¿Por qué tenemos que ser nosotros?

Cuando en el 2004 se planteaba que la carga tributaria que padecía el trabajador era injusta, que lo era y nadie lo discute, aparecieron propuestas de cambio. Las mismas venían del Frente Amplio como no podía ser de otra manera ya que quienes gobernaban hasta ese momento, habían sido los partidos tradicionales. Pero especialmente una persona, el contador Danilo Astori, aparecía como el gurú de la economía y decía que había que aplicar un sistema nuevo, distinto, que apuntaba a la justicia tributaria que plantea el inglés John Rawls desde los libros, y que se impartía en los países avanzados como son Estados Unidos y los de Europa.
El espíritu de un nuevo sistema tributario que se impartiría a partir de un gobierno de la izquierda uruguaya era que “pague más el que tiene más y menos el que menos tiene”. Ese precepto se ha cumplido en cierta medida y es justo decirlo, pero no cabalmente como se había prometido porque no paga más el que tiene más, sino que el gana más sueldo o declara más ingresos. Y tampoco paga menos el que menos tiene, sobre todo porque hay una clase media muy castigada que no puede crecer y se la limita a la pobreza, a seguir perteneciendo a la clase baja, en definitiva, una clase baja con aspiraciones a ser clase media, pero con una aspiración que nunca va a alcanzar porque la carga tributaria se va a encargar de volverla a la realidad.
Y los últimos anuncios del ministro Astori, acerca de que el gobierno considera que una persona que percibe un salario nominal de 50 mil pesos, tiene que pagar impuestos de la misma forma que lo hace otra que percibe 167 mil mensuales nominales, hace las cuentas claras de que el sistema opera para empobrecer al primero y generarle algunas dificultades al segundo para su crecimiento.
El impuesto a la renta de las personas físicas debería considerar muchas cosas a la hora de gravarse. No es lo mismo que pague un porcentaje de sus ingresos quien además tiene un capital enorme en giro, que el hecho de que pague impuestos quien declara la misma cantidad de ingresos y solamente tiene ese ingreso para vivir y no posee ni una casa, porque encima alquila.
Veamos, el año pasado me dijo un empresario de este país (no voy a mencionar el sector al que pertenece, porque son muy sensibles hasta cuando se los pone como ejemplo y después te lloran la milonga porque los nombraste), el individuo comentó que había pagado unos 50 mil dólares de impuestos. Se quejó y dijo que era un disparate. Está en su derecho a hacerlo y bien por él, que al menos pudo pagar los impuestos y seguir con el mismo patrimonio vivo en sus manos.
Pero esta persona pagó ese impuesto, que porcentualmente equivale a una de las cuatro camionetas que tiene para trabajar en su empresa, lo que no le supone ni un 2 por ciento (cuenta sacada por él mismo) del total de su patrimonio. En cambio, yo cuando pago mis impuestos lo hago al equivalente del 35 por ciento (o más) de mis ganancias, que salen de mi salario que es todo mi capital.
Lo que supondría que si aplicamos el concepto de justicia tributaria con el que fue elaborado el sistema tributario actual y la premisa de que pague más quien tiene más, como dijeron Tabaré Vázquez y Danilo Astori en el 2004, ese empresario tendría que pagar también el 35 por ciento del total de su capital, como me pasa a mí, lo que superaría ampliamente los 50 mil dólares de los que tanto se quejó al abonar.
Pero ese ejemplo solamente lo propuse para demostrar que el sistema no es justo, ni que tampoco paga más quien tiene más, de lo contrario Danilo Astori o el presidente Tabaré Vázquez no podrían estar proponiendo para la próxima Rendición de Cuentas, lo que están proponiendo. En primer lugar, cuando el ministro Astori dice que el 65 % de los uruguayos no paga IRPF no quiere decir que sea algo positivo, ni tampoco que esta franja esté exenta de abonar impuestos.
Quiere decir que el 65% de los uruguayos gana muy por debajo de lo necesario para poder vivir y tiene sueldos de hambre, al punto que no le alcanzan ni siquiera para poder pagar un impuesto a las ganancias, que se paga desde la media canasta básica familiar, que también es insuficiente para vivir, así que el que está por debajo de eso, pobre de él y su familia. Pero además paga impuestos al Estado porque abona UTE; OSE, ANTEL, etc., es por servicios una parte de la factura, pero otra importante es por impuestos. Así que sí paga impuestos al Estado.
No obstante, el anuncio formulado por el gobierno de que incrementarán los tributos que ya se están pagando con mucho sacrificio porque ellos se pasaron de rosca con las cuentas públicas, dejó molesto a un pueblo. No puede ser que porque el gobierno administró mal los recursos y haya problemas como el caso de ANCAP, que nos deja una deuda de más de 900 millones de dólares, que haya otorgado dinero más allá de lo debido a distintos niveles del sector público y que el mismo se haya malgastado, tengamos que venir los asalariados a pagar más IRPF para solventar ese desfasaje. Es vergonzoso que así sea, no estoy de acuerdo, creo que es injusto y que como ciudadano no merecemos pagar más impuestos de los que ya pagamos, encima para tapar los agujeros que la misma administración está haciendo, es algo que no se puede entender ni defender sean del partido que sean.
El país necesita recuperarse y mantenerse a flote ante una coyuntura adversa en relación a la bonanza de los últimos años. Pero esa bonanza, que obedecía al contexto internacional y a los niveles de precios que se venían manejando, dieron una buena inyección de dineros al Uruguay donde en mayor o menor medida, todos nos vimos beneficiados.
En ese aspecto, un gobierno debe saber que no puede gastar más de los dineros con los que cuenta para invertir lo necesario, hacer que eso sea visto por la gente y después, no tener que salir a ajustarle el bolsillo a nadie. Aunque ahora pasa lo contrario, gastaron de más, se les fue la mano con algunas cosas como el caso de ANCAP, precisamente, y ahora se nos vuelve a meter la mano en el bolsillo a los que trabajamos por un magro salario.
Porque si para el gobierno debe tributar de la misma forma una persona que gana 50 mil pesos nominales mensuales, a la que con la propuesta astorista entre el IRPF, el Montepío y el Fonasa le quedarían unos 29 mil pesos en la mano, a los que se le suma un alquiler de 10 mil pesos y el pago de los servicios básicos como luz, agua y teléfono, solo le quedarán 10 mil pesos con los que deberá comer el resto del mes, tanto él y sus hijos, estamos hablando a 350 pesos por día, sin contar gastos de farmacia (a no enfermarse), ropa, educación de los niños y algún que otro me llevo, ¿cómo se hace para vivir así?, pero tributa igual que uno que gana 167 mil pesos, que siente el bajón con un impuesto mayor, pero le queda resto para seguir camino. Entonces estamos todos locos porque algo anda mal.
Así que rescato dos cosas de toda esta maraña que les mencioné. Una, que la franja de tributación debe tener al menos dos escalas más, entre los 50 mil y los 167 mil pesos nominales mensuales, y lo otro, es que lo que no puede hacer nunca el Estado es gastar de más y después como no le cierran los números, salir a cobrarle más impuesto a la gente. Porque Tabaré Vázquez prometió que no iba a haber más impuestos, y esto es que tampoco se incrementen los ya existentes, sino estamos en la misma y nadie dice la verdad, por lo cual tampoco nadie se hace cargo, y que paguen los giles.

HUGO LEMOS







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