No nos queda mucho tiempo

La violencia inusitada a la que venimos asistiendo los salteños es increíble. Por momentos parece que estuviéramos en Colombia o Centro América. Pasamos de asombrarnos con un accidente de tránsito o con algún hecho violento que ocurre una cada vez cada tanto, porque mientras pienso se me vino a la cabeza el crimen de la negrita Toriani, el de las dos ancianas de calle Uruguay al 2100 y el de los cambistas Cordero y Da Silva (todos ellos ocurridos entre los años 2001 y 2006), que fueron crímenes violentos y en algunos casos con cabos sueltos que nunca lograron atarse como el del taxista Mario Colombo, ocurrido en setiembre del 2010, y de los que hasta ahora nada se sabe y de esos hechos pasamos a hablar de tiroteos, narcos, sicarios y armas.
Todo en una sola semana que cambió la visión que se tenía de Salto en pocos minutos. Porque lo que ocurrió esta semana y lo que sigue pasando todavía, porque ayer domingo de tarde los vecinos del barrio Saladero vieron como un sujeto baleaba a otro desde su camioneta y lo dejaba herido de una pierna en la calle, nos hace ver las cosas de otra manera.
No podemos decir que vivimos en una ciudad de tremenda violencia o donde se respiran problemas de inseguridad porque tampoco es cierto, aquí no hay graves problemas de inseguridad sino grandes situaciones que se dan en momentos aislados, pero que últimamente vienen marcando la agenda.
Los turistas no van a dejar de venir a Salto porque estas cosas en la capital del país suceden todos los días y a cada rato. Pero sí para los lugareños es algo extraño escuchar que hay balaceras, que no pueden salir a la calle cuando esto ocurre porque pueden resultar heridos y que deben tener cuidado por las noches si salen o si tienen un comercio donde manejan dinero en efectivo, porque robos y asaltos están a la orden del día.
Los tiempos violentos tienen una explicación, no surgieron de la nada y Salto no era una isla donde este tipo de casos no iban a pasar nunca. Aunque al parecer para algunos casos sí somos una isla, porque no nos llegan los adelantos tecnológicos, ni los medicamentos más sofisticados, ni los servicios de primer nivel, pero sí las pestes, los problemas y los accidentes. Esos se copian tan rápido que llegan de una. Sin anunciar que se venían.
El tema es cómo enfrentar este tipo de casos porque el problema es que la violencia es un tema estructural de la sociedad uruguaya, requiere un cambio de mentalidad más que de cultura y una transformación de todos los estratos sociales que debe partir desde la escuela.
No se los debe tratar como vacas a los pobres y juntarlos a todos en un rebaño y cada vez que critican algo, decirles que son resentidos. Sino buscar una mayor integración entre las personas y así erradicar además el mal que todos tenemos que es el de la soberbia, la de mirar para un costado porque nos creemos mejor que el otro. Eso genera mezquindad, pero sobre todo falta de compromiso para asumir la cuota parte que nos corresponde de porqué tenemos una sociedad como la que vivimos, donde todos nos miramos lo que calzamos para ver con qué nos lucimos primero. Es algo lamentable, pero que tenemos incorporado y que deberíamos sacarlo para evitar más rispideces entre las personas de una misma sociedad.
Días pasados alguien me decía que el problema radicaba en la pobreza, y a ello se refirió con las dádivas que dice que da el Estado a través del Mides (Ministerio de Desarrollo Social) y en “todo lo malo” que había hecho esa cartera “al darle plata a los pobres sin pedirles nada a cambio”, algo que no es totalmente cierto, es más, no tiene mucho de asidero ese comentario porque la inmensa mayoría de los beneficiarios son gente que percibe un salario por trabajar y por ganar muy poco, como la gran mayoría de este país (según el gobierno más del 65% de los trabajadores no llega a ganar lo suficiente como para pagar IRPF) aunque sus políticas van direccionadas en muchos casos en ayudar a gente que ni siquiera busca esa ayuda, en fin, ese es otro kiosco, porque creo que la pobreza no necesariamente genera un estado de violencia que termina en que las personas que la padecen salgan a cometer delitos por ser pobres, sino que lo hacen por no compartir los mismos códigos sociales y valores morales que el resto de la población.
Es decir, las crisis traen problemas sociales y culturales además de los económicos. Eso sin dudas. La crisis del 2002 dejó a miles de familias desmembradas porque las mismas se descabezaron cuando el padre de familia se fue al exterior a buscar empleo porque acá no había y eso impactó negativamente en la cabeza de los más chicos de entonces, que por no tener más a papá en casa, perdieron tanto el rumbo como a sus familias, e hicieron un click en su cerebro que hoy lo estamos viendo.
Pero también vimos cómo en la segunda mitad de la primera década del siglo, cuando la izquierda ingresó al gobierno, se le dio mucho dinero a bastante gente y luego la canilla se fue cerrando por razones obvias y eso generó un lumpenismo que en algunos casos fue mal entendido y las cuestiones materiales pasaron a tener un valor en esas familias, donde al carecer de los mismos, se generan consecuencias complejas, que puede terminar en como dijo el propio ministro del Interior, Eduardo Bonomi, “hoy hay lúmpenes que te roban y te matan por un par de championes”.
La violencia que vivimos en Salto en estos días no es por el par de championes, sino por el consumo de drogas, algo que viene más atrás de la crisis del 2002 pero que se incrementa en esa época y se multiplica cuando empieza a haber mas plata en la calle a partir del 2007 aproximadamente. Todos los policías con los que hablo habitualmente, me dicen que cuando cierran una boca de venta de drogas, sea en el barrio que sea, de inmediato se abren dos más. Y eso más que una situación de necesidad para ese mercado que nunca dejará de existir, parece una afrenta a la Policía y a la sociedad.
El tema está en cómo decirles a estas personas que consideran que tienen impunidad para vender drogas, andar armados y comandar a una serie de personas que no pueden hacer lo que están haciendo, que eso está mal y que incluso no pueden andar dirimiendo sus diferencias en la calle porque el tema no va a quedar entre ellos, sino que va a alcanzar a alguien más, que seguramente nada tenga que ver con todo esto.
La Policía hasta ahora ha sido una mera espectadora de la realidad y en los últimos días entendió que las cosas se le fueron de las manos y pudieron dar un golpe que terminó con el encarcelamientos de al menos tres de los sujetos implicados, lo cual trajo tranquilidad a la población, pero aun resta mucho por hacer.
A todo esto el nuevo jefe de Policía le pidió a la gente “más tiempo” para actuar con eficacia porque dijo que “no tiene la varita mágica” para hacer desaparecer los problemas y devolvernos el Salto provinciano al que estábamos acostumbrados. Habrá que ver de cuánto tiempo habla el nuevo jerarca porque la gente está cansada de esperar la respuesta que el Estado debería darle y ya no quiere más palabras sino acciones concretas que terminen con la impunidad de los delincuentes. El problema es que muchos se cansen y empiecen a actuar por sí solos, si eso llegara a pasar, como dice Roberto en la maravillosa y tierna historia de María Elena Walsh, Dailán Kifkí, “estamos fritos”

HUGO LEMOS

viñeta







El tiempo

Ediciones anteriores

septiembre 2018
L M X J V S D
« ago    
 12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930

  • Otras Noticias...