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Pensemos que nos estamos quedando atrás

Tanto si efectivamente se piensa que “nos estamos quedando atrás” en términos de competitividad y productividad o se tiene un juicio de que se “viene mejorando”, lo cierto es que la creencia colectiva de que las cosas se pueden, de manera natural, seguir mejorando, ello llevará a diagnosticar y crear espacios para hacer frente a desafíos que la sociedad tiene en su conjunto.
El objetivo del presente artículo para Link de El Pueblo es tratar de poner el tema de ciencia, tecnología e innovación en el contexto actual de la región, y por otra parte reflexionar sobre la preocupación de cómo el sector privado, el sector público, los trabajadores organizados y la academia se paran frente a un nuevo ciclo de revolución industrial.
El impacto que tiene en la nueva economía el sector TICs termina siendo un aspecto trascendental en la suerte de temas como el empleo y el desarrollo del sector privado. En momentos en que el desempleo es una preocupación para todos los sectores, buscaremos relacionar el papel que tienen las nuevas tecnologías con la creación y sostenibilidad de las fuentes de empleo.
Sobre las miopías del trabajador
Los empleados dedicados a la metalúrgica conocen que hacer una pieza de metal trae consigo detrás un complejo proceso de fabricación detrás. Desde el abastecimiento del hierro fundido como materia prima, el traslado hacia moldes de materiales resistentes para el consiguiente fresado, un manejo con tornos para moldear las partes redondas de la futura pieza terminada como así también un limado para los detalles del acabado final.
No obstante, con la llegada de la fabricación aditiva, o también comúnmente llamada impresión 3D, el mismo proceso ha experimentado un cambio disruptivo a través del uso de escáneres, otros materiales y láser. La incorporación de ciencia, tecnología e información a las cadenas de valor trae consigo oportunidades y amenazas por igual dentro el sector empresarial en su conjunto. Al fin y al cabo, solamente los gerentes que se empoderen de la aplicación e implicancias de la conocida Industria 4.0, podrán lograr una mejor competitividad y productividad de sus modelos de negocio.
Sin lugar a dudas, la cuestión del empleo dentro de cualquier país y micro-región, es una de las grandes variables macro-económicas que depende, entre otras cosas, del estado de salud de los sectores productivos que lo componen. Junto a la inversión pública, la dinámica empresarial es un legítimo generador de puestos de trabajo. Sin embargo, la misma oportunidad del cambio tecnológico de los procesos productivos como el metalúrgico, por inercia genera la obligación de adaptarse o conformarse con posiciones marginales dentro del mercado.
A partir de lo anterior, termina siendo evidente que luego de los recientes informes sobre las estadísticas de empleo expuestos tanto por el Instituto Cuesta Duarte, el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social y el Instituto de Economía, por citar algunos ejemplos, surja dentro del debate de preguntas cómo salvaguardar los puestos de trabajo que mes a mes se destruyen en nuestro país.
Sin querer evadir el gran desafío que implica generar soluciones al empleo, problemática que se presenta como un común denominador en el resto de países de América Latina y el Caribe, lo cierto es que más que una acérrima defensa a los puestos de trabajo, lo que termina siendo clave más bien es la defensa del trabajador en sí mismo.
Hablar de miopías del trabajador, es evocar el error de confundir medios con fines, los puestos de trabajo son un medio para buscar el bienestar de las familias, a lo largo de los años han ido desapareciendo, modificándose y surgiendo nuevos tipos de puestos de trabajo. No tener miopía es no perder de vista que es justamente el nivel de empleabilidad lo que hace que una persona aumente su probabilidad de ingresar dentro de la población económicamente activa. Sin fuertes apuestas a la educación en habilidades, alineadas a los cambios tecnológicos, las brechas entre empleo y desempleo, continuarán creciendo.
Sobre el papel ciencia, tecnología e innovación
Si uno analiza la evolución del PBI per Cápita de países como Israel, Singapur y Alemania, desarrollados y con crecimiento, lo que encuentra es la existencia de curvas exponenciales en procesos estructurales inferiores a 30 años. Los mismos surgen de aumentos del presupuesto en ciencia, tecnología e innovación desde el sector público y privado. Si bien, hablar de ésta variable macroeconómica (PBI per Cápita) no tiene una relación directa con la distribución de los ingresos, lo cierto es empíricamente en la gran mayoría de los casos, con una distribución adecuada, genera un efecto positivo en la economía.
Al relacionar, el desempeño de las empresas dentro de las principales cadenas de valor, las que cuentan con una ventaja competitiva al menos potencial, y generan la mayor cantidad de fuentes de empleo, nos encontramos frente al desafío de mejorar los niveles de productividad y competitividad, ¿cómo?, a través de la incorporación de ciencia, tecnología e innovación. Al igual que las empresas del sector metalúrgico necesitan no perder de vista cuál es la verdadera propuesta de valor que ofrecerán y de qué manera la producirán, empresas de la economía primaria y de servicios, por citar algunos ejemplos, tendrán sus propios cambios en las reglas del juego y los desafíos respectivos.
Es justamente luego de las crisis y declives, que surgen con mayor frecuencia nuevos modelos y reestructuraciones de la economía, incentivos que obligan al sector empresarial a adaptarse. De la misma manera, que la pérdida de empleos debería invitar a reflexionar sobre cómo se protege al empleado por encima del puesto de trabajo, la pérdida de mercados y ventas, termina siendo un síntoma que obliga a los empresa rios a tener que adaptarse e innovar.
Buscando entender el papel que cumple la ciencia, la tecnología e innovación en el empleo, deberíamos argumentar que mantener un crecimiento económico que tenga un empleo estable, es posible si se hacen incrementos de productividad que lleven a la absorción de empleo.
Lo anterior, ocasiona que veamos como clave entender el origen del empleo. Si ponemos una lupa en esto, podremos decir que el mismo podría estar asociado a inversiones públicas, a modo de ejemplo en el acondicionamiento de rutas, por otra parte, podría vincularse al nivel de acceso al crédito y el consumo respectivo de los hogares. Estos puntos anteriores, queda claro que generan empleo y con ello, la existencia de un nivel de demanda que hace que la economía funcione. No obstante, esto no es sostenible en el tiempo, ya que si no hay un apoyo a la mejora de los niveles de productividad del sector empresarial, no hay incentivos para tomar empleos desde el sector privado.
En escenarios de aumento de déficit fiscal, no necesariamente las inversiones públicas serán un origen seguro de generación de empleo, de igual modo, depender solamente del consumo, llevará a que en un momento determinado, esto se detenga por la no generación de fuentes de empleo y por lo tanto, ingresos de los hogares.
Si a lo descrito en los párrafos anteriores, le agregamos la complejidad que se genera con la existencia de cambios que lleva a que se modifiquen las cadenas de valor globales, y a modo de ejemplo, Uruguay pueda competir con Perú en la citricultura, ello genera un efecto dominó que en el mediano plazo genera consecuencias negativas en torno al mercado del empleo. Para evitar esto, es que tomará sentido darle una oportunidad a no perder el tren de la competitividad y con ello, estar sensibilizados sobre las oportunidades y amenazas de la nueva revolución industrial.
Sobre la paranoia del quedarse atrás
Sin metas, no hay estímulos para dar nuevos pasos hacia el cumplimiento de algo. Tanto el pensamiento como la creencia de que “nos estamos quedando atrás”, no es otra cosa que una invitación a que tanto el sector privado, el sector público, los trabajadores organizados y la academia encuentren en la mejora continua, espacios para diagnosticar, debatir y desarrollar soluciones a partir de los desafíos que los unen.
Decir que “nos estamos quedando atrás”, nos llevaría a buscar mecanismos para que a modo de ejemplo se piensen estrategias sostenibles que lleven a que la inversión en ciencia, tecnología e innovación aumenten, y pasen del 0,03% a una cifra superior. Si bien, en los últimos años se han generado exponenciales avances en ésta materia si lo vemos en retrospectiva, lo cierto es que una mejora podrá redundar en resultados positivos.
Tanto en los artículos publicados en 2016, 2017 y 2018, sobre Israel, Argentina y País Vasco, analizamos las ventajas de adaptar las buenas prácticas en materia de emprendimiento e innovación, no obstante, cada uno de esos lugares al igual que Salto y su región, tienen una determinada cultura e idiosincrasias que terminan operando como la palanca de cambio, lo que diferencia a una sociedad de otra.
¿Cuál es la percepción que le damos al trabajo? ¿Cómo nos estamos preparando para el Salto del 203o? ¿De qué manera se generan sinergias entre lo público y privado, lo local y regional para la cuestión del empleo?
Una conformidad excesiva, terminará haciendo que nos conformemos o demos por ciertas algunas percepciones que tenemos sobre los problemas que tiene la sociedad y sus soluciones.
¿Cuál es el papel esperado del Estado? ¿Qué nivel de protagonismo toma el sector privado? ¿De qué manera la clase política en su conjunto aúnan esfuerzos? ¿Cuáles serán los principales motores del empleo y su sostenibilidad en el tiempo? ¿Puestos de trabajo o trabajadores?
Sin lugar a dudas, hablar de la psicología colectiva y del necesario cuestionamiento del status quo, de desafiar los temas que realmente importan, no evitando las profundizaciones cuando ellas resultan provocadoras lleva a que más que respuestas, lo que realmente sea más necesario sea tener preguntas que motiven acciones.
Lic. Nicolás Remedi Rumi