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Pasa por exigirnos más

A veces pienso que si en vez de haber atacado a Alemania, los países aliados en el año 1945 hubieran dejado caer ese tendal de bombas que lanzaron sobre el búnker nazi en Berlín para ponerle fin a la Segunda Guerra Mundial sobre Uruguay, y Berlín fuera cualquier ciudad de nuestro país, los pozos aún estarían en las calles y barrios enteros seguirían en ruinas.
Pero Alemania es Alemania y por algo soportaron dos guerras cruentas que los tuvo como protagonistas y los destrozó, luego soportaron 46 años más un muro que los dividió en dos países e igualmente con el esfuerzo, tesón, sacrificio y sentimiento nacionalista de su población se levantaron y volvieron siempre a ser una potencia mundial.
Es que los germanos no lo pensaron dos veces y cuando les cayeron las bombas y les reventaron el país en dos, después que pasó todo el lío, lloraron a sus muertos, les dieron sepultura y salieron a la calle, se remangaron la camisa y empezaron a trabajar todos y cada uno, hasta dejar sus ciudades en el estado que tenían que estar, impecables. Fueron exigentes consigo mismo, agarraron sin asco alguno un pico y una pala y reconstruyeron cada calle, cada casa y levantaron al país al punto de dejarlo en lo más alto.
En Uruguay, habríamos salido a la calle, nos habríamos quejado, llamaríamos a la prensa para que difundiera el tema, hacíamos un paro y le exigíamos al gobierno que viniera a tapar los pozos y a darnos viviendas nuevas con todo instalado, además de un plan alimentario acorde a nuestras necesidades.
Eso pinta de cuerpo entero a un país que es riquísimo en todos sus aspectos, que tiene las mejores condiciones naturales para el desarrollo de su población, que cuenta con beneficios logrados entre todos, con subsidios y proteccionismos que nos hemos brindado a lo largo de los años para generar condiciones positivas para los más desamparados e impulsar a quienes quieran salir adelante y que desaprovechen cada oportunidad con pura holgazanería y mezquindad.
El otro día me lo comentaba un salteño que vive en el exterior hace muchos años y que estaba de paso en Salto pero ya con las ganas de volver a tener un pie en su tierra mas temprano que tarde: “el problema de los salteños, en realidad de los uruguayos, es que creen que acá estamos todos bien y que lo que hay es lo mejor que podemos tener, cuando en realidad las cosas son muy diferentes. Hay otras cosas que son mejores y que los uruguayos podemos alcanzar sin ningún problema, sin tener mayores dificultades, lo que pasa es que consideramos que somos bárbaros y entonces no movemos un dedo por modificar nada y así nos va después”.
Quizás el problema esté en el nivel de discusión que manejamos, como me lo dijo Nicolás Albertoni en una entrevista que pronto publicaremos, donde comenta que mientras el mundo avanza a pasos agigantados y hablan de robótica, de inteligencia artificial, de desarrollo de logística y mejoramiento del nivel de producción para generar más recursos para la evolución de los países y el bienestar de sus poblaciones, acá seguimos discutiendo pavadas, cuestiones nimias y politizamos estupideces.
Llegamos a discutir temas que no tendrían margen alguno de ponerlos en duda. Como por ejemplo si está bien darle una asignación familiar a un niño que no va a la escuela, por el hecho de no exigirle una contrapartida a sus padres por esa prestación dineraria de 500 o de 1.000 pesos que le estamos dando y que no le alcanza ni para llenarle la mochila, cuando en realidad no tendría que perderse un segundo en ese tema, sino hacer que el chiquilín vaya de una a clases y que sus padres cumplan con sus obligaciones sin chistar, pero no llevar el tema al nivel de una asamblea. No podemos asambleizar (el término no existe, lo admito pero es lo que me salió) los distintos temas que le urgen solucionar al país. No podemos ponernos a discutir todo, necesitamos alguien que haga y no que discuta tanto cada cosa sin sentido.
El tema es que nadie hace, todos plantean y dicen que deben democratizar las cosas, para llevar adelante esa manera de pensar, a la que ahora le llaman democratizar, plantean que todos discutamos todo y nadie tome el toro por las astas.
Un buen amigo mio me decía, si querés que algo no funcione y que un tema se dilate y no salga, armá una comisión. Entonces cuando se forma una comisión para discutir tal o cual cosa, olvidate, nada va a pasar y los problemas se agudizarán.
Lo que pasa es bien sencillo, cuando algo no sale o se tranca, es porque alguien se está beneficiando con ello. Hay alguien que está haciendo el caldo gordo para que le vaya bien a él en detrimento del resto de la gente que no se entera del trasfondo y se queda con los titulares de los diarios, porque a ver, todos sabemos que las cosas no suceden porque sí nomás.
Por ejemplo, Hace 16 años que estamos discutiendo si es buena cosa tener un puente vecinal con Concordia, mientras el contrabando entra por el puente, en balsas por el río de noche y de mil maneras posibles, pero para no hacer el puente, las excusas han sido múltiples. Que por un lado está el tema de la seguridad, que por otro será una frontera sin controles, que además se prestará para el delito trasnacional y la mar en coche.
En realidad, en este caso específico el tema es que hay un círculo de poder muy importante que no puede permitir que ese puente tenga lugar porque los perjuicios económicos les serán enormes, ya que en ese caso la mayoría de la gente podrá entrar mercadería del otro lado y si hacen más flexible todo, ¿quién gana?, porque lo que todos sabemos es quién pierde.
El poder que ejercen desde hace años quienes pasan sus “bienes” por la frontera, para comercializarlos en Uruguay dándole de ganar a la serie de funcionarios públicos que están pagos para controlar que justamente eso no suceda, pero que sucede igual, porque supongamos que las cosas se les escapan de las manos pero bueno, es muy fuerte como para tomar medidas que reviertan un manejo económico que está controlado por los mismos de siempre.
Por lo tanto, si quieren que las cosas no funcionen, arman una comisión que investigue, analice, discuta, debata y al final no llegue a nada. Entonces no hay resoluciones sobre nada.
Pero al final vuelvo al principio, el tema pasa por el nivel de discusión que queremos dar, esa ausencia de contenido es la que termina incidiendo en nuestra forma de ver la cosas y con ello hacer que haya conformismo, uno de tal magnitud, que no nos muestra un camino más alto en el que mirarnos, sino que el que nos deja con lo que ya tenemos.
Así que reafirmo que si las bombas del año 1945 hubieran caído en nuestro país y no en Alemania, seguiríamos mirando cómo los pozos en las calles se agigantan, discutiendo si está bien o mal la medida de exigirle al gobierno que se haga cargo de taparlos y nuestro pensamiento pasará por si ese pozo se rellena con hormigón o con un bacheo de pedregullo, sin pensar que para esto, es importante exigir lo mejor y salir del tema cuanto antes para saber qué uso le vamos a dar a esa calle y qué clase de ciudad queremos tener, si una que progrese o una que se estanque y se conforme con lo que tiene.
Por ahora, vivimos en un lugar donde los gobernantes y la sociedad siguen discutiendo el tamaño del pozo, mientras en otros lugares ya construyeron todas las autopistas.  HUGO LEMOSholgazanes [1]