Que no nos metan miedo

La escalada de violencia a la que venimos asistiendo tiene un problema mucho mas profundo que el hecho de que haya delincuentes sueltos, que hayan robado armas en algunas cosas tal como fue denunciando hace un tiempo, por ejemplo, en una casa de la zona de Nueva Hespérides, y que anden encañonando gente por ahí, quizás con esas o con otras armas, para generar una ola de miedo ante una población cada vez más vulnerable y permeable a sentir cualquier sensación de inseguridad, sobre todo desde que la llegada del tevécable, que hipnotiza a todos a decir lo que allí se ve, algo que terminaron de completar las redes sociales. inseguridad
No quiero decir con esto que no haya inseguridad, de hecho quien esto escribe ha sido víctima de la delincuencia al menos en tres oportunidades y más no pasó porque me paré firme y hasta ahora no me agarraron, pero no les tengo miedo ni mucho menos pienso que me va a pasar algo en cada esquina porque no salgo de casa.
Pero el jueves de noche hubo un espectáculo en la mismísima vereda de mi casa. Más bien en la calle, donde dos grupetes de personas, muchachones mal vestidos y con ganas de armar lío, se pararon frente a frente a lo largo de una cuadra y dirimieron sus diferencias a pedrada limpia, con las consabidas heridas para algunos de ellos, que además generó momentos de mucha tensión a lo largo y ancho del lugar, debido a que nadie sabía en qué podía terminar ese dislate.
Lo cierto es que todos estábamos expectantes de que una piedra volara sobre nuestras cabezas y algún vidrio de la casa se rompiera, pero al final, un avance arrollador de uno de los grupos con palos además de piedras hizo retroceder a sus enemigos y estos huyeron, heridos algunos de ellos y con la sangre bañando sus extremidades tomando por una concurrida avenida hacia el lado de la Terminal de Ómnibus.
Casi de inmediato que alguien avisó llegó la Policía pero no logró divisarlos, aunque marcó presencia ayudando a que los mismos se dispersaran y no quisieran saber de nada de seguir andando por la zona y arremetiendo contra todo.
Ese solamente fue un caso pero que pinta de cuerpo entero la situación por la que estamos atravesando, de violencia intrínseca en todas las personas, al punto que los fines de semana es cuando más se registran denuncias por casos de violencia doméstica y aunque creo que este dato ya lo mencioné en mi columna anterior, es bueno refrescar la memoria para saber en qué clase de sociedad estamos viviendo. No podemos estar ajenos a lo que pasa en el barrio si queremos entender porqué sucede el resto de las cosas en la ciudad y en el país. No debemos estar ausentes de la situación por la que estamos atravesando y mucho menos dejar de preguntarnos en cuánto contribuimos nosotros a que este tipo de cosas sucedan.
No somos culpables de que un par de jóvenes, con dos brazos y dos piernas funcionando, salgan a delinquir en vez de utilizar esa ventaja biológica para conseguir trabajo, porque se trata de una cuestión de valores y si esa clase de sujetos no tiene dignidad, decoro, honradez y respeto, ni por ellos ni por nadie, olvídese que van a hacer otra cosa que robar. ¿Por qué? Porque es lo mejor que saben hacer.
Muchos le echan la culpa de esto al sistema y tildan al capitalismo y la sociedad de consumo que ello genera como es la que vivimos en Uruguay, con un gobierno cuasi social demócrata, pero muy liberal en la economía, y yo creo que están equivocados. Porque ese sistema puede ser el responsable de que haya por ejemplo, endeudamiento interno. Eso sí puede ser factible, porque induce a las personas a comprar de manera compulsiva y para ello la gente se mune de las armas que puede, que préstamos bancarios, que financieras, que adelantos de sueldo y bueno, esa calesita más temprano que tarde pasa facturas, entonces de que el sistema induce a la gente a gastar más de lo que tiene y después viene todo lo demás, sí, estamos de acuerdo.
Aunque tampoco nadie que se haga llamar de izquierdas o de derecha, se queja de esto y quiere que cambien el sistema, no, no. porque como dijera el propio José Mujica “ese es el modo de ser del uruguayo, tienen aspiración de clase media pero en realidad son pobres, y si uno les quiere cambiar las reglas de juego, ellos le ponen el grito en el cielo”.
Pero que el sistema capitalista per se, sea el culpable de que haya delincuencia en la sociedad, no lo creo, sino que la misma existe por una desviación en la mente de las personas que se vuelven delincuentes, que deciden por motus proprio no ceñirse a la ley y a las reglas de juego que tenemos previstas como sociedad para obtener una convivencia pacífica y una comunidad de paz, respeto y tolerancia, claves para la diversidad y heterogeneidad de sus integrantes.
Sin embargo, hay quienes dicen que si se da más trabajo, si hay menos gente con hambre y si hay más educación eso ayuda a disminuir los focos delictivos. Bueno, sí, pero al largo plazo y con una política sostenida, donde no decaigan los esfuerzos que se hacen durante un período por el simple hecho de que hay un cambio de gobierno, algo muy nuestro en toda América Latina, pero principalmente en Uruguay, donde cada vez que cambia el color de pelo del que dirige la batuta, parece que los logros que hubo antes se desintegran así como nada y aparecen las mismas fórmulas pero con distintos nombres.
Entonces la delincuencia debe atacarse ahora con una rigidez que el nuevo Código del Proceso Penal no prevé y esto ata las manos de las autoridades públicas, que ya no tienen tanta discrecionalidad para actuar como hasta hace un mes atrás. Y si antes era complicado llevar preso a alguien que presuntamente había cometido un delito, imagínense ahora. Pero esto no es porque el gobierno está del lado de la delincuencia y la oposición sean unos fachos que lo hagan relucir, no se coman un verso tan trillado como fácil, es por la inoperancia del poder político que mete en bretes a la Policía, a los jueces y a los fiscales, y les dicen ‘bueno, vayan, atrapen al ladrón, pero in fraganti delito eh, sino, no’. Algo que contribuye también a que estemos bastante más regalados. El tema es que la sociedad toda debe colaborar con el combate a la delincuencia, no solo denunciando y tratando de perseguir al que me roba, mucho menos armándose como ya hay casos alarmantes donde la gente está preparada para cualquier cosa para defenderse, sino que debe sentir que lo que pasa mal, nos pasa a todos y que no podemos dejar que un puñado de idiotas, que juegan a hacer lo que ven en la televisión, nos impongan miedo y nos quiten la libertad que tanto conquistamos en todos estos años de vida institucional, como seres libres e independientes. Y si fuimos capaces de lograr eso, no no dejemos ganar por estos giles con armas. Unámonos y ayudemos a las autoridades, para volver el lugar donde dormíamos con la puerta cerrada, pero sin rejas.  HUGO LEMOS







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