No podemos dejarla ganar

La violencia inusitada a la que estamos asistiendo como sociedad podría haber venido para quedarse. Todo está en qué queremos como comunidad de aquí en más, si la aceptamos y nos redimimos ante ella dejando que avance a pasos agigantados y que prolifere en nuestros hogares, en los centros educativos, en los barrios y en cualquier otro lugar en el cual participemos, o si nos ponemos de acuerdo en trabajar para derrotarla y generar un ambiente de convivencia pacífica. fotocolummna
Transmitir todo esto no es fácil, por el contrario, es muy difícil, pero no imposible, porque vivimos en una sociedad llena de miedos y temores, que derivan en prejuicios, mezquindad, egoísmo y violencia. Todo termina en eso y es un círculo vicioso que preocupa y mucho.
Aquí no hay un culpable, sino responsables y son varios los factores que deben cargar con eso, es muy simplón y pueril la prédica de los pro gobierno que dicen que los problemas de violencia social que se han vuelto estructurales en la población, son culpa de lo que vivimos en la crisis del 2002, donde muchas familias se desmembraron y hubo gente sumida en la extrema pobreza.
Eso no es del todo cierto. Sí hay algunos factores que provienen de esa situación, pero la mayor parte de los problemas que tenemos hoy son básicamente a causa de una degradación de valores y de una promoción desmedida de los antivalores, con el “todo vale” y el “todo es lo mismo”, disfrazado de falsa inclusión social y el “dame eso porque lo quiero ya” con un consumismo que no importa si el precio que se paga para tenerlo es con la propia vida, que lleva a que como dijo Bonomi, “hay lúmpenes que te matan por un par de championes Nike y no porque tienen hambre”, algo que es cierto y es una de las pocas cosas coherentes que ha dicho hasta ahora.
Pero si hay algo que es cierto es que no se puede buscar culpables puntuales sobre estos hechos, más que la sociedad en su conjunto y en buena medida, sí, en las autoridades que son las que deben aleccionar a la población con medidas ejemplarizantes.
Salto está cada día más preocupante en materia de seguridad y no es una sensación tremendista a partir de un caso concreto, sino que hay situaciones que estamos viviendo que son realmente alarmantes, en una sociedad que no tiene más población que la que cabe en un estadio de fútbol de Europa.
Y como muestra sobra un botón. Dos adolescentes me relataron que luego de haber salido el viernes de noche, ya entrada la madrugada del sábado se encontraban en la Costanera Norte frente a los locales bailables del lugar. Allí de repente, ocurre algo que parece ser lo habitual, una trifulca entre varios jóvenes todos ellos alcoholizados, algo que no debería ocurrir, pero sí ocurre, y lo peor es que ellos ya lo ven como algo común, algo que no es ajeno a lo que pueda ocurrir en ese lugar.
En eso, uno de los que estaba allí exhibe un arma de fuego, todos lo ven y se apartan. El sujeto, veinteañero él, muestra sin pudor alguno el peligrosísimo objeto y mofándose del temor que mostraron varios de los presentes, hizo gala de que podía “llenar de plomo” (en sus propias palabras según los testigos) a cualquiera. Por suerte los problemas fueron “solamente” a golpes de puño y no hubo otro tipo de hechos de violencia que lamentar.
Estos jóvenes que relataron la situación se preguntaban ¿por qué esa noche la Costanera se había convertido en tierra de nadie? ¿Por qué no había policías disuadiendo los conflictos que se estaban originando?, ¿por qué nadie frenaba las picadas de motos que ante la vista de todos se estaban realizando en el lugar, poniendo en riesgo la vida de los que estaban al costado de la calle?
Y nosotros nos sumamos a esos, porqué. Porque tampoco los entendemos. Otro caso pasó cerca de mi casa. Fue el de un adolescente que ganándose la vida limpiando vidrios de los autos cerca de una pizzería de la Zona Este, un grupo de Policías habría agredido físicamente por el mero hecho de que es “un pichi, que no debe estar allí”.
Esto es lo opuesto a todo lo otro que está pasando, pero tampoco es la Policía que queremos. Esa Policía es la misma que no combate el delito por el motivo que sea, falta de recursos o de capacidad para resolverlos, y permite que haya un par de idiotas con un revolver jugando a los pistoleros en su propia cara, asaltando a cuanto comercio vean a su paso.
Más allá de ese caso puntual que acabo de mencionar es que, si la violencia llega al nivel de estar institucionalizada en la fuerza policial, qué podemos esperar que pase con estas personas que cometen delitos que son los que están en la posición más baja de la sociedad porque son los que con su conducta dañan el tejido social. Qué podemos esperar de las generaciones futuras, que hoy se toman a golpes en la Costanera y hasta andan armados como si fuera gracioso.
Eso es algo que nos debe ocupar a todos, porque mejorar las pautas de convivencia debe empezar por nuestra casa y en este momento, con los hechos que vivimos en las últimas horas, debemos darnos cuenta que lo que menos estamos haciendo es tratar de dar un vuelco a este tipo de situaciones y en vea de bregar por la paz, y la convivencia pacífica estamos promoviendo la violencia y la ira, gratis y para todo el mundo.
Lo que pasa en Salto es algo preocupante, sobre todo por los que vienen después que nosotros, y si la violencia hoy está ganando terreno, tenemos que hacer lo posible para no permitirlo.

HUGO LEMOS







El tiempo

Ediciones anteriores

noviembre 2018
L M X J V S D
« oct    
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
2627282930  

  • Otras Noticias...