Quiero educar yo a mi hijo

Educar es algo serio y más si se trata de la educación de nuestros hijos. No podemos dejar esto al azar porque ellos son el pilar de nuestra familia y el futuro cercano de la composición de nuestra sociedad. Por eso cada cosa que ellos aprendan, desde escribir, expresarse y elegir sus preferencias por determinadas cosas, las mismas deben ser permitidas con total libertad pero con el acompañamiento debido, para que los mismos encuentren el respaldo adecuado que les permita saber lo que están optando y casi al mismo momento, porqué están tomando esa preferencia.
Esta libertad y acompañamiento de parte de los principales referentes del pequeño, en este caso de los padres, si es que ambos están presentes, lo que no implica que estén juntos pero sí al lado del niño, debe ser vista como una manera de brindar apoyo a las decisiones que los más jóvenes toman, pero siempre sin confusiones y mucho menos con imposiciones. Porque de hacerlo, lo que estaremos generando es que seguramente ese niño que debe optar por algo que es importante en su vida, se pueda sentir presionado y por lo tanto, podría llegar a equivocarse.

Por eso, la familia es la base, la piedra angular y el sustento de los más chicos y los referentes son los que deben ayudarlos a que entiendan cómo es la composición de la misma, para después saber cómo funciona la sociedad de la que forman parte.
Eso se llama socialización primaria, donde el niño absorbe la cultura familiar y los valores que la misma le impregna desde que este nace, hasta sus primeros años de escuela, donde empieza a tomar contacto ya con otras realidades e incorpora otro aprendizaje, el de las aulas, con las ciencias y las letras a cuestas.
Allí empieza el proceso de socialización secundaria, donde también el niño adquiere valores que erigen de alguna manera los principios rectores de su propia vida. Entonces en el trato con sus compañeros de clase y en la relación que genere con sus maestros, es que compondrá su formación y su manera de ver el mundo, la que irá sintiendo de la forma en que la misma le llegue y con ello forjará sus ideas y su forma de querer vivir la vida que le ha tocado en suerte.

Pero en este caso, hay un componente muy importante y es la educación sexual, tema harto debatido sobre quién o quiénes deben ser las personas que se encarguen de educar al niño en esos casos.
Entiendo que la educación sexual, debe ser impartida en primera instancia por los padres de los niños sin tabúes de ningún tipo, teniendo en cuenta claro está, la edad del pequeño para saber cómo encarar ese aleccionamiento. Porque no es lo mismo explicarle a un niño de 10 años cómo se procrea y cuál es el fin de ese acto, que a un pequeño de 6 años que recién está descubriendo su cuerpo.
Que habrá que enseñarle educación sexual para que ese niño esté más preparado a descubrir sus propias sensaciones que se le irán despertando sobre todo en la pubertad, está claro que sí, pero que haya un manual que sea dictado en la escuela donde se le diga al niño cómo es la cosa y qué puede o no estar permitido, además de las distintas orientaciones sexuales y de cómo se practica el sexo que no siempre es copulación ni interés en el proceso biológico de mantener la continuidad de la especie, por más arcaico que parezca, me parece un exceso.
Creo que es válido que haya corrientes antagónicas a lo que yo pueda pensar de la diversidad sexual, que haya distintas miradas y diferentes abordajes. Y cuando esos colectivos sociales, en tanto seres humanos y personas con los mismos derechos y obligaciones que yo, quieren manifestarse, estoy de acuerdo con que lo hagan teniendo todo el derecho y legitimidad de hacer saber su forma de pensar.
Pero no estoy de acuerdo con que se impongan los nuevos modelos de parejas y de orientación sexual a los niños en las escuelas, porque la institución pública escuela, debe contemplar también el derecho de quienes piensan diferente y no quieren ni aprueban esas prácticas de vida.
Por ende, no se puede imponer en una institución pública una guía de determinado tipo de educación que vaya a contrapelo de lo que piensa una porción importante de la sociedad, porque eso sería menoscabar el derecho de quienes sienten que con esto se está imponiendo un mundo de confusión al niño, sobre todo a los hijos que uno entiende que le quiere transmitir determinados valores sociales y morales, que se enfrentan a lo que ese planteo educativo pretende mostrar.
Nadie le niega el derecho a que las personas de distinta orientación sexual existan, sean reconocidas como personas y adquieran los mismos derechos y obligaciones que el resto; y eso implica que tengan derecho a ser y sentir por sí mismos, pero que respeten el derecho de aquellos que queremos sentir y pensar diferente a ellos. Y también a hacerlo con nuestros hijos, educándolos a nuestro modo, no a decirles qué pensar y cómo sentir, porque por más que lo hagamos, ellos seguirán sintiendo y creyendo por ellos mismos, pero sí queremos que no se nos imponga una guía oficial que les diga cómo querer a otra persona y qué sentir en función de lo que diga ese librito, porque lo único que estaremos haciendo es contribuir a la confusión y a la media verdad, generando seres que vivan en un estado de desconocimiento y duda permanente.
Porque lejos de querer hacer que cada uno se exprese cómo es y cómo se siente, adentro del aula, algo que incluso ya sucede, estarán forzando a que haya quienes deban aceptar cosas que de por sí no le van a gustar, porque no todos quieren lo mismo y no es buena cosa que una institución pública imponga nada, porque estará violando la laicidad y estará imponiéndole al otro determinada ideología, cosa que genera más divisionismo, y por ende ira, violencia y enfrentamientos.
Por eso rechazo la presencia una guía de educación sexual en escuelas y liceos, pero eso abogo por la libertad y la capacidad de compromiso que deben forjar los padres para que los niños aprendan en casa las claves de la humanidad, como lo es la procreación, algo que solo se da entre un hombre y una mujer, con el fin de preservar la continuidad de la especie.
Pero también, estoy lejos de rechazar a los homosexuales, quiero que los mismos hayan elegido esa orientación sexual desde su libertad, sin que se haya entrometido el Estado y mucho menos sin que les hayan mostrado en una guía que algo está bien, cuando en su propia casa piensan lo contrario, algo que está bien pero que no debe operar como confusión en nadie.
Por eso rechazo la presencia de una guía de educación sexual en las escuelas, porque creo que contribuirá a la desigualdad de los niños, dividiéndolos en buenos y malos, o peor aún, entre lo que es correcto y lo que no.

HUGO LEMOSeducacionsexual










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