PATOLOGÍA FASCISTOIDE

Por Dr. Adrián Baez.
Estimados lectores. Cuando los que se atribuyen ser los mayores defensores de los Derechos Humanos, hacen la vista gorda a la violación de aquello que tanto dicen defender, se convierten en cómplices y les quepa un poco de responsabilidad. Esta es la tristísima condición en la que se encuentran muchos de esos movimientos e instituciones en nuestra América Latina; comenzando, vergonzosamente, por nuestro país.
Durante años hemos visto a la FEUU; al PIT-CNT; al Frente Amplio; a ONGs defensoras de los DD.HH.; etc., marchar una y otra vez, legítimamente, no lo dudemos, en procura de respuestas sobre las atrocidades cometidas durante la dictadura; idas y vueltas para dignificar a los que defendieron un ideal, compartible o no, pero que vieron su derecho a expresarlo, truncado por la tortura, la muerte y la desaparición sin destino alguno.
Hoy en día, un país hermano como Venezuela, se encuentra sumergido en un régimen autoritario de tal magnitud, que sus gobernantes se atribuyen el derecho de detener, juzgar y encarcelar a opositores, sin debido proceso ni justicia independiente que juzgue en base a pruebas reales e incriminatorias; de disolver protestas estudiantiles con la orden de disparar con balas de fuego a discreción; de quitarle los fueros a legisladores, también opositores, por el lógico hecho de discrepar con los atropellos; de destituir a gobernantes electos por las urnas, también de la oposición, y esgriman sin descaro alguno, que lo hacen para sostener al gobierno nacional electo democráticamente; incoherencia típica de los tiranos; usan el terror y la opresión, para justificar el no advenimiento de ese mismo terror y de esa misma opresión.
Ahora. Nos avergüenza hasta asquearnos, la transigencia e hipocresía alarmante de los “Progresistas” de nuestro Uruguay. Cuantas proclamas, protestas, ocupaciones y paros, hemos sufrido y padecido los universitarios pues la FEUU, se oponía al gobierno tal, de no sé dónde, al negarle un derecho x a tal o cual ciudadano, y eso era contra el fascismo; o las realizadas por el PIT-CNT, en apoyo a trabajadores de por allá, que reclamaban un derecho tal al que el gobierno “FACHO”, de derecha, obvio, y pro EE.UU., le tenía cercenado; y recordarán las convocadas por el otrora opositor Frente Amplio, paladín de la moral democrática, cuyo ideal sembraría la paz en el mundo, pero obvio, del suyo y el de sus “amigos” ideológicos, llamémosles: Kirchneristas, Correístas, Moralista (por Evo Morales, ojo, no por lo moral), Chavistas; y no olvidemos, a todas las dictaduras que existieron, existen y existirán, siempre que sean de izquierda, pues al serlo, se respaldan, acatan y humanizan.
He ahí, estimados compatriotas, la inmoralidad más grande de los últimos tiempos en cuestión de Relaciones Exteriores, a la que la izquierda vernácula del Uruguay, ha sumergido al mismo Uruguay.
¿Qué seriedad o respaldo sincero podrán tener estas personas, cuando reclaman para ellos, lo que les niegan a los demás? ¿Con qué autoridad seguirán hablando de desapariciones, presos políticos, torturas y hechos nefastos que vivimos en el pasado, si hoy avalan las que les provocan a ciudadanos de otras naciones, que como ellos hace 40 años, luchan por un futuro mejor?
Se han colocado las cosas en su lugar. No nos engañemos más con el discurso de los Derechos Humanos, que por el momento aquí en Uruguay, no lo representan quienes emiten comunicados de adhesión al Sr. Maduro. Con esa actitud, admiten poderes discrecionales para acallar las voces de los adversarios; sofocar al pueblo con la intimidación; echar la culpa del fracaso, al mundo entero, sin reconocer sus errores; incentivar un odio innecesario e irracional entre ciudadanos de una hermosa tierra, que tienen derecho a la no injerencia en sus problemas, pero que lo tienen también al pedir una mano de quienes deberían tendérsela, sin más. ¿O se habrán olvidado que lo que importa es la felicidad y paz de los pueblos, y no los intereses del poder al que tanto criticaron durante décadas?
Mientras tanto deseamos que las cosas vayan decantándose y que la razón impere ante tanta patología fascistoide.
Por Dr. Adrián Baez.
Estimados lectores. Cuando los que se atribuyen ser los mayores defensores de los Derechos Humanos, hacen la vista gorda a la violación de aquello que tanto dicen defender, se convierten en cómplices y les quepa un poco de responsabilidad. Esta es la tristísima condición en la que se encuentran muchos de esos movimientos e instituciones en nuestra América Latina; comenzando, vergonzosamente, por nuestro país.
Durante años hemos visto a la FEUU; al PIT-CNT; al Frente Amplio; a ONGs defensoras de los DD.HH.; etc., marchar una y otra vez, legítimamente, no lo dudemos, en procura de respuestas sobre las atrocidades cometidas durante la dictadura; idas y vueltas para dignificar a los que defendieron un ideal, compartible o no, pero que vieron su derecho a expresarlo, truncado por la tortura, la muerte y la desaparición sin destino alguno.
Hoy en día, un país hermano como Venezuela, se encuentra sumergido en un régimen autoritario de tal magnitud, que sus gobernantes se atribuyen el derecho de detener, juzgar y encarcelar a opositores, sin debido proceso ni justicia independiente que juzgue en base a pruebas reales e incriminatorias; de disolver protestas estudiantiles con la orden de disparar con balas de fuego a discreción; de quitarle los fueros a legisladores, también opositores, por el lógico hecho de discrepar con los atropellos; de destituir a gobernantes electos por las urnas, también de la oposición, y esgriman sin descaro alguno, que lo hacen para sostener al gobierno nacional electo democráticamente; incoherencia típica de los tiranos; usan el terror y la opresión, para justificar el no advenimiento de ese mismo terror y de esa misma opresión.
Ahora. Nos avergüenza hasta asquearnos, la transigencia e hipocresía alarmante de los “Progresistas” de nuestro Uruguay. Cuantas proclamas, protestas, ocupaciones y paros, hemos sufrido y padecido los universitarios pues la FEUU, se oponía al gobierno tal, de no sé dónde, al negarle un derecho x a tal o cual ciudadano, y eso era contra el fascismo; o las realizadas por el PIT-CNT, en apoyo a trabajadores de por allá, que reclamaban un derecho tal al que el gobierno “FACHO”, de derecha, obvio, y pro EE.UU., le tenía cercenado; y recordarán las convocadas por el otrora opositor Frente Amplio, paladín de la moral democrática, cuyo ideal sembraría la paz en el mundo, pero obvio, del suyo y el de sus “amigos” ideológicos, llamémosles: Kirchneristas, Correístas, Moralista (por Evo Morales, ojo, no por lo moral), Chavistas; y no olvidemos, a todas las dictaduras que existieron, existen y existirán, siempre que sean de izquierda, pues al serlo, se respaldan, acatan y humanizan.
He ahí, estimados compatriotas, la inmoralidad más grande de los últimos tiempos en cuestión de Relaciones Exteriores, a la que la izquierda vernácula del Uruguay, ha sumergido al mismo Uruguay.
¿Qué seriedad o respaldo sincero podrán tener estas personas, cuando reclaman para ellos, lo que les niegan a los demás? ¿Con qué autoridad seguirán hablando de desapariciones, presos políticos, torturas y hechos nefastos que vivimos en el pasado, si hoy avalan las que les provocan a ciudadanos de otras naciones, que como ellos hace 40 años, luchan por un futuro mejor?
Se han colocado las cosas en su lugar. No nos engañemos más con el discurso de los Derechos Humanos, que por el momento aquí en Uruguay, no lo representan quienes emiten comunicados de adhesión al Sr. Maduro. Con esa actitud, admiten poderes discrecionales para acallar las voces de los adversarios; sofocar al pueblo con la intimidación; echar la culpa del fracaso, al mundo entero, sin reconocer sus errores; incentivar un odio innecesario e irracional entre ciudadanos de una hermosa tierra, que tienen derecho a la no injerencia en sus problemas, pero que lo tienen también al pedir una mano de quienes deberían tendérsela, sin más. ¿O se habrán olvidado que lo que importa es la felicidad y paz de los pueblos, y no los intereses del poder al que tanto criticaron durante décadas?
Mientras tanto deseamos que las cosas vayan decantándose y que la razón impere ante tanta patología fascistoide.