Saber qué queremos

Lo bueno de irse de vacaciones es que te despeja y te ayuda a ver las cosas de otra manera. Ese tiempo de ocio que nos deja el no tener que ir a trabajar, lo podemos utilizar en cosas totalmente aprovechables, tales como realizar actividades en lo que nos gusta y a lo que por cuestiones de tiempo no podemos dedicarnos, estar con nuestra familia y aprovechar para descubrir más cosas de ellos, que por lo general desconocemos por no estar juntos nunca. O para sentarnos a mirar con perspectiva nuestro presente, para saber si al volver, seguiremos haciendo lo mismo, cambiaremos la rutina, o lisa y llanamente cambiaremos el rumbo.
Hay mucha gente que toma el tiempo de vacaciones para irse de paseo sin pensar en nada y luego volver a lo mismo, quizás hasta con cierto enfado, pero enfrentando lo que consideran que es su realidad. Otros simplemente quieren disfrutar de los hijos, de los amigos, de la familia, de lo que sea y aprender de ello cosas positivas para la vida.
En mi caso, cuando salga de vacaciones una de las cosas que quiero hacer es mirar con tranquilidad y retrospectiva lo que he hecho hasta ahora. Porque el simple hecho de hacerlo es parte de esa búsqueda interna que todos debemos tener, para mirarnos al espejo, decirnos lo que pensamos acerca de lo que vemos de nuestra propia imagen y enfrentarnos con nosotros mismos para ayudarnos a tomar las decisiones que entendemos que son las más importantes para nuestra vida.
Esto tenemos que hacerlo, con la finalidad de saber quiénes somos y qué queremos hacer con nosotros en este presente y no en el futuro, porque decirlo solamente es una manera de postergar las cosas. Decir “qué futuro queremos”, es decir que no nos importa el presente y lo que somos hoy, sino que expresamos deseos todo el tiempo y no nos sentamos a charlar sobre lo que planeamos para hoy, mientras corren los minutos, y no para mañana que es cuando no sabemos dónde vamos a correr y en qué cancha.
Escribo estas cosas ahora porque veo cómo pasa el tiempo a mi lado, al ver crecer a mi hijo con la rapidez y brillantez que lo hace un niño de su edad, pero desde que su madre estaba embarazada y hasta ahora, el reloj me ha corrido bastante.
Ese tiempo que se ha magnificado tanto creo yo, es el mismo de siempre en realidad, lo que aumentaron han sido las actividades que tenemos o que nos autoimponemos en nuestra cotidianeidad, lo que genera estrés por un lado y hace que los días se nos pasen volando por el otro. Por eso me pregunto ¿qué estamos dispuestos a hacer para aprovechar más el tiempo con las cosas que queremos para nosotros mismos?
Bueno, seguramente lo primero que pensamos es en no esperar más para hacer las cosas que tanto anhelamos. Y eso nos alimenta el alma, porque nos va a ayudar a pensar mejor de nosotros mismos.
El otro día, un amigo que había salido de vacaciones por primera vez con sus cuatro hijos y que como yo y tantos otros tiene una familia “ensamblada”, como le llaman, me contaba que lo mejor de sus vacaciones y de ese tiempo que pasó, fue estar con sus cuatro hijos, todos juntos.
Era la primera vez que le pasaba y había sido una experiencia para él tremendamente enriquecedora. Algo que le había ayudado a entender un poco más las cosas, a valorar el tiempo que había vivido y a lamentarse por haber estado ausente algunas veces y no sentir la voz de sus pequeños, pero en definitiva el haberse ido de vacaciones con los cuatro, y su actual mujer, que es la madre de su hija más pequeña, lo había ayudado a entender mejor las cosas.
Y a mi juicio, esa fueron vacaciones bien aprovechadas, no importa adónde fueron, qué hicieron, ni qué comieron, tampoco importan dónde fue que pasaron las noches y si se compraron algún souvenir, sino que aprendieron algo fundamental y que surgió del hecho de estar juntos, mejoraron las relaciones humanas que siendo nosotros individuos de esa especie, tanto nos cuesta muchas veces llevarnos bien con nuestros pares, y lo hizo volver a su lugar de trabajo con más ganas que nunca, con una sonrisa de oreja a oreja y con las ganas de volver a aprovechar el tiempo que la vida le dio de esa misma manera, rodeado por sus afectos.
¿Acaso importa cuánto dinero tengamos en la billetera si lo que queremos es hacer feliz a alguien? Ni por asomo, el dinero no es lo importante y si lo tenemos bienvenido sea para darnos los gustos, ponerle un toque de elegancia a las cosas o gozar de algunos bienes materiales. Para otras personas si no hay dinero, lo que refiere al charme y la elegancia deben ponerlos igual, deben estar presentes sin importar con quién estemos. Pero algo mucho más importante que todo esto, es saber y querer disfrutar del tiempo que tenemos, estar dispuestos a vibrar cada minuto con las cosas más simples y más sencillas que son las que desnudan nuestra humanidad y nos muestran de pies a cabeza quiénes somos y qué queremos.
Por eso hoy escribo de tomarnos un tiempo para reflexionar, que pueden ser los momentos de vacaciones, porque son ideales para ello, y estando en plena temporada previa al inicio de las clases, donde por momentos, entre nuestras obligaciones laborales y las tareas cotidianas de nuestros hijos llegamos a perder ese necesario contacto con ellos por varios días o varias horas al día, es que me parece que debemos hacer un parate y acercarnos a las personas que más queremos para poder sentir que no todo está perdido y que el tiempo perdido no siempre se recupera, aunque sí tenemos que hacer el intento de ser felices y no vivir de frustraciones.
Hoy la gente pasa mirando el vaso medio vacío, quejándose de las cosas que le faltan, cuando no ven quizás que tenemos muy buenas oportunidades que pasan delante de nuestros ojos y a veces las dejamos escapar, creyendo que esos lugares no son para nosotros. En vez de valorar el hecho de vivir en una tierra maravillosa, con una sociedad madura desde el punto de vista institucional, que respeta aspectos claves como la convivencia pacífica que nos ayuda a buscar puntos de entendimiento en los temas centrales.
Esos aspectos son positivos porque llegar a la meta que anhelamos está en cada uno, pero también para eso las condiciones tienen que estar dadas y la situación general del lugar en el que vivimos nos la ofrece.
Más allá de que estemos o no de acuerdo con la carga impositiva que tenemos y con todas las fallas del sistema, como los problemas de acceso a la salud, a la educación, los problemas con la seguridad, con el empleo, con la vivienda, etc. Buscar mejorar nuestras condiciones de vida está en nosotros mismos y tomarse unos días de descanso nos hace bien para pensar cómo lo logramos y volver por ello con más fuerza. Hasta entonces.

HUGO LEMOS







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