Que den la cara

Desde hace un buen tiempo a esta parte, los uruguayos venimos contando peso por peso, preocupados porque el aumento de los precios que viene superando nuestra capacidad de compras y en ese sentido, es que vemos cómo la ecuación inflación vs. salario arroja como resultado un panorama desfavorable para éstos últimos, demostrándonos cómo entre los pesos que se remarcan en cada producto en el supermercado hacen, que al llegar uno a la caja para pagar, esos remarques que aparecían hasta como inofensivos, nos sumaran un montón de dinero más que el que habíamos calculado utilizar.
Pero lo cierto es que estamos atravesando por uno de los períodos de mayor inflación desde que la izquierda gobierna y de los más importantes en relación a lo vivido por el país en la última década. Y eso no es causado solamente por la situación internacional, que cuando nos dio posibilidades de desarrollo y crecimiento le dimos para adelante de punta y hacha para mejorar el crecimiento interno. Pero el gobierno ahora se las ve de perillas para poder cerrar la canilla que abrieron en 2005 y ajustar algunos beneficios que se siguen investigando si fueron oportunamente otorgados.
Es que el Estado no dice que te quiere arrancar la cabeza con los impuestos que nos hace pagar, pero sí te muestra las garras cuando te cobra impuestos hasta por respirar, generando así una presión tributaria enorme, que solamente causa un detenimiento en cualquier sector de la actividad y solamente ocasiona un parate para el desarrollo económico,
Cuando días pasados el ministro de Economía, Danilo Astori, acusó a ciertos empresarios de la bebida de “hacerse los vivos” y de generar con esa conducta una inflación importante para que se mantengan los precios más altos de lo que deberían estar, todos quedamos molestos por muchas razones.
Primero, porque sabiendo que hay algo de verdad en el discurso de Astori, el secretario de Estado que maneja la economía del país y que conocía estos números seguramente mucho tiempo antes que la prensa, no puede decir que la culpa es de determinados empresarios, o de fulano y zutano y no se pone el sayo que a él también la cabe.
Seguramente hay algo de verdad en lo que dice Astori acerca de que hay empresarios que jugaron un rol importante en la suba de precios, claramente porque iban a ganar dinero con la importación de mercadería que por el momento, al precio que la ingresaban, la tenían de pantalla, pero no toda la culpa es de la gente cuando pasan las cosas, también hay culpables en el gobierno por no atajar los problemas de fondo a tiempo y dejar que los inconvenientes tomen aire. Y después relativizamos el discurso y generamos desconfianza por parte de la gente.
Esa desconfianza viene sumada por todo lo que pasa en el país y queda así nomás, ya que nadie da la cara, y eso cae mal. Porque cuando en una gestión pública hay problemas, lo primero que queremos es ver quién habla y cómo habla. En ese aspecto, Raúl Sendic tendría que haberle pedido perdón al pueblo uruguayo por dar a entender durante tanto tiempo otra cosa ajena a la verdad, que en definitiva no hace más que deteriorar su imagen ante el público por más que Tabaré Vázquez siga diciendo que Sendic le merece confianza.
Hablar por hablar es sacarse los problemas de encima. También en el discurso cuando un político emplea el ‘nosotros tal cosa’ y no usa el singular para identificarse, él mismo como hacedor de las cosas mal hechas con sus palabras dejó en evidencia que se equivocó pero que está buscando la excusa para decir que el hecho se dio por una razón y no por su persona.
El caso es que estamos viendo la raya entre el ridículo y la cobardía. Porque entre los dichos de Astori que culpa al mercado de la inflación y de Sendic que se quita los problemas de encima diciendo que él sí estudio en Cuba pero que no es licenciado, me dan escalofríos, porque uno lo que quiere es que haya un gobierno que se haga cargo de lo que hizo y no que busque excusas por lo que se supo y no debía saberse.
Por supuesto que el gobierno es responsable de la inflación que hay, de que la misma haya trepado al 10 por ciento y siga en aumento, porque no controló la presión tributaria que estaba ejerciendo contra los comerciantes y la población en general en forma indiscriminada. Resulta que el gobierno con esas medidas provocó un reajuste constante de precios, lo que motivó por otro lado que las cosas se encarecieran y que la gente no pudiera comprar más nada.
Ese tipo de cosas, son las que terminaron generando que haya inflación. La presión tributaria que plantea el actual sistema tal como está formulado, es lesivo para el profesional joven que vive de su salario, para quien tiene más de un empleo, para el que tiene un pequeño comercio con el cual quiere vender su producto y poder ganar el dinero invertido y sacar algo de ganancia, entre otros casos similares. Y no es buena cosa, ni siquiera de hombres correctos, buscar culpables a un problema que lo genera uno mismo cuando toma una decisión que impacta de lleno en la sociedad.
Toda medida de esta naturaleza requiere que haya alguien que trate de encaminar el barco y dé la cara, demostrando que está trabajando. Pero no es lo que ha venido pasando en el Uruguay en los últimos meses. Entonces queremos que haya alguien que sí pueda decir que la economía viene cambiando, que vamos a tener problemas y que todos tendremos que hacer un plan de ajuste.
Un ministro que exprese sus errores ante las cámaras y diga allí mismo que están buscando soluciones, pero que no nos preocupemos, que quienes han tomado medidas en estos tiempos para causar la situación con la que nos encontramos ahora cada vez que pisamos un supermercado, van a estar para dar la cara y no para esconderse y buscar al mismo tiempo el conflicto de si tenemos más licenciados o uno menos.
Espero que en los próximos tiempos cuando las cosas se compliquen un poco más, midan dos cosas. Una, cómo aflojarle a la presión tributaria que solamente causa estragos en todos los bolsillos. Y otra, que haya sinceridad para asumir los problemas entre todos. Porque sin buscar culpables, en el caso de que haya problemas graves si no nos juntamos todos, con la verdad al viento, retrocederemos todo lo que hemos avanzado en este tiempo y eso dolerá mucho más que cualquier otra cosa.

HUGO LEMOS







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