NO AL PATOTERISMO DE ESTADO

Por Dr. Adrián Báez

Estimados lectores. En referencia al forcejeo sucedido entre el Ministro del Interior, Eduardo Bonomi, y un manifestante de los productores de tabaco, en el marco de la inauguración de las obras en la ruta 30 en Artigas; lo que podemos decir es que, se trató de un hecho realmente lamentable y paupérrimo.
Trabajadores rurales fueron a manifestar y fueron reprimidos en su libertad de expresión, por quienes deben ser los primeros garantes de la salvaguarda de los derechos de estos, en poder expresarse dentro del marco de la ley.
Si la situación hubiese sido otra; si las personas que fueron reprimidas hubiesen actuado amenazantemente y con dicha actitud pudieran haber puesto en peligro la integridad física de un Ministro de Estado; justificado estaría el accionar de los guarda espaldas, pero no fue así.
Inclusive, la irresponsable maniobra efectuada por el Ministro Bonomi, pudo haber tenido una enorme consecuencia, si alguno de los trabajadores del tabaco fuese violento y buscase provocarle algún daño.
El Sr. Ministro propició, él, de quien menos se lo esperaba, el hecho más violento y despreciable que un gobernante puede refregarle en la cara a la ciudadanía: el abuso del poder.
Evitó que la pancarta fuese vista; empujó y forcejeó con un manifestante; y, después, ordenó que este fuera detenido por las fuerzas del orden. Pero, como si no bastara el atropello, encargó que el prontuario de la persona, quien aparentemente tuvo antecedentes penales, se diera a conocer públicamente.
Bueno, esta forma ruin de actuar, no se la podemos achacar solamente a Bonomi; recordemos al productor que encaró al Sr. Presidente de la República, Tabaré Vázquez, y que fue objeto de una defenestración pública como colono.
La desesperación que evidencia la culminación de la “tolerancia” que muchos de los actuales gobernantes sostuvieron tener toda su vida política, no se explica de otra manera que, considerarla como causa directa de la muy sensata posibilidad de que puedan ser derrotados en las próximas elecciones, por el descreimiento, el cansancio y el desprecio que muchos compatriotas sienten, al ver que esperanzas, sueños y reivindicaciones tan prometidas, fueron solamente eso, promesas.
Duele ver un país donde la prepotencia, de golpe, se hace carne, y los que detentan el poder se sienten dueños del poder y no servidores públicos, haciendo práctica de un vergonzoso modus operandi que retrotrae a épocas oscuras de nuestra historia.
Ese no es el Uruguay que queremos; ese no es el Uruguay que deseamos para nuestros hijos; ese no es el Uruguay en el que elegimos vivir. Por eso, decimos con convicción: no al patoterismo de Estado.