Muchas dudas por despejar

Me cansé de leer el volumen y magnitud de desinformación y tergiversaciones que se han planteado los internautas y el público en general, desde que el periodista Leonardo Haberkorn publicó en el diario El Observador, lo que el excomandante en Jefe del Ejército y hoy precandidato a la presidencia por el novel partido Cabildo Abierto, Guido Manini Ríos ya sabía. dibujo
Lo que el ahora excomandante en jefe del ejército en sustitución de Manini Ríos y ya expulsado por saberlo, José González, también sabía. Lo que el ahora exministro de Defensa Nacional, Jorge Menéndez, sabía, lo que el ahora exsubsecretario de esa cartera, Daniel Montiel, conocía, lo que el actual Secretario de la Presidencia, Miguel Ángel Toma, sabía y lo que el presidente de la República, Tabaré Vázquez, tendría que haber sabido porque firmó el fallo, y si lo hizo sin leer, es una omisión a sus funciones, y graves por el contenido de lo que firmaba, no fue un descuido ni mucho menos.
Lo que ya sabían todos, que era la confesión de un nuevo crimen de lesa humanidad por parte del represor de la última dictadura cívico – militar, José Nino Gavazzo, algo que por la cadena de conocedores del tema a esta altura, parece que todo era un secreto a voces y que los únicos que no sabíamos éramos el resto de los mortales.
Porque todos ya lo sabían, estaba en las actas del Tribunal de Honor del Ejército, estaba en el expediente que Guido Manini Ríos le entregó al entonces ministro de Defensa, Jorge Menéndez, estaba en ese mismo expediente que recibió Miguel Toma, estaba en las actas que refrendó con su firma el señor presidente de la República.
Estaba allí al alcance de quien quisiera verlo y el problema, es que lo vio un señor periodista, como Haberkorn, que ya había venido investigando todos estos temas desde hace muchos años, que ya había escrito los libros “Milicos y Tupas”, y “Gavazzo. Sin Piedad”, que detalla el primero las negociaciones que han llevado a cabo los tupamaros con los militares para poder vivir en paz en la época post dictadura. Y el segundo, los horrores de Gavazzo, entre los que se encuentra el asesinato del salteño Eduardo Pérez, padre de Martín Castellini, a quien conocí por ser compañero de liceo de mi hermano mayor, Álvaro, pero de quien nunca oí hablar en mi casa de que era hijo de un muerto por la dictadura.
El tema pasa ahora porque hay muchos que piden no manipular la información, aunque con ello lo único que están exponiendo es la manera que tienen de hacerse los distraídos. Decir, que el presidente nunca ni por asomo, ni por casualidad, tiene responsabilidades en este caso es no decir toda la verdad y ser parte de la maraña de ocultamiento con la que se ha tratado este caso.
El presidente Tabaré Vázquez debió haber leído lo que firmaba y enterarse de todo, enviando de inmediato las actas a la Fiscalía de Flagrancia para que actúe de inmediato en la aclaración de ese crimen de Lesa Humanidad, como fue el de Roberto Gomensoro en 1973 y para que actúe el sistema judicial y haga pesar sobre el responsable todo el peso de la ley. No se me ocurre que Vázquez haya querido proteger a ningún represor de la dictadura, pero ese gafe que cometió no es una cosa menor, ni tampoco un simple error y quienes lo remarcamos no queremos distorsionar la historia. Sino que remarcarlo, es poner las cosas en su lugar.
Gavazzo ya está preso por al menos otros 28 crímenes cometidos en la época de facto, así que imputarle otro hecho no cambiará mucho las cosas, pero sí está el proceder de todo esto. El Secretario de la Presidencia, Miguel Ángel Toma, un abogado oriundo de Artigas, de filiación colorada que trabaja en Presidencia hace años y que fue elegido por Vázquez en este período para ocupar el segundo cargo en importancia dentro de la Torre Ejecutiva y de máxima confianza de la figura presidencial, recibió toda la información, fue enterado del asunto por el ministro de Defensa y conocía el detalle del asunto.
Entonces la pregunta surge ¿Toma no le informó nada al presidente de la República sobre este hecho? ¿No salió de la reunión directo al despacho presidencia que está a pocos metros dentro del mismo edificio a avisarle al presidente de lo que había sido informado? ¿No le dijo al mandatario que había un nuevo crimen de lesa humanidad por resolver con una confesión que implicaba una prueba sustancial para la aclaración de este caso y que su obligación como funcionario público era llevar el tema a la Justicia?
¿Acaso cree Toma que por ser el número dos de la Presidencia de la República puede omitir sus obligaciones como funcionario público? ¿Consideraba que denunciar el caso sería echar más leña al fuego en año electoral? ¿Habrá entendido que quizás el tema no era políticamente potable y entonces lo dejó a merced de que se encargue otro? ¿O será que al ver que el señor presidente de la República, al solamente rubricar el fallo sin mandato verbal adjunto, de que el caso pasara a la Fiscalía General de la Nación, lo dejó entonces por eso y que se guarde?
¿Qué habría pasado si los generales que ahora fueron separados de sus cargos hubieran realizado un pacto de silencio y borraban de las actas las declaraciones de Gavazzo para que nada se supiera? Pero como no lo hicieron e informaron de absolutamente todo la pregunta inevitablemente surge ¿qué había pasado si el periodista Leonardo Haberkorn no hubiera publicado una sola línea de esta situación que revelaba al autor de un crimen de lesa humanidad del que supuestamente había toda una cadena de mando enterada?
Son muchas dudas que como ciudadano de este país me he hecho todos estos días. Porque uno puede entender a los fanáticos que defienden lo indefendible, a los gorilas que quieren que todo se calle porque dicen que eso ya pasó y otras groserías de ese tipo, pero las dudas persisten sobre el actuar de todos los mencionados en este artículo, porque con todo esto uno piensa ¿cuántas cosas más se le pueden estar pasando por alto entonces a nuestros gobernantes, que nos afectan como pueblo y que encima nosotros no sabemos? Mucha duda queda aún por despejar.

HUGO LEMOS