La buena cocina no tiene secretos… se trata de ponerle ganas”

adie imaginó que aquel risueño chico de Colonia Itapebí (a 53 km por la ruta 31) se iba a perfilar como un destacado estudiante de Gastronomía de UTU y posteriormente en el Instituto IGA.
Miguel Andrés Sena Perdomo (20), cuenta con los genes que lo impulsaron a ser un artista en el mundo culinario, seguramente los heredó de su madre Helena Perdomo – virtuosa cocinera –  que le enseñó los primeros secretos que guarda la buena cocina.
Este joven que se autodefine como “hiperactivo y pujante” entiende que para aprender y ser bueno en la profesión no hay que dejar nunca de formarse.
“La cabeza nunca se llena… mi idea es no quedarme aquí, sino seguir estudiando en el sur y luego tal vez… en el exterior”.
LA VIRTUD DE LA COCINA
“Me fui muy pequeño a Colonia Itapebí, pues en ese momentos mis padres trabajaban en la estancia de Omar Castro, en la estancia Don Pepe.
Al cabo de dos años nos trasladamos a otra estancia de ellos.
Después me fui a Valentín a vivir con mi abuela, cuando mis padres comenzaron a trabajar con Martinicorena en Pueblo Lavalleja.
Mi padre siempre se desempeñó como capataz de la estancia y mamá cocinera” – rememoró.
Culminó sus estudios del Liceo en Pueblo Valentín, viajando todos los días; cuando ello sucedió la directora de la institución lo llamó para sugerirle que se postulara a las becas de Rotary, para continuar con su formación terciaria en la capital del departamento y casi enseguida lo llamaron
- ¿Siempre puso esmero en los estudios?
- “No siempre (esboza una sonrisa sincera). No sé que me pasó… de 5to. a 6to. año di un giro impresionante.
Anterior a esa etapa, iba siempre al liceo… nunca faltaba, pero era muy inquieto y a veces me llevaba algún examen por esa causa.
No prestaba atención pero tenía facilidad para captar los razonamientos.
Mi carácter hiperactivo me jugaba un tanto en contra.
Ya en 4to. cambié mi postura… mis notas mejoraron, también mis actitudes.
Hace tres años ya que está estudiando en la ciudad y es acreedor de las becas de Rotary.
Obtuvo su titulo de Cocinero Profesional en UTU y se está instruyendo en la misma institución en un curso de Cocina Molecular y al Vacío.
Paralelamente cursa 1ro. de Cocina en el IGA (Instituto de Gastronomía) y el año que viene seguirá con Cocina Internacional.
“CUANDO HABÍA QUE
HACER EL PAN CASERO
EN LA ESTANCIA ALLÍ
ESTABA YO”
- ¿Cómo fue descubriendo sus habilidades en la gastronomía?
- “Fue algo que me atrajo desde niño.
Siempre la ayudaba a mi madre en una cosa u otra y ella ponía todas las fuerzas en enseñarme”.
- ¿Cuáles fueron las primeras pautas culinarias que asimiló?
“La primera fue aprender a pelar papas… tendría en ese entonces unos 6 años.
También la ayudaba a pelar la verdura. Cuando había que hacer el pan casero en la estancia, allí estaba yo para ayudarla a hacer formitas de animales”.
- ¿En qué momento logró la autonomía?
- “A los 10 años empecé a cocinar por cuenta propia. Compraba las revistas de Utilísima o miraba programas televisivos.
Curiosamente, mi aspiración era estudiar Magisterio.
Cuando entré en el liceo se me clarificaron las ideas y me incliné por los idiomas y la cocina.
Por eso también estudio inglés, domino el portugués y me va muy bien con el francés.
No quiero quedarme aquí, sino adquirir mayor experiencia en el sur y por qué no, en el exterior.
Cuanto más pueda estudiar mejor, pues la cabeza nunca se nos llena”.
Y una de las cosas más valiosas de resaltar es que este joven estudia y trabaja.
Laboralmente se desempeña como mozo en un conocido restaurante de nuestra ciudad.
“LA COCINA NO TIENE
SECRETOS… HAY QUE
PONERLE GANAS”
- ¿Ha incursionado ya en la creación?
- “Estudiando en UTU inventé una salsa muy simple para acompañar una pasta o pescado.
Lleva crema doble, champignon, perejil, tomillo, sal y pimienta”.
- ¿Cuáles son a su ver los secretos de la buena gastronomía?
- “Creo que no tiene muchos secretos, estoy convencido que hay que ponerle ganas y seguramente los resultados van a ser muy buenos”.
- ¿Esa premisa la aplica para otras circunstancias de su vida?
- “A todo lo que aspiro le pongo fuerzas. Si un día me siento cansado, me auto convenzo que puedo seguir adelante.
Es la manera de ser alguien en la vida y de poder lograr reconocimientos”.
Para ser un buen cocinero, Miguel entiende que es menester saber todo acerca de la cocina, la atención y los gustos del comensal.
Le gusta todo lo que lo lleve a establecer una comunicación y el trato con el público y ha aprendido a conocer el perfil de cada uno.
“Cada cliente debe ser tratado de acuerdo a su perfil y de a poco se los va conociendo.
Hay clientes que necesitan un trato más informal y a otros se les va ganando de a poco la confianza. “Hay que tratarlos siempre bien, con buena disposición… entonces éste va teniendo aprecio por el mozo y cuando no está, pregunta por él”.
Su envidiable energía le permite cumplir con todas sus actividades con efectividad y aún le sobra tiempo para dedicarse al esparcimiento.
“No vivo encima de los libros… también disfruto con mis amigos y salgo algunos fines de semana” – afirmó.
Algo que lo puede llegar a enojar o desagradar es la altivez, la envidia y la falsedad… “en esos casos me retiro…  apuesto a lo sencillo” – confiesa.
Asegura que conocer como funcionan los alimentos, su valor calórico y nutritivo le enseñó a llevar una dieta balanceada, pues no quiere convertirse en un cocinero excedido en kilos.
- ¿Cree que el salteño es de buen diente?
- “Definitivamente no. No sale de lo tradicional, de lo básico… no se arriesga a otros sabores. Es muy difícil cambiar su paladar”.
- ¿El ser joven tiene sus ventajas?
- ¡Ni hablar!… puedo hacer muchas cosas… seguir aprendiendo… es un pretexto decir que no podemos o no disponemos de tiempo”. María Fernanda Ferreira.
Nadie imaginó que aquel risueño chico de Colonia Itapebí (a 53 km por la ruta 31) se iba a perfilar como un destacado estudiante de Gastronomía de UTU y posteriormente en el Instituto IGA. miguel sena (1)
Miguel Andrés Sena Perdomo (20), cuenta con los genes que lo impulsaron a ser un artista en el mundo culinario, seguramente los heredó de su madre Helena Perdomo – virtuosa cocinera –  que le enseñó los primeros secretos que guarda la buena cocina.
Este joven que se autodefine como “hiperactivo y pujante” entiende que para aprender y ser bueno en la profesión no hay que dejar nunca de formarse.
“La cabeza nunca se llena… mi idea es no quedarme aquí, sino seguir estudiando en el sur y luego tal vez… en el exterior”.
LA VIRTUD DE LA COCINA
“Me fui muy pequeño a Colonia Itapebí, pues en ese momentos mis padres trabajaban en la estancia de Omar Castro, en la estancia Don Pepe.
Al cabo de dos años nos trasladamos a otra estancia de ellos.
Después me fui a Valentín a vivir con mi abuela, cuando mis padres comenzaron a trabajar con Martinicorena en Pueblo Lavalleja.
Mi padre siempre se desempeñó como capataz de la estancia y mamá cocinera” – rememoró.
Culminó sus estudios del Liceo en Pueblo Valentín, viajando todos los días; cuando ello sucedió la directora de la institución lo llamó para sugerirle que se postulara a las becas de Rotary, para continuar con su formación terciaria en la capital del departamento y casi enseguida lo llamaron
- ¿Siempre puso esmero en los estudios?
- “No siempre (esboza una sonrisa sincera). No sé que me pasó… de 5to. a 6to. año di un giro impresionante.
Anterior a esa etapa, iba siempre al liceo… nunca faltaba, pero era muy inquieto y a veces me llevaba algún examen por esa causa.
No prestaba atención pero tenía facilidad para captar los razonamientos.
Mi carácter hiperactivo me jugaba un tanto en contra.
Ya en 4to. cambié mi postura… mis notas mejoraron, también mis actitudes.
Hace tres años ya que está estudiando en la ciudad y es acreedor de las becas de Rotary.
Obtuvo su titulo de Cocinero Profesional en UTU y se está instruyendo en la misma institución en un curso de Cocina Molecular y al Vacío.
Paralelamente cursa 1ro. de Cocina en el IGA (Instituto de Gastronomía) y el año que viene seguirá con Cocina Internacional.
“CUANDO HABÍA QUE
HACER EL PAN CASERO
EN LA ESTANCIA ALLÍ
ESTABA YO”
- ¿Cómo fue descubriendo sus habilidades en la gastronomía?
- “Fue algo que me atrajo desde niño.
Siempre la ayudaba a mi madre en una cosa u otra y ella ponía todas las fuerzas en enseñarme”.
- ¿Cuáles fueron las primeras pautas culinarias que asimiló?
“La primera fue aprender a pelar papas… tendría en ese entonces unos 6 años.
También la ayudaba a pelar la verdura. Cuando había que hacer el pan casero en la estancia, allí estaba yo para ayudarla a hacer formitas de animales”.
- ¿En qué momento logró la autonomía?
- “A los 10 años empecé a cocinar por cuenta propia. Compraba las revistas de Utilísima o miraba programas televisivos.
Curiosamente, mi aspiración era estudiar Magisterio.
Cuando entré en el liceo se me clarificaron las ideas y me incliné por los idiomas y la cocina.
Por eso también estudio inglés, domino el portugués y me va muy bien con el francés.
No quiero quedarme aquí, sino adquirir mayor experiencia en el sur y por qué no, en el exterior.
Cuanto más pueda estudiar mejor, pues la cabeza nunca se nos llena”.
Y una de las cosas más valiosas de resaltar es que este joven estudia y trabaja.
Laboralmente se desempeña como mozo en un conocido restaurante de nuestra ciudad.
“LA COCINA NO TIENE
SECRETOS… HAY QUE
PONERLE GANAS”
- ¿Ha incursionado ya en la creación?
- “Estudiando en UTU inventé una salsa muy simple para acompañar una pasta o pescado.
Lleva crema doble, champignon, perejil, tomillo, sal y pimienta”.
- ¿Cuáles son a su ver los secretos de la buena gastronomía?
- “Creo que no tiene muchos secretos, estoy convencido que hay que ponerle ganas y seguramente los resultados van a ser muy buenos”.
- ¿Esa premisa la aplica para otras circunstancias de su vida?
- “A todo lo que aspiro le pongo fuerzas. Si un día me siento cansado, me auto convenzo que puedo seguir adelante.
Es la manera de ser alguien en la vida y de poder lograr reconocimientos”.
Para ser un buen cocinero, Miguel entiende que es menester saber todo acerca de la cocina, la atención y los gustos del comensal.
Le gusta todo lo que lo lleve a establecer una comunicación y el trato con el público y ha aprendido a conocer el perfil de cada uno.
“Cada cliente debe ser tratado de acuerdo a su perfil y de a poco se los va conociendo.
Hay clientes que necesitan un trato más informal y a otros se les va ganando de a poco la confianza. “Hay que tratarlos siempre bien, con buena disposición… entonces éste va teniendo aprecio por el mozo y cuando no está, pregunta por él”.
Su envidiable energía le permite cumplir con todas sus actividades con efectividad y aún le sobra tiempo para dedicarse al esparcimiento.
“No vivo encima de los libros… también disfruto con mis amigos y salgo algunos fines de semana” – afirmó.
Algo que lo puede llegar a enojar o desagradar es la altivez, la envidia y la falsedad… “en esos casos me retiro…  apuesto a lo sencillo” – confiesa.
Asegura que conocer como funcionan los alimentos, su valor calórico y nutritivo le enseñó a llevar una dieta balanceada, pues no quiere convertirse en un cocinero excedido en kilos.
- ¿Cree que el salteño es de buen diente?
- “Definitivamente no. No sale de lo tradicional, de lo básico… no se arriesga a otros sabores. Es muy difícil cambiar su paladar”.
- ¿El ser joven tiene sus ventajas?
- ¡Ni hablar!… puedo hacer muchas cosas… seguir aprendiendo… es un pretexto decir que no podemos o no disponemos de tiempo”. María Fernanda Ferreira.