PEQUEÑO LUIS EMILIO, NUNCA TE RINDAS

Por Dr. Adrián Báez
Estimados lectores. Vivimos en un país donde, lamentablemente, en los últimos tiempos, los laureles son ostentados por aquéllos que mejor demuestran la mediocridad y la chabacanería, siendo la excepción, las personas que insisten en su engrandecimiento intelectual y por ende espiritual, a través del estudio o el trabajo, pues existen autodidactas de alto nivel que pasan inadvertidos; cuando debería ser la regla, en una sociedad que añorante de épocas mejores, continúa creyéndose culta, cuando ya no lo es más, o por lo menos, no tanto.
Muchas veces hemos escrito respecto al derrumbe de la enseñanza en nuestro Uruguay, y continuaremos haciéndolo, pues estamos absolutamente convencido de que es así, y que quién o quiénes lo contradigan, con todo el respeto que nos merece su opinión, bailan con la necedad más inaceptable y retrógrada, que es la de negar algo tan obvio.
Ante este panorama oscuro, y que mucho nos hace temer por el futuro de nuestros compatriotas, no de nosotros, sino de los que vendrán y de los que ya andan, surge una pequeña, pero sumamente valorada y valorable veta de luz, que nos da esperanza y ganas de luchar desde el lugar que nos toca, y esa alegría, nos la ha brindado un pequeño coterráneo de 10 años.
Se han organizado, y en buena hora, cosa que deseamos aumente en cantidad y en promoción, así como en incentivo y extensión hacia otras áreas, Olimpíadas Nacionales de Matemática en el Colegio Elbio Fernández, en las cuales, en este 2016, participaron nada más y nada menos 34.000 niños de todo el Uruguay, siendo ganador de una de las categorías en las que se divide la competencia, obteniendo la Medalla de Oro, el salteño Luis Emilio Martínez Lechini.
Este niño concurre al Colegio Vaz Ferreira y cursa 5to. año, y tras haber pasado por una larga preparación, pues en el 2015 también fue galardonado con una Medalla de Plata, se presentó ante un numeroso grupo de competidores, obteniendo el premio por el que fue a luchar, transformándose en un verdadero orgullo para nuestro Departamento, percatándonos felizmente de que existen instituciones, docentes y padres, que están dispuestos a llevar adelante la principal obligación de un educador, y cualquiera de ellos lo son cada uno desde su lugar, que es el fortalecimiento de la confianza y el estímulo de la inteligencia de los menores.
Este tipo de instancias ameritan reconocimientos y un fuerte respaldo de la ciudadanía, dejando de ser noticia, para convertirse en algo normal y común, donde se vaya creando un sano espíritu competitivo, no tanto por el hecho del ganar, lo cual es bueno, sino por la obtención de conocimiento.
Uruguay debe apostar como primer e indiscutible paso al porvenir, en la educación de los jóvenes; rescatando lo que pueda rescatarse de varias generaciones perdidas, y evitando que otras nuevas sigan el mismo rumbo.
En tierras en las que los deportistas, y merecido se lo tienen, son el epicentro de nuestras loas, y donde pésimos ejemplos se creen con derecho a recibir aplausos por cosas que nunca hicieron ni harán, que un niño de 10 años obtenga tan elevada condecoración, por utilizar la herramienta más preciada que posee el hombre, como lo es la razón, vale más que la pena resaltarlo y celebrarlo.
Qué bueno sería que las autoridades gubernamentales, tanto las nacionales y las departamentales, honren estas conquistas y realicen homenajes a estos ilustres, aunque pequeños ciudadanos, que nos enorgullecen en nombre de la cultura.
Pequeño Luis Emilio, nunca te rindas.







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