Mucho más que una declaración

Una mujer levanta la mano y pide ayuda para poder comer todos los días, un niño recorre varios kilómetros desde su casa caminando para poder llegar a la escuela, una mujer descompensada espera horas por ser atendida en un Hospital, un hombre con capacidad y voluntad pide trabajo para poder mantener a su familia, otro que es jefe de familia se queja porque fue víctima de un delito y nadie ha hecho nada por él, más que el dejarlo con el vacío de decirle que si encuentran al delincuente van a tomar cartas en el asunto, una mujer ve como su expediente duerme en la justicia hace muchos años y reclama que de una vez por todas se dicte sentencia, otra quiere que su hijo que presenta discapacidades pero puede realizar ciertas tareas sea incluido y tenga la oportunidad de concursar por un puesto de trabajo, una madre ve como su hijo que es ciego pero puede aprender a escribir y leer perfectamente no es recibido de manera adecuada en la escuela a la que asiste y lo tratan como si tuviera un retraso mental, otra gente presa de la inseguridad en su barrio ve como las ambulancias, los taxis y el transporte público no entra y sigue de largo privándolos del derecho de acceder a ese servicio, pero pese a sus insistentes reclamos nadie hace nada por resolverlo. derechos
Estos son apenas algunos de los casos que ocurren a diario en la actualidad y en donde se vulneran los derechos humanos de las personas, donde muchos no acceden al derecho a la salud, a la educación, al trabajo, a la vivienda, a la seguridad y a la inclusión social adecuada en sus justos términos. Todas estas cosas son vulneraciones claras y flagrantes a los derechos humanos. Todas ellas sin excepción y muchas otras tales como la discriminación por cuestión de género, de religión, de orientación sexual, de raza y de partido político, algo que ha ocurrido en los últimos años tanto en nuestro departamento como en el país, donde dependiendo a qué partido o sector se pertenezca o simpatice, uno lleva la estampa en la frente y de esa manera habrá que tratarlo.
Ayer se cumplió el 69º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos ocurrida en 1948, en Nueva York, como una manera de pretender humanizar un mundo diezmado y aturdido por las dos tremendas guerras sufridas en la primera mitad del Siglo XX.
Fue, si se quiere, la primera muestra de globalización en el mundo y comenzó con algo tan importante como los derechos de las personas a vivir, en primer lugar, y a hacerlo con dignidad, con derechos a crecer, a desarrollarse y a vivir como seres humanos libres e independientes pero con oportunidades para alcanzar un estado de bienestar que comprende la concepción de desarrollo humano.
Sin embargo, el abordaje de los derechos humanos es muy cortito y solamente plantea una serie de cosas como lo ocurrido con las víctimas de las dictaduras latinoamericanas o cuando ocurre una violación a los derechos sindicales de un grupo, o cuando se ataca un colectivo social determinado. Que eso es algo que comprende el concepto de violación a estos derechos, pero su concepto van mucho más allá de esa mirada tan hemipléjica a la que muchas veces pretende minimizarse.
Creo que nuestro país tiene un debe enorme en materia de derechos humanos en muchos aspectos y si bien ha ganado en otros, le falta buscar soluciones para dejar de violar muchos de ellos. Por ejemplo, lo que nos pasa con los niños que conviven con sus madres en las cárceles y allí se forman dentro de un sistema que quiérase o no, no es el más amigable para ellos. Esos niños deben estar en sus casas con su familia y si no pueden estar con sus padres, porque los mismos le han errado el camino, deben estar con alguien que les enseñe lo que es vivir y educarse dentro de una casa, con una familia y con el esfuerzo de poner todo para salir adelante.
Sigue siendo un error tenerlos en un centro carcelario por más liviano que se considere la vida en el mismo, porque los códigos a los que apelan siempre serán inadecuados para el crecimiento y el desarrollo del niño.
También hay violación a los derechos humanos de muchos reclusos, que una vez que caen en el sistema van a parar a verdaderas jaulas con condiciones inhumanas, donde pasan a estar en lugares que apuntan a su represión mental y física de una forma que los determina para el resto de sus vidas, en muchos casos, los marca mucho más que el delito que cometieron.
Pero asimismo, se violan los derechos humanos de las víctimas del delito cuando las mismas tras sufrir el ataque de la delincuencia deben quedarse esperando, pacientes, que alguien las atienda y busque a través de la represión del sujeto que cometió la agresión, repararles el mal que sufrieron. Aunque sin recibir atención de ninguna índole, sin ser contenidos por la situación vivida y sin ser contemplada una solución al corto plazo para asegurarles que van a vivir en una sociedad pacífica, donde trabajar no va a ser a estar expuesto a que los delincuentes hagan lo que quieran con ellos, cuando se les dé la gana.
Y un aspecto no menos importante, también se violan los derechos humanos elementales de la población cuando se les censura la libertad de expresión, cuando se les presiona para que no digan lo que quieren o piensan porque de hacerlo pueden perder su trabajo o puede comenzar a recibir acciones negativas tales como acoso laboral o persecuciones.
Asimismo, desde el propio Estado se vulneran los derechos humanos cuando se viola el principio de presunción de inocencia y se le dice a una persona “pague y después reclame”, cuando hay errores en los procedimientos administrativos que revierten el derecho de inocencia de las personas ante el error grave e inexcusable de la burocracia estatal.
En definitiva, los derechos humanos son la libertad de ser, sentir, pensar y actuar, cumpliendo con los deberes impuestos y gozando de los derechos que le han sido otorgados a una persona por su simple condición humana, algo con lo que los gobiernos deberían ponerse a tono sin miramientos ideológicos y con el fin de que toda la población, toda sin distinciones, sienta que está protegida en su desarrollo humano sin exclusiones.

HUGO LEMOS







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