Que haya más información

Cuando se tienen principios y valores bien puestos, las cosas se dicen en voz alta, dando la cara y sin medias tintas. Hay quienes lo hacen, pero por meros intereses económicos y sin escrúpulo alguno. Pasa sobre todo con la clase política, donde muchos se llaman líderes o dirigentes, y no son más que personas que buscan un beneficio personal, lucran con el Estado siendo gobierno u oposición y encima critican a los que los critican. Estos son unos fenómenos.
Pero hay otros que lo hacen desde los medios de comunicación, confundiendo a la gente de que son periodistas, cuando en realidad tienen espacios rentados por determinada dirigencia partidaria con el fin de impulsar un candidato, o haciéndolo como mercenarios, tratando de matar al enemigo desde el escenario mediático que ellos construyen. expresion
Esta situación que pongo a consideración de los lectores pasa a ser una de las más preocupantes, porque hay mucha gente que compra como cierto lo que dicen determinadas personas, cuando en realidad, las mismas están generando desinformación y construyendo todo el tiempo una verdad a medias, que lo que hace es brindar datos equívocos a sabiendas que lo son, para beneficiar a quien les paga por hacerlo.
En este caso al que le quepa el sayo que se lo ponga y salga a cacarear, pero no me refiero a un caso puntual, ni a alguien en particular, sino a muchos que así lo hacen y esto lamentablemente, se da en todo el país.
En Montevideo, donde para muchos está la panacea del periodismo nacional, hay quienes compran por bueno lo que un joven, hijo de otro periodista, que usa un apodo como extranjero habiendo nacido en el caribe por accidente, vende. Él siempre dice muchas cosas a favor del gobierno, ya que el mismo financia no solo su medio, sino además otras publicaciones paralelas, donde lo que se vende es la gestión de la administración central sin críticas ni caras feas.
Esta persona, a la que conozco de mi militancia en la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay, en las épocas más duras que el país haya vivido en este siglo XXI, cuando algunos que hoy se dicen a favor del gobierno militaban para los gobernantes de la época por mero resentimiento con grupos frenteamplistas, porque luego volvieron con la cara de yo nunca me fui, en fin, a ese otro que hasta hace vídeos hablando los del poder, lo habíamos declarado enemigo, porque quería el fin de la Regional Norte tal cual la conocíamos, abierta y sin exclusiones.
Para los que se asombran, la Regional Norte ya existía antes del 2005 y ya había carreras completas que las cursaban cientos de estudiantes que provenían de distintos puntos del país, principalmente del norte y para sorpresa de otros tantos, el actual edificio de la Universidad estatal en Salto, ya existía y fue inaugurado en dos tramos, primero en abril del 2001 y justo un año después se dejó abierta la segunda parte, que fueron los pisos 3 y 4.
Es cierto, estaba sin amueblar, pero al menos estaba y lo digo porque en una publicidad política de cara al aniversario del Frente Amplio aparecía una chiquita, que decía que “ahora hay universidad en el interior”, pero seguro estaba bien desinformada.
El tema, pasa porque hay mucha munición gruesa que se está lanzando desde varias trincheras porque es época electoral y hoy las redes sociales, todo lo permiten. Hasta la creación de perfiles truchos, donde hay personas que las vemos todos los días, pero que se dan vuelta para escribir de la vida de tal o cual, insultando y agraviando.
Otros, te insultan de parado nomás y te llaman de cualquier manera, cuando nunca te vieron la cara ni hablaron con vos, ni te preguntan porqué escribiste lo que escribiste, como para ponernos a conversar y desmenuzar una charla, en la que pueden fluir muchas ideas.
Pero estamos en el mundo de la sobreinformación, donde la gente consume mucha idiotez y muchos datos que aparecen como históricos sin el más mínimo sustento. El año electoral se pone muy difícil, están todos los intereses en juego, todos.
Muchos no quieren partir para las 8 horas, porque si bien no tienen preparación específica no se preocupan porque según donde militen este año, tienen un cargo asegurado en el Estado y hay otros que quieren dejar de leer el Gallito Luis porque pretenden entrar con el próximo gobierno, sea del partido que sea, a un cargo en la administración central o departamental y están haciendo cualquier cosa para obtener sus cometidos.
Toda esta guerra de intereses provoca que la sociedad esté atravesando por una dramática situación de desinformación, mentiras, engaños y dichos de cualquier cosa, apoyados por fotos o vídeos que pretenden ser reales y que engañan a la población, tanto a favor de determinado gobierno, como en contra de tal o cual.
Los periodistas, los que trabajan realmente para dar información, son los que tienen el enorme desafío de pulir la misma, encontrar el equilibrio y darle a la gente los hechos que realmente ocurren y las expresiones que realmente son, porque sino la población seguirá consumiendo mucha fantasía, mucha mentira y mucha información direccionada, que solo generará una confusión generalizada.
Esto determina que haya un clima de mucha hostilidad y que traduce una violencia importante, que se suma a los problemas estructurales que ya padecemos como sociedad y ahora encima los sentimos en las redes sociales, con discusiones que terminan en agresiones, en amenazas y en disputas sin sentido.
Nadie está libre de no caer en un enrosque de éstos, pero debemos evitarlos, tratando de tener altura en la discusión, fundamento en los argumentos y libertad para decir lo que pensamos. Lamentablemente estamos siendo rehenes de algunos desinformadores, que trabajan cobrando para decir lo que el que les paga quiere que digan, y contra ellos también tendremos que dar una batalla. Desenmascarando las mentiras, las llamadas fake news y exigiendo datos concretos para que nos justifiquen lo que nos quieren vender.
Esa es la forma de poder informarnos libremente, para tener conocimiento de lo que está pasando y para poder discernir con sustento nuestras decisiones. Esa es la batalla que debe darse, por una información más limpia, sin la contaminación de los mercenarios, con errores y aciertos, pero con la verdad. Ojalá todos se sumen para poder lograrlo.

HUGO LEMOS