sin lugar a dudas, las desviaciones de la planificación son un elemento innato a todo proyecto personal y son justamente éstas las que nos obligan a cuestionarnos y re-planificar la visión construida que hemos ido creando en el camino. De manera analógica, lo mismo ocurre con nuestra región en relación a temas como el desarrollo empresarial y la promoción del emprendedurismo; cuando se empieza a terminar el año, también llegan los momentos de balance.
A fin de año afloran muchísimas sensaciones que nos llevan a replantearnos todo. El presente número de Link de Diario El Pueblo tiene como finalidad enumerar los hechos más relevantes que acontecieron en el año que se termina, vinculados a emprendedores, empresarios y empresas, foco que quincena a quincena nos convoca, y esbozar así un conjunto de aprendizajes y aspectos que no estarán ajenos a lo que los medios de comunicación terminarán escribiendo en un año pre-electoral.
Aún queda mucho por hacerse, los avances y retrocesos dados por las tendencias y hechos políticos, sociales y económicos terminan haciendo deducir que la promoción del emprendedurismo, la competitividad territorial y el desarrollo económico y local se asemejan más a carreras de resistencia que de velocidad. El peso económico que tiene China, el impacto de las políticas de Estados Unidos, el rumbo tomado por la Unión Europea ó las definiciones desde MERCOSUR, repercutirán tarde o temprano en nuestra región, no habrá que perderlos de vista. En relación a esto, si los meteorólogos se equivocan algunas veces cuando buscan predecir el tiempo de un día para el otro, no es de extrañar que sea muy difícil qué ocurrirá dentro de un año; lo único seguro será la incertidumbre y la imperiosa necesidad de trabajar de manera eficiente.
La productividad no es todo, es casi todo
Paul Krugman, Premio Nobel de Economía en 2008, escribía en su libro The age of diminishing expectations (1994) que “La capacidad de un país para mejorar su nivel de vida depende casi únicamente de su capacidad para elevar su producción por trabajador”.
La realización de la primera Asamblea en Ciudad de México del Consejo Iberoamericano para la Productividad y Competitividad en 2015, los acuerdos surgidos en la Cumbre de Cartagena en 2016 de Jefes de Estado y Gobierno de Iberoamérica de dedicar esfuerzos al tema de la juventud, el emprendimiento y la educación en América Latina, las investigaciones realizadas por la Universidad Católica del Uruguay con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en la construcción de Indicadores Departamentales de Competitividad y la puesta en funcionamiento del Sistema Nacional de Transformación Productiva y Competitividad en 2017 en Montevideo, entre otros hechos relevantes, llevan a deducir que la región está mirando las palabras del profesor Krugman como uno de los nortes a seguir.
A pesar del crecimiento ininterrumpido de la economía en nuestro país, desde fines del año 2014 ha aumentado el desempleo de forma creciente y lleva a la pérdida de más de 40 mil fuentes de trabajo de manera acumulada. La educación, la política laboral y la protección social traen consigo una serie de desafíos en pos volver a generar empleo y contribuir a la mejora de los niveles de competitividad.
Hablar de productividad y competitividad también es hablar de macroeconomía, del lugar que ocupamos actualmente en los rankings de facilidad para hacer empresas, en las que Uruguay sigue ocupando lugares de mitad de tabla para abajo, del gasto fiscal y de cómo el mismo ha venido aumentando en los últimos años, de los niveles de inflación y de cómo comparativamente somos más o menos atractivos para la atracción de inversión extranjera directa, de la presión tributaria que se genera sobre el sector MIPYME y de cómo la misma termina empujando hacia la informalidad y las externalidades negativas que ello genera, y de cómo lograr dar continuidad a la política social acompañada con la mejora de los niveles de productividad.
¿Cuáles son las principales restricciones de las cadenas de valor para mejorar sus niveles de productividad? ¿Qué propuestas se están discutiendo actualmente y deberían tratarse en el Poder Legislativo para que la productividad empresarial no transite un camino sin retorno y que profundice las heridas ocasionadas por el aumento del desempleo? ¿Qué puntos deberán priorizarse para mejorar la eficiencia y eficacia con las que se trabaja desde el entorno institucional éste tema?
El año 2017 para los Uruguayos y particularmente los Salteños nos ha dejado entre otros hechos relevantes vinculados al emprendedurismo, la actividad empresarial y la productividad, la presentación el pasado 16 de noviembre en el Parlamento del Proyecto de Ley de Emprendedores, iniciativa que busca adaptar el camino recorrido en el país vecino de Argentina y de la cual Salto no será ajeno, la celebración del primer Encuentro Bi-Nacional (Argentino-Uruguayo) del Ecosistema Emprendedor, el cual se erige a partir de la sumatoria de voluntades institucionales en ambas orillas, la puesta en marcha de proyectos que persiguen la mejora de la competitividad sectorial en el interior del país, apoyados por la Agencia Nacional de Desarrollo (ANDE) y la Agencia Nacional de Innovación, en la que para Salto el sector hortofrutícola y turismo fueron los apoyados y por último y no menos importante el desarrollo del primer Conversatorio sobre Productividad y Competitividad del Litoral Norte Uruguayo, el cual contó con la presencia del Cr. Enrique V. Iglesias en Salto y da lugar a un proceso que contribuya a la construcción de una agenda de desarrollo económico local, entre otros.
¿Qué no se está haciendo, que de hacerse terminaría repercutiendo en una mejora para el sector empresarial? ¿Qué nos está frenando para orientarnos a resultados y poder avanzar en la ejecución y control de los mismos?
El que la sigue la consigue
Lo que no se mide no se puede mejorar. La continuidad de los procesos, se da con perseverancia y flexibilidad, no perdiendo de vista los resultados esperados. Seguir los procesos trae consigo la importancia de medir los avances logrados y el impacto real de los retrocesos que eventualmente surjan.
Si hablamos de los temas que se dijeron antes, la construcción de indicadores y la definición de metas intermedias termina siendo el denominador común para no morir en el intento. Pensar en el largo plazo, de manera prospectiva siempre termina siendo un sano ejercicio para no perder de vista hacia dónde vamos, no obstante, tampoco es bueno perder de vista las palabras de John M. Keynes cuando defendiendo los resultados de forma más o menos inmediata decía que en el largo plazo todos estaremos muertos. Palabras un poco frías para un artículo de balance de fin de año, pero también necesarias para ayudarnos a evaluar y continuar.
Si nos comparamos con nosotros mismos o con los otros, medir los grados de eficiencia y eficacia con las que se logran las cosas será fundamental.
Una última reflexión: Debates, debates y más debates
“Dime de lo que hablas y te diré quién eres”. La integración e inserción internacional, la promoción de emprendedurismo, la enseñanza de la innovación desde los centros educativos, la mejora de la infraestructura y el desarrollo de nuestra región como polo logístico, el valor agregado generado desde el sector MIPYME, la importancia de la articulación entre empresas y universidades, el desarrollo económico depende de la construcción y continuidad de espacios de diálogo entre todas las partes involucradas, dejando atrás las diferencias y buscando con ellas encontrar sinergias.
Salto supo desde sus orígenes ser un “Salto emprendedor”, desde Pascual Harriague hasta Saturnino Ribes, fueron personalidades que nos mostraron con el ejemplo de que muchas veces terminan siendo más importantes los hechos que las palabras. La construcción de la Represa Hidroeléctrica Salto Grande, la creación de Sedes Universitarias y la habilitación del IMAE Cardiológico, en nuestro departamento nos muestran que para que ciertas cosas se den, hace falta empujar todos para el mismo lado; habiendo previamente generado un espacio de diálogo para saber cuál es ese lugar para el que se quiere ir.
El ya fallecido Dr. Daniel Ferrere, cuando se le consultaba sobre “los pasos a seguir” para la realización de cambios decía que la conciencia de la ciudadanía era el contrapiso al rompimiento del status quo. Lograr conciencia es resultado de un proceso de sensibilización en la que cuando nos damos cuenta de que “no podemos seguir de una manera” en relación a algo, reconocer los errores, trabajar de manera complementaria todos juntos, detectar las causas que nos llevaron a fallar y volver a empezar es quizás el camino lógico de las sociedades que se desarrollan, transitan. Al fin y al cabo, las palabras construyen y es justamente en los espacios de debate que las mismas permiten sembrar los proyectos que luego se ejecutarán.
Lic. Nicolás Remedi Rumi







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