QUE A NADIE LE SORPRENDA

Por Dr. Adrián Báez.
Estimados lectores. La semana pasada no hubo uruguayo que no hablara del desalojo de la sede del Codicen, por parte de la fuerza pública; acto legal y legítimo, aclarémoslo, más si contamos con que no solamente se ocupaban las oficinas de dicho organismo, sino que también de todo un edificio, en donde operan diversas reparticiones de otras oficinas públicas, cuya labor se obstaculizaba notoriamente.
La polémica del episodio, como era de esperarse, giró en torno a la brutalidad con que las fuerzas del orden llevaron adelante la orden impartida por el Ministerio del Interior, según los detractores; y de lo bien que se estuvo en enfrentar los desmanes provocados por estudiantes de secundaria y de la FEUU, según los simpatizantes de la medida.
De un lado como del otro, cruzaron reproches y facturas; unos, acusando de violación a los Derechos Humanos de los manifestantes, tanto los que ocuparon como los que se sumaron a las protestas una vez desalojado el inmueble; otros, denunciando injerencias de organizaciones ajenas a secundaria y la universidad, que procuraban el desarrollo de descontrol para generar caos y quizás conseguir mártires cuya responsabilidad recaería en el gobierno, con el que no pasan un buen momento sentimental.
Sea lo que fuere; la realidad demuestra que los ánimos caldeados son el resultado de años y años de fomentar el enfrentamiento de la sociedad entre sí; el gobierno, ejercido por una fuerza política que se ve en una encrucijada de desorientación ante los acontecimientos de desobediencia provenientes del sindicalismo compañero y progresista, se encuentra pagando un altísimo precio al estar tomando de su propia medicina, esa misma que empujaba a dar con astucia y empeño, a gobiernos de otras divisas, y en la que no escatimaba en aumentar sigilosamente la dosis, sin importarle consecuencia alguna.
El Frente Amplio, y debemos reconocerlo, campeón en arengar a enfrentar sin miramientos, a toda propuesta de progreso y adelanto que viniese de los Partidos Tradicionales, por considerarlas neoliberales, capitalistas o vendepatrias, se ve a sí mismo aterrorizado ante la sola idea de observar que ahora, son ellos los que aplican medidas poco simpáticas, o lo peor, incumplen con promesas descabelladas o sin norte, y que la realidad supera siempre a la ficción, y que los deseos se enfrentan a la misma, con la que deben lidiar y hacer comprender a sus otrora aliados incondicionales, quienes le exigen que cumpla.
No se digiere, que en pleno tercer gobierno de la izquierda mayoritaria, sean los ciudadanos que creyeron en la palabra empeñada y la llevaron al poder, los que comiencen a avivarse de que las cuitas de amor, han quedado por el camino, y que hoy por hoy en este país, no existe colectividad política más conservadora en sus lineamientos y en su ejercicio de ese poder, que el Frente Amplio; colectividad, que dicho sea de paso, no sabemos bien hacia qué rumbo se dirige, pues al mismo tiempo que es gobierno, es su propia oposición.
Podemos compartir o no, las luchas de los sindicatos; podemos estar de acuerdo, con ciertos matices, en las plataformas reivindicativas; podremos, porque no, aliarnos a muchísimas aspiraciones, considerándolas benefactoras para la sociedad toda, y no solamente para los agremiados; pero, con lo que nunca estaremos de acuerdo, por cuestiones filosóficas, es en que sean éstas honorables corporaciones de trabajadores y estudiantes, las que ejerzan el poder legítimo de las instituciones, que sólo el pueblo, por medio de las urnas otorga, a quienes se presentan en el menú electoral, tal como lo marca sabiamente, nuestra Constitución.
Ahora; no puede pretender el gobierno “progresista”, por más razón legal que le asista, sin ser calificado de autoritario y antidemocrático; negar esos derechos constitucionales de manifestación, huelga y dependiendo la biblioteca jurídica, el de ocupación, por ser éstos llevados a cabo contra él y no contra el sector privado, o contra algún gobierno de otro color político.
Creemos y estamos convencidos de que los actuales gobernantes se acostumbraron a gobernar en la abundancia y consecuente fiesta; y que lamentablemente para el país, desconocen cómo hacerlo con dificultades y por eso se nublan. ¿A caso, no es el modus operandi de los populismos? Que a nadie le sorprenda.