Perdemos por goleada

“Tenía que ser Uruguay. No es casualidad que el primer país del mundo en el que el Estado se encarga de controlar el cultivo, empaquetado y venta legal en las farmacias la marihuana —un proceso que arrancará en la primera quincena de julio— que todos los demás de su alrededor prohíben y combaten sea esta pequeña nación de tres millones de habitantes, gobernada desde 2005 por una izquierda tranquila que ha logrado un récord histórico de crecimiento ininterrumpido de la economía. Uruguay ya fue pionero en América Latina en abolir la esclavitud, aprobar la enseñanza laica, el divorcio, legalizar la prostitución. La separación de la Iglesia y el Estado tiene más de 100 años. Todo llega antes aquí. Y casi siempre marca el camino a los demás”.
Así arranca una crónica que publica este domingo el diario de referencia en habla hispana, El País de España, sobre nuestro querido Uruguay. En realidad la nota habla sobre la regulación por parte del Estado de la venta de marihuana en las farmacias, algo por lo que fuimos haciendo un pamento enorme cuando se planteó la idea, lo que sucede como con toda cosa novedosa.
Primero metía miedo, segundo la tratamos de digerir lo mejor posible aunque no pudiéramos y tercero, la aceptamos silenciosamente y hoy nos importa tres pepinos quién es el que va a anotarse para fumar marihuana en una farmacia, si cuando pasas por la plaza Artigas a plena tarde y a dos metros de los niños que están andando en bicicleta en el lugar, hay una barra de pibes fumando porro hasta la última seca o pitada, sin pudor alguno.
Todos sentimos ese olor cuando pasamos por los caminos de uno de nuestros principales espacios públicos, pero no le prestamos importancia, no le damos la más mínima pelota, ¿por qué? Porque ya sabemos qué es la marihuana y creemos que hay cosas mucho peores que esa droga, como el daño que le hace a la gente vivir enchufada en sus teléfonos celulares todo el día, sin preguntarse dónde está la vida, qué se puede hacer para mejorar como ser humano y cómo podemos lograr entre todos los cambios necesarios para mejor una sociedad que en valores se nos cae a pedazos. brillante
El otro día miraba una película de dibujos animados con mi hijo, confieso que últimamente son las que más me gustan porque además de dejar un mensaje muy lindo, el nivel de sarcasmo, de ironía y el planteo inteligente que hacen, es mucho mejor que los de cualquier otra de esas con actores archi conocidos. Particularmente me gusta Sotrks, que en traducido al español quiere decir “Cigüeñas”, donde hacen un maravilloso planteo filosófico y real sobre si estas aves son las que traen al mundo a nuestros bebés, pero en este caso, las cigüeñas habían dejado de hacerlo y se dedicaban a la entrega de paquetes de compras por Internet, hasta que accidentalmente deciden “volver al negocio de los bebés” de una manera muy tierna, planteando la reivindicación de la familia como lo más importante del mundo. Simplemente fue algo brillante.
En este momento donde el 60 por ciento de los matrimonios en el Uruguay se disuelven, donde existen tanto como el celular y el whatsapp, las nuevas familias ensambladas, o las parejas que son siempre los y las ex de alguien y padres de otros hijos por separado, donde hay mucha gente viviendo sola porque ya no tiene matrimonio, ni familia, y si lo tienen es en sentido figurado como un pacto hasta que los “pichones vuelen”, como si eso les fuera a evitar algún daño a ellos, porque creerlo es simplemente subestimar a nuestros hijos, y que haya un planteo para reivindicar que la familia de padre y madre casados con hijos del mismo matrimonio, con hermanos, tíos, primos y abuelos tenga vigencia, es algo muy positivo.
Porque genera un valor que se pretende disociar y separarlo de todas las cosas como si fuera algo anticuado, tal como ocurre con los movimientos sociales denominados “colectivos” a los que respeto y valoro, porque en tanto seres humanos tienen derecho a ser, sentir, manifestarse y vivir como piensan, pero no a imponerme a mí, que la manera en la que yo creo, siento y vivo es añeja y no es de este mundo, porque mi manera de ser y de pensar es tan de este mundo como la de ellos.
Y lo digo porque hoy parece que los que pensamos así somos una minoría que debemos sentirnos hasta culpables, es una cosa de locos. Me lo comentaba un amigo quien me decía “parece ser que hoy en día no podes decir negro, sino afrodescendiente, entonces yo que tengo la piel clara y que soy igual de ser humano que cualquiera ¿cómo me debo llamar? ¿europeodescendiente?, pero si lo digo me miran mal. No puedo ser casado con mi mujer y decirlo, porque hoy se vive libre y “en pareja”, no puedo ser heterosexual porque pareciera que alguna tendencia u orientación sexual distinta a la de mi sexo debo tener, y mucho menos puedo decir que soy católico, porque me tratan de conservador y facho”.
Pero como en todas las cosas parece ser que en Uruguay, si es como dice el diario español El País, estamos adelantados, entonces la conformación de la nueva sociedad pasa por irrumpir con el status quo y hacer que todo cambie, y si uno es a la manera original, a la vieja usanza, lo miran raro.
Por lo cual creo que nos estamos salteando un paso, es decir, está bien que la marihuana se establezca legal y regulada en las farmacias, que haya matrimonio igualitario si la sociedad lo pide, que haya interrupción del embarazo voluntario y se frenen los nacimientos si es lo que quieren y reclaman desde el género femenino con aquel famoso “Yo decido”, pero también es bueno reconocer que en el Uruguay somos pioneros en mantener a la familia unida, en sembrarla como un valor indispensable para el fortalecimiento del entramado social, en que la establecimos en la Constitución como “la base de la sociedad” y en que más allá de lo vanguardistas que podamos ser por nuestra innovación en la legislación y nuestras avanzadas reformas sociales de corte liberal que han deslumbrado al mundo y que de socialismo tienen poco, porque si fuera este un país socialista prohibiría el aborto y condenaría la homosexualidad como sucede en Rusia, Cuba o Corea del Norte, más allá de todo eso que nos pone a la cabeza de las sociedades más avanzadas, en el reivindicar la imagen de la familia como base de todas las cosas, Uruguay está perdiendo por goleada.

HUGO LEMOS







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