Necesitamos respuestas claras

El Ejército Nacional es una institución con 205 años de vida, fue fundado por el Prócer de la Patria José Gervasio Artigas y ha transitado durante su historia por distintos momentos. En algunos casos sus representantes coyunturales han sido leales a los gobiernos democráticos y constitucionales, y en muchos otros casos han ayudado junto a los tiranos de turnos, a sucumbir las instituciones y la democracia y tomar el poder mediante la imposición del terror de las armas.
Pero el Ejército no es ni malo, ni bueno, es una institución pública, como sus similares de las Fuerzas Armadas, como las fuerzas de seguridad, pero también como las distintas ramas de la Educación, la Salud o el Poder Judicial.
Sus funcionarios, por más que vistan uniforme con galones y usen armas de alto poder de fuego, son funcionarios públicos sujetos a responsabilidad del Estado, sus jerarcas están subordinados al poder civil, es decir, al Ministro de Defensa Nacional y al Presidente de la República del gobierno de turno, sea del color partidario que sea, y no son Fuerzas Armadas ideologizadas, ni deberán serlo nunca, porque esa es la garantía que tiene el pueblo con respecto a estos funcionarios que usan armas. Porque si bien su cometido es defender al país de todo poder extranjero o fuerza invasora, ellos en tiempo de turbulencia interna, en caso de ser convocados por las autoridades legítimamente instaladas, deberán respaldar siempre la Constitución y la Ley, y por ende proteger los intereses del pueblo.
Si bien la última etapa oscura del país, el Uruguay la vivió con una dictadura militar que duró 12 años en lo real y muchos más posteriormente y anteriormente a su instalación oficial también, el Ejército estuvo en el epicentro de esas acciones y su imagen quedó por el piso. Porque ni el más sesudo análisis puede hacer entender cómo una fuerza pública llamada a proteger los intereses de la población arremetió contra las instituciones y en un acto paradójico, diciendo defender la democracia y la legalidad, sucumbió las instituciones y suprimió a los habitantes del país las garantías y los derechos individuales.
Cómo una institución que tenía que defender los derechos del pueblo salió con un plan ferozmente represivo, donde torturó, asesinó, secuestró, violó, robó y ultrajó a miles de compatriotas, usando como excusa para esta feroz arremetida contra los uruguayos que tenían que defender al país de guerrilleros, de los que en otro acto de paradoja pura, decían a su vez tenerlos a todos presos y haberlos acabado “para siempre”, como dijeron en aquel momento varios de los militares que vistiendo como caballeros a la faz pública, adentro de los cuarteles eran bestias asesinas despiadadas que tuvieron la cobardía de llegar a matar hasta mujeres embarazadas, como hoy se sabe que ocurrió con el caso claro de María Claudia García, cuya hija, Macarena Gelman, todavía espera encontrar sus restos para darle digna sepultura.
Pero estas cosas ya pasaron, la institución plantea una renovación clara de sus convicciones y una reafirmación de sus cometidos, sus jerarcas expresan su lealtad al sistema democrático y a las instituciones, sus oficiales y autoridades tienen una excelente relación con el gobierno de turno y encima se subordinan a quien fue rehén de la patota que dirigía el Ejército antes de que ellos ingresaran a la fuerza, o incluso, podían ser muy nuevitos ya en el ocaso de la tropelía armada llamada dictadura o como le gustaba decir a ellos, y a muchos aún hoy, “gobierno de facto”.
Cuando el 18 de mayo se celebró un nuevo aniversario del Día del Ejército Nacional, ya que el mismo fue creado por Artigas para combatir en la hoy conocida como Batalla de Las Piedras, muchos de los integrantes de la coalición de izquierdas, se negaron a asistir o incluso manifestaban su desinterés por concurrir a un lugar donde alguna vez, la institución estuvo enfrentada directamente a los partidos políticos que confluyen en el Frente Amplio y a este como tal, sobre todo, muchos de ellos no estaban de acuerdo con que el Ejército capitalizara ese acto.
El hecho no tiene parangón, porque se trata del partido que gobierna tanto a nivel nacional como a nivel departamental, y si bien sus principales figuras y referentes estaban presentes, desconocer la historia del país, estar atado a coyunturas históricas pasadas y seguir con el talón de deudas debajo del brazo no le hace nada bien a la sociedad ni al Frente Amplio, porque sigue insistiendo en declarar enemigos a quienes esta vez, no tienen porqué pagar por lo que hicieron quienes los precedieron usando a la institución que fundó Artigas como escudo.
También estoy de acuerdo con la propuesta del Comandante en Jefe del Ejército, Guido Manini Ríos, quien desde una actitud honesta y acorde con la realidad social que vive actualmente el país planteó un aporte desde la institución que le toca dirigir por este período, planteando la absorción de una cantidad considerable de jóvenes que se encuentren en el más absoluto abandono y sean los catalogados “ni – ni”, ni estudian, ni trabajan, con el fin de colaborar en su educación, trasmitiéndoles valores claves para la vida que son con los que el Ejército forma a su personal, como los de organización, disciplina, responsabilidad, formación en oficios, aspectos importantes para el desarrollo de la vida de estas personas.
Aunque ahí ya tuvimos otro lío. Hubo sectores de la izquierda que fustigaron la medida, pero lo hicieron por el origen de la misma y no por el contenido, ya que quizás podía ser buena cosa que una institución del Estado se encargue de brindar educación y tratar de transmitir valores que tiendan a repercutir en los seres humanos de una manera que los ayude a salir adelante por sí mismos, y no como hace el Estado dándoles dádivas que pagamos todos y que cada persona usa a su antojo y este no es el mayor problema, sino que el tema pasa porque terminan todos en el mismo círculo vicioso, de hacer la nada misma y eso termina siendo una carga mayor para la sociedad en su conjunto.
Si el Frente Amplio va a criticar que lo haga, pero que lo haga con fundamentos, no porque quien tira la idea es el Ejército o los partidos políticos de la oposición. No me gusta que esa práctica sea habitual en la coalición de izquierdas, porque la misma debe dar un ejemplo claro de madurez política e institucional, asumiendo errores y tomando las ideas que puedan servir, incluso para subsanar los errores que la izquierda ha cometido desde el gobierno, como ocurre con el caso del Mides, donde en 10 años hay más fractura social que antes y los problemas nos siguen pasando por encima, sin que haya políticas de fondo que apunten a frenar la creciente pobreza y marginalidad que vemos a diario.
¿Cuáles son las políticas de Estado que tienden a terminar con la pobreza y la marginalidad? ¿Por qué en los últimos años han crecido los merenderos? ¿Por qué hay problemas sociales crecientes que se reflejan en la educación, la calidad del empleo o la violencia social? No es para enojarse, es para encontrar respuestas y sino, ponerse a trabajar para poder darlas, porque la sociedad las necesita.

HUGO LEMOS







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