Que no los sigan excluyendo

Cómo no hacerle caso a la maestra cuando me decía que hiciera bien los deberes, que estudiara y que no charlara tanto en clase, porque si no aprendía y no aprovechaba lo que ella me estaba enseñando, mientras el sistema sí estaba funcionando y no había paros que le impidieran dar clases, otros que sí iban a tener clases siempre, sin interrupciones porque accedían a centros educativos privados de alta dedicación, y que sí estudiaban todo el tiempo, porque les marcaban una disciplina que iba desde la casa hasta el aula, se iban a poner delante de mí en el futuro.
Yo no entendía mucho cuando ella decía esto, pero con el devenir del tiempo y el paso de las épocas, siendo ya padre y queriendo lo mejor para mi hijo, me doy cuenta a cabalidad de lo que me estaba diciendo aquella maestra de pura cepa, como las que nos educaron en la época post dictadura y que como a mí, educaron al grueso de la generación de maestros y profesores que son los que trabajan actualmente y que se encuentran en esa lucha frontal contra el gobierno, en el conflicto sindical por querer aumentar su salario y ganar un sueldo que dignifique la profesión.
Esto último es muy importante, dignificar la profesión para los actuales maestros y profesores pasa básicamente para ellos por ganar un sueldo que les permita olvidarse a la hora de ir a trabajar, de cosas tan elementales como si la heladera está llena o vacía y que las cuentas estén todas pagas, porque así pueden concentrarse en su tarea al saber que sus hijos no están pasando dificultad alguna.
Eso es en definitiva lo que quieren los docentes que esta semana que pasó, fueron los protagonistas por todo el lío y las paralizaciones que generaron y que hoy tendrán un día clave para decidir qué decisión van a tomar al respecto, sabiendo que el gobierno no va a poner más plata arriba de la mesa y encima los quiere de nuevo en las aulas. El gobierno es un patrón jodido, a decir del periodista de El Observador, Gabriel Pereyra, que ejemplificó claramente lo que ese empleador hace. Le paga sueldos de 80 y 90 mil pesos a porteros de bancos estatales y a la vez paga sueldos de hambre a maestros y profesores, que en la mayoría de los casos, se prepararon para esa función estudiando, en detrimento de los otros, que con todo respeto, ejercen una función que para la sociedad no es tan importante como la de un educador.
Por todo esto, las aulas están vacías, o al menos con los maestros trabajando pero aún así, haciéndolo con la cabeza puesta en lo que va a pasar en la asamblea de la noche, donde esperan noticias favorables a sus reclamos. Mientras tanto los niños y adolescentes no se están educando como deberían y ese es el meollo del asunto. El hecho de que los educandos no reciban la calidad de la enseñanza a la que tienen derecho a acceder, debería ser la discusión central, pero sin embargo seguimos hablando de plata, porque lo que se está discutiendo es más y mejor salario y esa ha sido la discusión de los últimos años, sobre todo desde que el gobierno anunció que quería mejorar la calidad de la enseñanza pública.
Y más allá de que el gobierno diga esto, es porque sabe que la calidad de la educación que se recibe desde el Estado no es buena, por ser generoso con el término, y los docentes, que se autodefinen “trabajadores de la educación”, sostienen que para exigirles calidad, deben pagarse primero salarios dignos, y al final todo sigue igual, y la rueda gira de la misma manera, y en definitiva nunca se discute por mejor educación. Y un ejemplo de ello fue lo que pasó en el primer gobierno de Tabaré Vázquez, cuando conformó las Coordinadoras Organizadoras del Debate Educativo (CODE) que hablaron todo el año de cualquier cosa menos de cómo brindar una educación de calidad, lo sé porque integré una de ellas y al final, hasta votaron en un congreso que denominaron “Julio Castro” y que se celebró en el Palacio Peñarol, un proyecto de ley de educación, que tras todo ese trabajo para llegar a armar dicho proyecto, al menos debió ser considerado por el gobierno de la época.
Pero no, el entonces ministro de Educación y Cultura, Jorge Brovetto, sacó del cajón del escritorio el plan B, la alternativa a todo eso y elevó al parlamento la ley que el gobierno quería que se votara y es la que conocemos actualmente. Por lo tanto, si llegó a hacer eso en su momento, nada le impedirá al presidente actual, que era el mismo que el de entonces, imponer sus condiciones. Porque si bien va quedando solo con su idea de decretar a la educación como un servicio esencial, será quien al final de cuentas diga cómo van a seguir las cosas. Además, por una razón bien simple, Vázquez no es Mujica, no va a dejar que los sindicatos le digan qué hacer. Él tiene una personalidad fuerte, construida en base a su don de mando, por algo ha sido presidente de todo lo que se ha propuesto, del club del barrio, de la Intendencia, del Frente Amplio y del Uruguay en dos oportunidades. Él pone las reglas y ahora lo hará saber.
Pero el problema pasa por saber ¿quién paga con todo este desbarajuste? Los niños y adolescentes que más necesitan estudiar, son los más afectados por esta pulseada entre el gobierno actual y los sindicatos de la enseñanza, que lejos de estar enfrentados por cómo brindar mejor calidad en las aulas, con una educación de vanguardia, aggiornada al mundo, una educación que realmente los incluya, preparándolos para enfrentar a un mundo que excluye siempre a los mismos, a jóvenes de hogares de clase media, media baja y sobre todo de clase baja, con la finalidad de que puedan revertir esto y encuentren a través de la educación un factor de igualación que les de la oportunidad de tener una movilidad social ascendente, no, nada de eso, presenciamos un enfrentamiento que paraliza al sistema por el que pagan los más débiles, que son los estudiantes, y todo por un tema salarial, en definitiva por plata.
Este tipo de situaciones, que por estos momentos pululan en el Uruguay debido a que los sindicatos tienen plenas libertades de llevar adelante todo tipo de medidas, con la finalidad de ejercer presión para poder conseguir resultados favorables a sus reclamos, cuando no generan diálogos y acuerdos en que todas las partes deben mejorar, para poder estar en un sitial de privilegio, solamente resquebrajan a la sociedad y profundizan la fragmentación social a la que venimos asistiendo desde hace tiempo, donde hay un puñado de gente que tiene acceso al mundo, y otro que trabaja para pagar algunas cuentas y poder tener algo en la heladera, pero ni cerca de tenerla llena y mucho menos todos los días.
Entonces hay gente que accede cada vez más a las cosas que ofrece el mundo para tener cierto nivel de vida y una mayoría que se pierde en el reclamo porque no prospera, y a la que le damos las cosas de mala calidad, entre ellas una mala educación para que se eduque lo suficiente como para ser empleado del otro que sí estudió y que sí tuvo la posibilidad de acceder a las cosas que ofrece el mundo y así sigue la cadena.
La educación es el único factor de igualación social, sino bregamos porque la discusión trascienda el tema salarial y que quienes están encargados de impartirla, se preocupen por mejorar la calidad de su trabajo, las cosas van a empeorar y entonces si el gobierno en serio quiere mejorar la educación, deberá sentarse a la mesa, bajar el tono, sacarse el don de mando por un rato y tratar de calmar los ánimos, para encontrar consensos que permitan que al final de ese diálogo, los que salgan ganando sean los que hoy están perdiendo por todo este conflicto. Y éstos no son otros que los niños y adolescentes que precisan ser educados para no tener que estar mañana reclamando por un salario que supere al menos por un poquito, al que ya reciben. Que no les trasladen a ellos sus frustraciones del presente y que entre todos hagan algo para que la educación en Uruguay, vuelva a ser un motivo de orgullo.

HUGO LEMOS 







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