Rompiendo algunos mitos sobre innovación

Junto a la gestión y el emprendedurismo, la innovación es uno de los focos principales sobre los cuales han versado los artículos desde el año 2015. No obstante, dentro de los tres mencionados, el de la innovación es el que tiene alrededor de sí, de manera comparativa, más «mitos» que han llevado a que no necesariamente todo emprendedor o empresario, la aplique de forma práctica en su día a día, y con un método. businessman-2606506_960_720
El cambio de época, la incertidumbre y la alta competitividad de los mercados actuales obliga a que las empresas se renueven de forma constante, se adapten a los cambios y por lo tanto, deban innovar. El motivo pareciera estar en que las compañías con mejores resultados son aquellas que mejor se adaptan a las circunstancias que enfrentan; si el entorno cambia, de nada servirá seguir haciendo las cosas igual a menos que queramos quedar obsoletos dentro de un par de años o meses.
La innovación no es un fin en sí mismo, es un medio para mejorar las empresas y sus negocios, y de esa forma agregar valor a todos los grupos de interés, no solamente clientes, sino también proveedores, empleados y la sociedad. Dicho valor se crea al eliminar una limitación significativa para el cliente, de una manera que antes no era posible, y en la medida que ningún competidor significativo pueda cumplir.
Si lo mencionado en el párrafo anterior fuera cierto, algo es claro; empresario que no esté gestionando de forma eficiente las innovaciones que realiza, y eso significa hacerlo con un método, estará cometiendo errores evitables y con ello, malgastando recursos.
El 18 de junio de 2019, en un artículo titulado Haciendo una radiografía a una innovación decíamos:
Pareciera que la vorágine del día a día del empresario es la mejor justificación para no innovar. Aunque se tenga una alta sensibilización sobre la importancia de innovar, lo «urgente e importante» pesa más en la balanza de las decisiones que se materializan. Al fin y al cabo, que las áreas funcionales del emprendimiento operen como un reloj es clave: «sino tenemos rentabilidad», difícilmente sea posible proyectar algo en el futuro. ansoff
A veces, sin ninguna malta intencionalidad nos encontramos apagando incendios que ocasionan que no se pueda innovar aunque se crea en que es una herramienta para mejorar.
Mito 1: la innovación es posterior a una buena gestión
De lo anterior, pareciera que surge a la vista un primer mito, provocador por cierto, en el que pareciera que la innovación no es una prioridad, ni mucho menos algo importante cuando hacen falta «otras cosas». No porque no se crea en su valor, sino porque «primero es clave tener una buena gestión», un primer contrapiso: la innovación, erróneamente, se la visualiza como una cuestión en la que hace falta «tener tiempo» para dedicarle y es para resultados de largo plazo.
Si no podemos organizarnos para innovar, entonces de manera lenta terminaremos trabajando con mucha eficiencia en planes de acción que nos llevarán al descenso, metafóricamente hablando dentro del mercado. Si «tan importante» es mejorar las ventas como así también reducir costos, al tomar distancia de la rutina, podremos apreciar que la competencia tanto directa como indirecta «se mueven», los hábitos de consumo se modifican y ello lleva a que no necesariamente una posición de liderazgo de una empresa, se mantenga en el tiempo de forma indefinida.
Cuando se habla de cambio dentro de una empresa, el concepto suele remitir a dos cuestiones básicas: innovación y mejora de la gestión; calidad. La innovación no es posterior a una buena gestión, ni blanco ni negro, sino que hacen a un todo en el que tanto gestión como innovación operan de forma complementaria.
Una analogía ejemplificadora: límites, prospectivas
Una interesante analogía, vinculada al concepto de límites dentro de las matemáticas o de una sencilla prospectiva nos arrojará mejores pistas sobre el mito en cuestión.
Si un emprendimiento apuesta de manera única a la innovación y no invierte en mejorar su gestión, difícilmente se pueda sostener en el tiempo, al fin y al cabo, la calidad termina operando como un mecanismo para mejorar tanto la eficacia como eficiencia de cualquier dinámica empresarial.
De manera complementaria, una empresa que no apuesta a la innovación, al Entrepreneurship, difícilmente tenga la capacidad suficiente de adoptarse a los cambios que surgen tanto a lo interno como en el entorno, en su medio ambiente mediato e inmediato.
Mito 2: la innovación es para emprendedores, no para empresas en marcha. Mucho se habla sobre la relación entre emprendedurismo e innovación, más aún cuando programas de apoyo, fundamentalmente dentro de convocatorias por capital semilla, incentivan a que se postulen emprendimientos dinámicos que tienen un valor diferencial.
Si bien lo anterior trae consigo la ventaja de apoyar proyectos empresariales con una menor probabilidad de fracasar, justamente por ser innovadoras y posicionarse de manera más sencilla en un mercado, también es cierto que dicha cuestión ha llevado a que exista una «sobre-exposición» de la innovación como algo simbiótico al emprendedurismo, omitiendo algunas veces que la innovación también la pueden aplicar empresas.
Dicho mito, también termina llevando a que surja otro de manera relacionada; la creencia que los programas de apoyo son solamente para emprendedores; también existen incentivos, tanto en forma de subsidios, financiamientos a baja tasa de interés o exoneraciones fiscales, para invertir en innovación.
Mito 3: la innovación es desarrollar nuevos productos
En la misma línea, la posible confusión de que innovación es para emprendedores, conlleva como una cara de la misma moneda a terminar creyendo, otro mito, a que la innovación sea para desarrollar nuevos productos y no otra cosa.
Algo es cierto, la innovación es una palanca para mejorar la productividad y competitividad de las organizaciones, contribuir al crecimiento empresarial, sean cuales fueran sus características: públicas, privadas, organizaciones no gubernamentales, micro-emprendimientos, pequeñas y medianas empresas o grandes corporaciones, etc.
Vinculado al crecimiento, Igor Ansoff plantea en su Matriz, el desarrollo de nuevos productos como una posible estrategia, no obstante, quizás el empresario lo que más esté priorizando sea mejorar su relación de egresos e ingresos, y con ello, una modificación dentro de sus operaciones, sus procesos, sea de más utilidad que una innovación dentro de un producto:
La matriz de Ansoff, también conocida como Matriz Producto/Mercado o Vector de Crecimiento, creada por Igor Ansoff en 1957 sirve para identificar oportunidades de crecimiento en las unidades de negocio de una organización. En otras palabras, expresa las posibles combinaciones producto/mercado (o unidades de negocio) en que la empresa puede basar su desarrollo futuro.
Mito 4: la innovación no es para mí, es solamente para lo relacionado a lo tecnológico
Contraproducentes son los ejemplos dados por docentes, capacitadores o consultores que intentan sensibilizar sobre la importancia de innovar y ejemplifican con historias nada cercanas como la de Steve Jobs, Bill Gates o Jeff Bezos, co-fundadores de los gigantes tecnológicos Microsoft, Apple y Amazon respectivamente.
La innovación es más posible de implementar de lo que pudiera parecer, no por su complejidad en sí misma sino por la aplicabilidad que tiene en cualquier cosa que hacemos, innovar al final de cuentas es: crear cosas nuevas con valor.
De esa forma, innovación no necesariamente es dar un «gran salto», mucho menos que implique de forma obligatoria agregar tecnología, ni dar tirar la empresa por la ventana de la noche a la mañana, una innovación bien entendida podría terminar siendo una mejora, pequeña pero sostenible, que permita dar una solución, nueva y con valor, a viejos problemas que tenga el empresario, tanto en relación a su propuesta de valor, sus procesos y actividades clave que realiza para ofrecerla, o bien, dentro de sus canales de comercialización.
Si la innovación no fuera lo suficientemente bien gestionada, cualquier buena intención, con el paso del tiempo terminará siendo apenas una intencionalidad o peor aún, un proceso en el que se invirtieron recursos económicos, se generaron expectativas y todo terminó en el papel o en cualquier cosa, menos en una mejora.
La historia se repite: faltan equipos dispuestos
Ideas como así, oportunidades de mejora sobran; ese no fue, es ni será el problema. El gran tema en el que convergen las conversaciones sobre innovación, recaen en torno a quién pondrá en marcha dichas mejoras.
Desde contar con una dirección bien sensibilizada sobre la importancia de innovar, una estructura de recursos humanos que manejen un lenguaje común sobre innovación hasta la existencia de mecanismos de apoyo para co-financiar algunas de las inversiones y cambios, en la medida de que fuera necesario y también posible.
No hay innovación sin personas detrás que puedan planificar, organizar, dirigir y controlar dichos procesos, que van desde la identificación de las limitaciones del negocio, su ideación hasta su puesta en funcionamiento y control.
A modo de conclusión
La innovación es ante todo, un medio para mejorar el desempeño de los negocios, sean de reciente creación o en funcionamiento dentro del mercado desde hace años. El no apostar a la innovación, a la mejora de la gestión, sea gradual o de manera disruptiva, llevará a que los negocios puedan no solamente sobrevivir, sino crecer y también desarrollarse.
Las brechas actuales, los frenos que imposibilitan el ver la innovación como lo que realmente es, están dados fundamentalmente debido a la existencia de una serie de mitos, algunos como los que mencionamos en el artículo que de trabajarse una fuerte sensibilización, ahora no tanto en emprendedores sino más en empresas en marcha, traerá más tarde o más temprano un escenario lleno de desafíos sobre los cuáles los empresarios pueden y deben enfocarse.
Lic. Nicolás Remedi Rumi