Mucho para revisar

No estoy de acuerdo con las elecciones del BPS. Lo dije hace cinco años y lo digo ahora. No me parece que el Estado, con todos los problemas económicos que tenemos como país, no pueda resolver este asunto a través de una ley, donde se modifiquen los parámetros de elección de estos “representantes” de la gente, en el directorio de un organismo público donde poco y nada se ven los cambios en beneficio de la sociedad.
En realidad, de lo que menos podemos hablar es de beneficios, porque el BPS te pone un límite para poder acceder a algún “beneficio” y encima, si uno llega a tenerlos, es porque le va muy mal, gana muy poco y más que a reclamar va a mendigar, cosa que me parece lamentable.
Por otro lado, tiene un sistema de recaudación que es tremendo y encima, al momento de volcarte lo que se recaudó de tu bolsillo durante muchos años, te dan las migajas que les quedaron, porque parece que el dinero que se pagaba para una presunta jubilación, lo primero que hace es mantener una estructura pública pavorosa, que se chupa todos los aportes de la gente y vuelca cada vez menos a quienes le dieron los recursos para que la misma funcionara.
Es decir, el BPS es malo. No presta una atención de calidad, cobra mucho dinero por no dar nada y encima te saca un altísimo porcentaje del sueldo para pagar jubilaciones de hambre y exigirte que le des dinero por cada movimiento que hagas. Es demencial el sistema que tiene, porque cuando te jubilás te hace un promedio de los últimos años y te da el 52 por ciento de lo que ganabas y te dice que te arregles con eso.
Y hay cosas peores. Si sos activo y ganas apenas por encima de la franja que puso Astori para pagar el IRPF, que es mucho menos de la mitad de lo que sale una canasta básica, tenés que aportar mucho más por concepto de Montepío, pero eso sí no te corresponde ningún beneficio. Es decir, cuánto más aportás, menos beneficios vas a tener, porque el Estado supone que si tenés dinero para aportar, es porque no precisas nada y entonces no te dan ningún beneficio, solo te meten la mano. Yo lo viví en carne propia y no me pueden decir que no.
Me pasó cuando nació mi hijo, que ya va a cumplir cuatro años, así que fue dentro de esta misma administración. Cambió el presidente del organismo, pero como el señor “M” (voy a llamarlo así porque la última vez que escribí sobre él, se tomó el tiempo para llamar a este diario y endilgar por qué se había publicado una crítica contra él, el amigo Ernesto es fantástico) ahora es ministro de Trabajo, así que sabe de lo que hablo; fui a preguntar por el prenatal y los beneficios que podían corresponderme por ser un aportante genial, dos aportes realizaba y sin embargo me llevé la grata sorpresa de que no me correspondía pedir absolutamente nada. Porque el razonamiento (por llamarlo de alguna manera) que tiene el Estado, en esos casos es que si yo podía aportar dos veces a la vez, es que no tenían nada que darme, sino solamente que quitarme. Fantástico.
Parece una tomada de pelo y en realidad lo es. Porque pasa lo mismo que con el Mides, cuando le dan a la población vulnerable una tarjeta con 600 pesos por mes, es decir 20 pesos por día, es decir, el 1 por ciento de lo que sale una canasta básica familiar que el propio gobierno sitúa en 66 mil pesos, no sabemos si les están haciendo un favor o es mejor que no se lo hagan. Son falencias que tiene el sistema que no podemos dejar de criticar o cuestionar.
Creo que el sistema busca ayudar a los más débiles, pero no lo está logrando, y ya ha pasado una década como para que haya excusas por no haber podido lograrlo. Es demasiado tiempo. No hay equidad posible si seguimos haciendo marginales a quienes viven de esa manera, y hacerlos marginales es mantenerlos al margen de las cosas, y para que eso pase, es que les damos un mínimo en todo, porque consideramos que de esa manera ellos van a recibir algo que es peor que nada. Pero en definitiva siguen manteniéndose en la marginalidad.
Ayer un niño de 9 años de edad me tocó timbre y me pidió 5 pesos. Me dijo que su padre cobra una pensión y un beneficio del Mides pero que ya se había quedado sin dinero. Si yo le doy dinero para que vayan a sentarse a tomar mate en la puerta de sus casas y me digan que no trabajan porque no hay trabajo, y encima les doy una moneda, los estoy perjudicando como personas. Porque genero una población que solo va a saber pedir y esperar a que les demos dinero, porque alguien siempre se los va a dar y ellos van a crear así su modus vivendi.
Después puede ser que mejoren gracias a la ayuda social del Estado, y se arreglan un poco, y empiezan a comer todos los días y hasta capaz que se compran un lavarropas. Pero si lo declaran y el Mides les saca la ayuda social, vuelven a la misma y tienen que vender el lavarropas. Entonces generamos la misma rosca de pobreza y marginalidad una y otra vez y los sentimos vulnerables, como para que el BPS les dé a ellos una pensión en conjunto con el Mides, pero en realidad al resto que son los que aportamos al BPS para que el mismo funcione, no nos corresponde pedirle nada y es ahí donde falla el sistema.
Falla al igual que falla el Mides cuando le saca el apoyo al beneficiario que se compra el lavarropas, porque no lo está incluyendo, ni lo está dejando ser igual a los demás. Porque cómo una mujer con cinco hijos va a llegar a la casa a lavar a mano la ropa de todos ellos y va a sacar tiempo para salir y generar capital social para poder salir adelante en la vida, sintiéndose incluida en la sociedad. Nunca lo va a lograr, porque tiene que lavar ropa a mano de sus cinco hijos, porque si se compra el lavarropas el Mides se lo saca y el BPS no la ayuda, y yo le pago al BPS para que la ayude a ella y me ayude a mi.
Entonces hace cinco años voté a los directores de un BPS con un sistema que tenía todos estos problemas estructurales para que los cambiaran y no lo hicieron. Por lo tanto por qué un lustro después, tengo que volver a votar a alguien que no sé ni quién es, para que se siente en una silla en Montevideo, a ganar un buen sueldo por mes, para que no me dé explicaciones de lo que hace con mi dinero y en caso que lo haga, me diga que yo no tengo nada que pedirle al BPS, sino seguir pagando.
Encima obligándome a usar mis contribuciones a la DGI y al BPS para pagar los gastos de esta instancia que costó muchísimo dinero al país todo y obligándome a votar algo que no es democrático, porque lo más democrático sería que no me obligaran a hacer algo que por ahí no quiero, como es votar en esta instancia, ya que quizás esa sería mi medida de protesta, no votar; porque en esos casos mi voto podrían ser comprable ya que como es obligatorio, se hace funcional a los intereses de los candidatos.
Entonces empecemos por cambiar el sistema, por hacerlo más justo, más solidario, más equitativo y más democrático. Solo así después pídanme el voto. Y aún en esas circunstancias veré si quiero dárselos.

HUGO LEMOS







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