PEDRO SÁNCHEZ, NO LO ENTENDIÓ

Por Dr. Adrián Báez
“Hoy se ha producido un debate muy intenso”. “Lo propuse para dirimir dos cuestiones: el liderazgo y la investidura. Yo quería votar no a Rajoy y formar un gobierno alternativo a Mariano Rajoy y como dije si no prosperaba mi propuesta no podría administrar una decisión que no compartía. Desgraciadamente no ha salido vencedora mi propuesta y dimito”.
Estimados lectores, con estas palabras, el pasado sábado 1 de octubre a las 20:21 horas, Pedro Sánchez, presentaba su renuncia como Secretario General del PSOE (Partido Socialista Obrero Español), tras perder la votación realizada en el Comité Federal de ese Partido, con la que se esperaba obtener la aprobación para llevar adelante un congreso extraordinario donde elegir al nuevo líder del PSOE. El resultado oficial, dio la mayoría a los opositores con 132 votos frente a 107.
La decisión de Sánchez de aferrarse al poder orgánico tras la dimisión la semana anterior de 17 miembros críticos de la ejecutiva que presidía, para forzar su salida, degeneró, como era previsible, en un enfrentamiento orgánico entre sus simpatizantes y sus detractores, que minaron su alicaído liderazgo.
Durante su mandato, que se inició el 26 de julio de 2014, el PSOE, colectividad con 137 años de historia, ha vivido su mayor desgarro interno, en el que ha quedado de manifiesto el divorcio entre las elites y la militancia. Además, se considera que Sánchez perforó el suelo electoral en las seis citas con las urnas que ha dirigido y que, en sus últimos días al frente del PSOE, tensionó la política española, enfrentada a la posibilidad de unas terceras elecciones generales por su insistencia en no permitir un gobierno de Mariano Rajoy.
Varios dirigentes históricos del socialismo español, como el ex Jefe de Gobierno Felipe González, manifestaron públicamente su rechazo a la actitud intransigente del ex Secretario General, en no permitir un gobierno del Partido Popular, aún siendo el Partido Político más votado por los españoles en las dos últimas instancias electorales, lo que de todas formas no le permitió reunir las mayorías necesarias para conformar un gobierno; considerándose esa actitud, como caprichosa y poco patriótica, al anteponer a los intereses de España, los particulares, erosionando de esa manera la institucionalidad del país, que no sufría una crisis similar desde el intento de golpe de estado perpetrado por el Teniente Tejero en la década del 80 del Siglo pasado.
Sánchez tuvo su posibilidad de acceder al gobierno, cuando el Rey Felipe VI le solicitó, como indica la Constitución del Reino de España, que conformara un gobierno en su nombre; lo cual no sucedió, pues al igual que el actual Presidente del Gobierno, “en funciones” Mariano Rajoy, no pudo conseguir cerrar acuerdos con otras fuerzas políticas, que le otorgaran los votos requeridos en el Parlamento, para ser investido.
Ante la posibilidad de una tercera elección, donde los sondeos muestran que se llegaría a un resultado similar, dejando la situación en el punto de partida, los ánimos de los ciudadanos claman por la conformación de un gobierno estable, para lo cual, en este caso el PSOE, deberá abstenerse de votar, habilitando así que los partidarios de Rajoy y sus circunstanciales aliados, lo elijan finalmente, entre los que se encuentran en primera línea Ciudadanos, nueva colectividad dirigida por el joven Albert Rivera, que firmó hace poco tiempo un acuerdo de más de 100 puntos, que de llegar nuevamente el PP al gobierno se implementarían, los que paradójicamente son los mismos puntos por los que se firmó también un acuerdo entre Ciudadanos y el PSOE, antes de la fallida investidura de Sánchez.
La política es sumamente dinámica, e impera en su accionar, más que la pasión, la tozudez o la impaciencia; la razón, el saber esperar, y la flexibilidad; condiciones unas, que sobraron, y otras, que le faltaron a un Sánchez, que de haber procedido con olfato político y astucia, generando las garantías de la gobernabilidad, muy probablemente dentro de unos años, se hubiese catapultado a la Moncloa, como nuevo Presidente del Gobierno. No dejamos de destacar la dignidad que tuvo al renunciar, ya que demuestra una concepción de la política, que muchos políticos por estos pagos deberían de emular, cuando su accionar no da resultado. Fue su propia gente, sus correligionarios, su colectividad, los que frenaron su porfiado transitar respecto a la realidad de su país, dándole un baño de ciudadanía; pues esta, sea del lugar que fuere, antes que personalismos o egocéntricos dirigentes encubiertos, prefiere a líderes que piensen en primer lugar, en el bienestar de su país, en el acierto o en el error. Pedro Sánchez, no lo entendió.







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